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Cuba se estrena y se entrena

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Cuba se estrena y se entrena

Cuba se estrena y se entrena
octubre 28
20:08 2016

 

Cuba se estrena y se entrena. No siempre lo hace para bien. Pero sucede.

Es así aunque preocupe y perturbe a quienes se han beneficiado del caos y de los desmadres del régimen, y a quienes arropados en el viejo refrán que aconseja mejor malo conocido que bueno por conocer, entre conformistas y enajenados, preocupados y asustadizos, se empeñan en creer y forzar a creer en las supuestas mejoras y en los cambios del periodo raulista de gobierno. Mejoras y cambios que prosiguen sin dar los abundantes y positivos resultados que está necesitando la sociedad cubana, y que se dan con retrocesos que muchos (esforzados en no tener presente la i-lógica castrista) quieren percibir como inexplicables.

Los ciclos vitales son una realidad. Cada uno tiene inevitable fin. A ese final, si no significa el fin último, le sobreviene con naturalidad el inicio de una nueva etapa. La excepción en la lógica de los ciclos vitales, para beneficio de su sociedad, no será la Cuba del largo y agotador periodo castrosocialista. Eso, aunque los castristas (inclusive en su versión neo) se empeñen en que creamos lo contrario.

No obstante los discursos continuistas del general-presidente y de los miembros de su gabinete, la era postcastro se nos acerca con paso firme y apresurado. Los gérmenes de su final no fueron engendrados únicamente en la naturalidad de los ciclos biológicos. Los fecundó también la prepotencia con la que se ha expresado un sistema de (des)gobierno que apostó por la precariedad material y espiritual, por la opresión y la represión, por la sujeción física, por el control psicológico y por la depauperación moral como mecanismos de control social.

Por eso es cada vez menos probable la prorrogación del castrismo tras la desaparición física de sus protagonistas. Tan cierto es que los herederos biológicos e ideológicos (no necesariamente coincidentes) se entrenan para un continuismo político que les beneficie con la retención del poder y de sus beneficios, como que parte de ellos mismos coquetean en apresurado entrenamiento para el retorno a un capitalismo neoliberal de Estado que también sea a ellos a quienes beneficie.

En Cuba se reestrena la mentalidad capitalista a nivel popular. Una estricta educación controladora, militarista y policiaca frenó la actitud para la libre empresa. No conocemos de estudios de mercadeo ni de negociaciones y ajustes de precios. Con la corrupción generalizada por el castrismo, la crisis económica se extiende, y ambos hacen que hasta las cafeterías privadas (timbiriches) disminuyan sus ventas.

Pero… aunque no sepamos cuánto tiempo durará, cada día y en cada punto de la Isla aparece un nuevo y pequeño negocio. No se trata de obtener gran ganancia económica. Hartos de cargar con la responsabilidad y las consecuencias de tanto fracaso ajeno, muchos entre los pequeños cuentapropistas intentan tener el control sobre sus acciones individuales, identificar los errores propios y responsabilizarse por estos, probando también a ganar perspectiva de futuro, a realizar iniciativas y materializar sueños propios, no imposiciones gubernamentales, a quizás por primera vez (tras el irrealizable e irrealizado sueño de alcanzar más desarrollo que Estados Unidos y superior nivel de vida que las sociedades primermundistas) pensar con perspectiva de futuro en hacer patrimonio familiar y garantizar el futuro propio.

Así visto, cada pequeño negocio en la Cuba actual es un acto de indispensable e impostergable libertad.

Cubanas y cubanos comunes no podemos permitirnos ser golfistas, como el benjamín de la familia Castro Soto. Para nosotros parcamente existen destartalados campos deportivos y excesivos precios, siempre en divisas (¿tendremos aún que afirmar que es esa la moneda “del enemigo”?) para el uso de las piscinas en los hoteles.

Mas el cuentapropismo hace delicias para quienes, bien situados en la estructura de poder o en sus cercanías (y mientras no sean sacrificados para quizás tapar algún desbarre castrista) consiguen los implementos necesarios y disponen del espacio físico sobrante y adecuado para construir gimnasios cuya matrícula y costo mensual claro que es en divisas. Lo mismo para quienes acondicionan las piscinas de sus majestuosas viviendas, convirtiéndolas en espacios de solaz privado para sus clientes y de beneficios económicos para sus revolucionarios propietarios. O para los que se robaron las mansiones de la antigua burguesía y hoy alquilan, sólo a determinado tipo de extranjeros, a precios de hoteles de lujo.

Propietarios de gimnasios, de piscinas, de especializadas, de mansiones o de bien equipadas cafeterías y restaurantes, así como de tiendas por departamentos, como quienes compran viviendas al precio de decenas o cientos de miles de dólares, ya se entrenan para ser protagonistas hegemónicos de un capitalismo de Estado que se nos viene en encima en su otrora tan criticada por los hermanos Castro Ruz versión neoliberal.

