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Cuba, la tecnocracia beneficiaria

Cuba, la tecnocracia beneficiaria

octubre 06
19:59 2011

1-abc_cohibaEn el refranero popular cubano existe esta expresión: “La ocasión la pintan calva y hay que cogerla por los pelos”. Sin lugar a dudas así ocurrió con los cambios introducidos por la cúpula gubernamental durante los años noventa en Cuba, cuando todo parecía indicar que el castrismo se convertiría en la historia de un monstruo barbado y verde olivo, como cualquier leyenda de muy malos frente a muy buenos.

Las modificaciones de marras crearon una clase de personas en solapada apariencia seguidoras acérrimas del régimen, que han vendido y venden su incondicionalidad al mejor postor. En este caso, al derecho de situarse lo más cerca posible del dólar norteamericano u otras divisas convertibles. La cuestión es hacerse rico o al menos aspirar a serlo, porque en el fidelismo soñar no cuesta nada.

Entre ellos encontramos desde el gerente de una sofisticada cadena hotelera, un aduanero corrupto o un oficial con auténticas hazañas guerreras devenido novato empresario capitalista, hasta el maletero de un hotel en el emblemático balneario de Varadero. Todos poseen una dinámica mental demasiado parecida: hacerse lo más ricos que puedan mientras simulan apoyar un castrismo radical a ultranza.

La gran paradoja de este segmento poblacional es que, al laborar con los inversores capitalistas y recibir cursos de postgrado en marketing, libre mercado, selección de personal, eficiencia laboral y costos de oferta y demanda, sus mentalidades marxistas se reblandecen sin mayor esfuerzo, dejándose “penetrar ideológicamente”. Ello los convierte de pronto en una tecnocracia crítica a nivel social.

Así una verdad, al principio dura, resplandece para estos afortunados “hombres nuevos” típicos del socialismo cubano; un razonamiento que los hace ver la realidad con una crudeza espartana: el modo de producción capitalista es el único que produce riquezas, por tanto para lograr desarrollar a una sociedad hay que construir… el capitalismo.

Al descubrir este dogma, desmentido por más de cincuenta años de adoctrinamiento comunista, estos seguidores del Che Guevara se aterran de su propia manera de pensar. Se percatan de que ya llevan al disidente dentro, y se devanan los asustados cerebros para que la oposición no se les salga o no sea vista, o intuida, por los represores o sus informantes.

Todo esto trae mucha angustia y tensión, siempre asociadas a la manera de proyectarse socialmente. Estos cubanos que se saben beneficiados por las circunstancias históricas conocen que son una exigua minoría, cuestión que apareja en sí misma la venenosa e incómoda envidia del prójimo.

A esa envidia es a la que precisamente, en mayor cuantía, le temen estas personas. Se saben beneficiarias de un bienestar deseado por millones de cubanos: poder tocar el capitalismo aunque sea superficialmente. Porque algo está bien claro tanto para los ministros como para los aprendices de empresarios, y es que como dice el estribillo de una canción popular “cualquiera resbala y cae”.

Los capitalistas con militancia comunista que trabajaban bajo el mando de Fidel ahora temen a las reestructuraciones de Raúl. Ya las demociones, depuraciones, destituciones y hasta jubilaciones se han convertido en el pan nuestro de cada día. Las razones que se arguyen por las autoridades competentes siempre se refieren a la corrupción y malos manejos de recursos, pero los suspicaces no se dejan engañar: esto pasaba desde hace bastante tiempo y Raúl Castro, junto a sus cercanos, lo conocían.

Por todo esto, los aparentemente favorecidos miembros de las áreas económicas que trabajan con divisas libremente convertibles en Cuba se percatan de que hoy por hoy laboran sobre el filo de un cuchillo. Sobre todo, que son observados por un público crítico y expectante, necesitado de verlos caer para poder reír en ese cruel e inhumano circo en el que el totalitarismo ha convertido a la sociedad cubana.

Viven aterrorizados de convertirse en el hazmerreír de sus avasallados subordinados, de los envidiosos que nunca fueron favorecidos con la apertura a las migajas de capitalismo durante el “Periodo Especial en Tiempo de Paz”, de los ejecutores represivos del poder y, sobre todo, de quienes detentan las distintas cuotas de mando junto a los hermanos Castro. Todo este entramado de temores los categoriza como unos “beneficiarios aterrados”.

Cortesía Ediciones El Cambio

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