Neo Club Press Miami FL

Los intelectuales y el exilio

 Lo último
  • El viaje de Silvia (XV y final) La tarde/noche en que se fue, cayó un aguacero cerrado y largo, como los aguaceros tropicales pero sin olor salvaje. La llevamos en el coche hasta el aeropuerto y juntos,...
  • El viaje de Silvia (XIV) Jose se enamoró de Silvia, como suele ocurrir en los casos en que una mujer le planta cara a un hombre. Plantarle cara, quiero decir en términos duros. No fue...
  • Pesadilla I) Estaba preso. La celda era húmeda y oscura. Me dolían hasta las ideas por tantos porrazos y patadas. Supongo que entre sueños, vino un caimán sin dientes a susurrarme...
  • Un loco sí puede (fragmento)                                                             25 Así es, así ha sido, mi psiquiatrico plástico, como tanto le he repetido, esta vida de loco tan dura que he llevado me fue tirando cada vez...
  • Un Lilo que cuenta   Ya en la década del ochenta, andaba Lilo Vilaplana con sus historias a cuestas y los personajes que le gustaría interpretar. Buscaba con desesperación la manera de enunciarlas, le...

Los intelectuales y el exilio

Los intelectuales y el exilio
abril 23
16:59 2016

 

Ningún gobierno, en toda la historia de la República de Cuba, ha hecho más por impulsar la cultura que el régimen castrista. Pero ninguno, tampoco, ha hecho más por reprimirla.

La república que desapareció en 1959 ignoraba el hecho cultural. Los gobiernos no se preocupaban por publicar un libro de Cintio Vitier, pero tampoco les preocupaba lo que Cintio Vitier pudiera decir en sus libros. Fue la atmósfera revolucionaria la que le dio estatura nacional a Heberto Padilla –independientemente de su indudable talento–, pero también fue la atmósfera revolucionaria la que lo encarceló y lo obligó, más tarde, a una bochornosa ceremonia de autohumillación.

¿Cómo extrañarnos que Eliseo Diego mirara hacia atrás sin ira y recordara los apacibles días en que el grupo «Orígenes», sin subsidio pero sin amo, se reunía en torno al misterioso magisterio de Lezama a comentar una «página» de Juan Ramón, salpicada de impertinentes jotas? ¿Era mejor La Habana que despreciaba cuanto ignoraba a La Habana que vigila cuanto sospecha? La respuesta es obvia: de aquella Habana nadie tenía que irse. En aquella Habana inculta y despreciativa hizo Labrador Ruiz su obra innovadora. En aquella Habana escribieron Novas Calvo, Montenegro y Lidia Cabrera sus cuentos magistrales. Esa Habana no fue generosa con Brull, con Lobería, con José Antonio Ramos, con Mañach o con Varona, pero ni les exigió una particular devoción política ni los persiguió por las ideas expresadas en sus obras.

La revolución cubana ha provocado el éxodo en masa de su intelligentsia. En Puerto Rico, solo, lleno de fervor patriótico, escribió Leví Marrero la mejor historia social y económica que han conocido los cubanos. Una obra monumental que debió hacerse en la Biblioteca Nacional de Cuba y con el agradecido auxilio del país, y no en un rincón nostálgico y herido de la emigración. Es en París, y en francés, donde Eduardo Manet ha llevado el teatro cubano a su más alta expresión. En Cuba no pudo. De Cuba, hace unos años, «de los ojos fuertemente llorando», tuvo que irse. Como tuvieron que irse Reinaldo Arenas o Pío Serrano. El castrismo, que nada entiende, supone que el universo se divide en gente que los apoya y en gente que los condena; en cubanos que se van y en cubanos que se quedan. El castrismo no entiende que los intelectuales que desertan, que escapan por todos los medios, lo hagan con el más profundo dolor, y que no huyen, claro, de la incomodidad material, sino de la presencia ubicua de la policía. Se huye de la necesidad y de la represión, no de la pobreza, porque se ha llegado a la conclusión dolorosa de que es mejor el desgarramiento del exilio a la tragedia del que no se ha ido, como Fernández Retamar, pero que ha querido irse y le han faltado fuerzas para tomar la decisión.

Ahora, como en 1880, la cultura cubana vuelve a germinar en la emigración. Este triste fenómeno es ya un hecho internacionalmente reconocido. La gran literatura, la ciencia, el pensamiento, la música, el cine, el teatro de los cubanos, radica en el extranjero. El talento –todavía mucho– que queda en Cuba no puede crecer. No lo dejan. Ese es, hoy, el panorama de la cultura cubana. Triste cosa.

Una primera versión de este artículo apareció en “De la literatura considerada como una forma de urticaria” (1980).

http://www.elblogdemontaner.com/

Sobre el autor

Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner ( La Habana, 1943). Escritor y periodista. Ha publicado alrededor de treinta libros, varios traducidos al inglés, el portugués, el ruso y el italiano, entre ellos las novelas "La mujer del coronel", "Otra vez adiós" y "Tiempo de canallas". La revista Poder lo ha calificado como uno de los columnistas más importantes en lengua española, y en 2012 Foreign Policy lo eligió como uno de los 50 intelectuales más influyentes de Iberoamérica. Reside entre Madrid y Miami.

Artículos relacionados

0 Comentario

No hay comentarios

No hay comentarios, escribe el tuyo

Escribe un comentario

Escriba un comentario

Nueva Serie de América TeVé y Lilo Vilaplana: ‘Leyendas del Exilio’

Letras Online

LA REVISTA INTERACTIVA DE NEO CLUB PRESS
  Jorge Olivera Castillo

Testamento del cautivo

Jorge Olivera Castillo

                  La libertad puede ser una nubecilla de polvo que corre despavorida en busca del horizonte. Un rumor sin consonantes y solitario.

0 comentario Leer más
  Julio Antonio Molinete

Resolución

Julio Antonio Molinete

                  me ocultaré en las aguas sin comulgar la hostia de cada día      (un rostro en la pared      dos orejas en

0 comentario Leer más
  Armando de Armas

La noche del cangrejo

Armando de Armas

Acabo de descubrir en el muro de Facebook de Norma Gálvez Rey la foto del monumento al cangrejo en Caibarién, símbolo de esa ciudad. Una madrugada amanecí bajo ese cangrejo

2 comentarios Leer más

Capitolio de La Habana – Daphne Rosas (2011)

Festival Vista Miami