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Cuba, los 021 y el discurso de Raúl Castro

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Cuba, los 021 y el discurso de Raúl Castro

Cuba, los 021 y el discurso de Raúl Castro
agosto 30
11:20 2016

 

Recibí dos emails de un cubano amigo, real, no ficticio, que hace unos cuantos años se fue de Cuba. No vive en Europa ni en Estados Unidos ni en ningún país del primer mundo, sino en un país del tercer mundo. Recientemente viajó a Cuba a visitar a sus familiares y amigos. Por razones obvias he obviado nombres reales. Lean:

Primer correo

Querido Kiko:

Estuve en Cuba el día del discurso de Raúl Castro donde dijo que habrían reformas migratorias, para mí más de lo mismo. Pero al día siguiente fui al hospital para visitar al médico que siempre me trató y llevarle un regalito de agradecimiento… y  agarré una depresión del carajo. No había nadie que no estuviera hablando del discursito… todos tan esperanzados… tan animados… diciendo “ahora sí”… “menos mal que”… Todos… (laboratoristas, secretarias, pacientes, médicos… ). Según pasaban los minutos me iba deprimiendo, deprimiendo, deprimiendo… las camillas destartaladas, los zapatos sucios, los instrumentos envueltos en papeles sucios, el mismo poster en la misma consulta desde que iba en mi adolescencia: raído, con telarañas. Probablemente la camilla con la misma sábana, llena de manchas. El lavamanos goteando, un cubo debajo recogiendo las gotas. El cielo raso mohoso… y la gente hablando todo el tiempo del discursito y repitiendo “al fin”… ¡Deprimente! Es tan cruel todo… Miraba a mi doctor con su buen carácter, su afabilidad de siempre, sus gestos seguros para examinar, recetar, asegurar…. y yo pensando únicamente en lo injusto del descojonamiento total del país… (me disculpan, no hay otra palabra adecuada).

En la noche La Habana es una boca de lobo… jamás la vi tan oscura. Fui en carro de Playa al Vedado y créanme, era como ir por la Carretera Central. Sentí que en cualquier momento iba a aparecer una vaca, ¡qué oscuridad, Dios mío!

En fin, aquello igual o peor… y la gente tan contenta por el discurso de Raúl. Perdona, ni merece ser contado, pero quedé en shock.

Segundo correo

Kiko:

Si quieres sumar anécdotas de lo que pasa con los cubanos escucha estas dos:

Fui a Varadero. Reuní a algunos amigos que me quedan allá –la mayoría se ha ido– y salimos en un carro. Llegamos a la parte de atrás del Meliá Las Américas. Ilusos creídos del cuento de que ya podemos acceder al sector del turismo. En primer lugar nos echaron del área de sombrillas, no podíamos estar ni pagando. Ok, no pasa nada, pa abajo de los cocos, Pero nadie había llevado bloqueador porque lo compraríamos allí. Así tratamos de pasar al Meliá Las Américas para comprarlo (hay una norma que impone gastar un mínimo de 10 CUC). El guardia de seguridad le dice a uno de mis amigos: “¿a dónde se dirige?”. “A la tienda a comprar un bloqueador”. “No, no puede pasar”. “¡Pero si no voy a quedarme, voy a comprar en la tienda, voy a pagar por eso!”. “Lo siento, pero tengo indicaciones”. “¿De quién?”. “De mi jefe”. “Pues llama a tu jefe, porque voy a pasar”. El hombre agarra un walkie-talkie y llama a Pantera de parte de León. “Lo que pasa es que tengo un 021 aquí que quiere pasar a la tienda…  jajaja”. Mi amigo ya estaba bastante cabrón. “¿Qué carajo es un 021 tú?”. El seguroso, que parece buena gente, le dice con pena: “Mira socio, no te pongas así, yo sólo cuido mi pincha, tú sabes… lo de 021 no lo inventé yo… ese es el código por el que llamamos a los nacionales… jajaja”. Fin del cuento: no pudimos pasar a comprar el bloqueador.

Vaya, que somos un 021 y seguiremos siendo un 021. Es más, somos un 021 a la izquierda. Para colmo 21 en la bolita es majá, que se arrastra. Bien puesto el numerito.

Pero allí no terminó la historia. A las cinco de la tarde nos entró hambre y nos fuimos al restaurante “La Vicaria”. Todo bien, terminamos de comer y uno del grupo, para  pasarle la cuenta a su empresa (extranjera por supuesto), le dijo al muchacho que nos atendía: “Por favor, me traes una nota”. El pobrecito mesero se quedó mirando con cara de yo no fui, con el tiquecito de caja en la mano. Mi amigo insistió: “Sí, una nota, para poderle pasar la cuenta a la empresa”. El camarero se fue… Pasó el tiempo y pasó un águila por el mar… y cuando el sol se ponía detrás de un  monte dorado… apareció con una hoja tamaño 8 1/2 por 11 que comenzaba de este modo: “En Varadero, el día tal… bla bla bla… a quien pueda interesar… por este medio hago constar que el compañero Arturo… y tal y tal… en el día de hoy  a las seis y no sé qué de la tarde… acompañado de cinco personas…”. No les puedo explicar el bonche que formamos… y el guajiro cogió un monte que pa qué… Qué pena, de tanta risa perdimos la hoja, sin duda un documento histórico.

Dios mío, es un país totalmente surrealista. Si con eso se hace el guión de una película cualquiera va a decir que son exageraciones.

Para terminarte la crónica, el día que regresé se formó un arrebato en el aeropuerto. Se rajó el falso techo por el peso de la mercancía que decomisan ilegalmente. ¡Locura total, impresionante!

http://www.alexlib.com/

Sobre el autor

Kiko Arocha

Kiko Arocha

Modesto Arocha (Kiko). Nació en La Habana en 1937. Ingeniero en Electrónica y doctor en Ciencias Técnicas. Llegó a Estados Unidos en 1995 y decidió reinventarse como traductor y editor de sitios web y de libros, para lo cual fundó la editorial Alexandria Library (www.alexlib.com) en Miami. Es autor del bestseller "Chistes de Cuba", una antología de chistes populares contra el castrismo que recopiló en la Isla.

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