Un neoliberalismo que privilegia y además justifica la presencia de mano de obra extranjera en el país, descartando a los nacionales, a los que ahora públicamente considera ineptos trabajadores. Un neoliberalismo castrista que justifica las carencias de medicamentes esenciales mientras los exporta junto con sus médicos, a quienes lanza por el mundo como modernos esclavos que además tienen el revolucionario deber (¿compromiso?) de agradecer la oportunidad de contribuir a elevar los índices de salud allí donde lleguen.

Propietarios de pequeños puntos de venta de cosas que nos dicen (y se necesita creer) son helados, panes, refrescos, pizzas, café y otros productos ligeros, o de rápidas y provisionales reparaciones de gomas de autos y bicicletas, y los buzos que sobremueren extrayendo materia prima y cualquier desecho entre desperdicios mal acumulados por ciudades y campos isleños, obligadamente se entrenan para proseguir siendo, en la era postcastro, los forzadamente subalternizados.

Incluso, en este fin de era castrista ya se habla claramente de clases sociales. A muchos se les llama pobres, como a unos pocos se les llama ya ricos. Uso de clasificaciones en las que muchas veces prima una atrofiada perspectiva. El deseo y la necesidad psicológica de creerlo hace que muchos se sitúen a sí mismos en el estrechísimo segmento de los ricos, quizás intentando alejarse de una pobreza de la cual la amplia mayoría fue forzada a participar y en la que ha sido también forzadamente a permanecer.

Casi sin fuerzas para sus quehaceres cotidianos, jubilados y pensionados cual zombis prosiguen sin entender que el esfuerzo de toda su vida se reduzca a unos 200 pesos, de los que les descuentan cada mes alrededor de 50 por el pago de un refrigerador chino de pésima calidad y que fueran forzados a comprar.

No saben nuestros ancianos y ancianas de hoy, a quienes no siempre los familiares pueden ayudar, si alcanzarán a ver los cambios reales ni si les quedarán energías para, en el futuro que ya se aproxima y como en el resto del mundo, desafiar con reclamos callejeros al próximo gobierno. Reclamos que no harían al actual gobierno, al que no le detendría la edad de los manifestantes para reprimirlos.

Debe ser más ofensivo para esos hombres y mujeres ver alguna que otra vez imágenes del anciano expresidente, con cuidados especiales y dando por segura su adecuada alimentación. Soberbia y egoísmo. Nunca ha dedicado unas palabras de agradecimiento a las generaciones que, sacrificando sus vidas y las de sus familiares, les acompañaran, soportando sus desmadres, justificado sus errores y hasta sus horrores.

El muy incompleto el cuadro aquí presentado. Con todo, parece no llamar la atención de la sociología hecha a la cubana en la Isla, que escasa y muy condicionadamente presta atención a la pobreza propia. Esa es realidad que no muestra la televisión cubana, y que sólo por excepción la presenta la prensa extranjera radicada en La Habana.

Llegado a este punto, rápidamente coloco una interrogante que viene a tono con los tiempos. ¿Puede medirse y valorarse la intensidad del sufrimiento?

Esta pregunta la genera el cinismo de cierta parte de la izquierda internacional, que desdeña conceder importancia a una realidad cubana que no le presentan los medios ni los tours políticos. Una realidad que tampoco les interesa conocer. Justifican su posicionamiento aduciendo que no es comparable el sufrimiento de la población cubana con el experimentado a consecuencia de la pobreza en Haití, por los desaparecidos en Guatemala, por las maras centroamericanas o por la droga y las guerrillas en Colombia.

Es sus concepciones del socialismo sociolista castrista, disfrutar de Varadero. Y ese disfrute bien vale cualquier mentira, especialmente si las cuentas supuestamente las paga el gobierno, cuando en verdad son cargadas a unos cubanos que muchas veces ni conocen el balneario. En fin, que los izquierdistas del mundo pensarán que no tenemos que ser menos que la vieja Europa, y, a fin de cuenta, París vale una misa.

Tal vez hoy la novedad sea que, entre el hambre física y espiritual, en medio de agotadoras jornadas para procurar el dinero y luego el pan nuestro de cada día (algo que ¿paradójicamente? tras las tantas flexibilidades obamistas al embargo se hace cada vez más difícil), ahora cubanas y cubanos de a pie nos permitimos decir entre nosotros, siempre acompañado del redundante ¡hasta cuándo!, lo que pensamos. Es tristemente novedoso que muchos de los más jóvenes se atrevan a decir su real parecer de la situación ante periodistas extranjeros, aunque nada se atrevan a hacer para intentar cambiar las cosas.

Otra novedad sería que, en medio de tanto cambio que no llega a ser, nos permitimos… de vez en vez… soñar. Sueños estimulados por uno de los accesos a internet más caros y difíciles del mundo, pero que permite la comunicación directa con parientes y familiares en el exterior. Acceso a internet entre los de mayor censura y sin privacidad, siempre en una plaza pública, con la constante de saberse bajo vigilancia virtual y puede que también física Sueños atrofiados, como aquel que algunos consiguieron hacer realidad corriendo por calles mojadas plagadas de policías intentando ver al presidente Barack H. Obama y su familia.

Sueños que terminan en pesadillas diurnas o nocturnas. Como la que sufrieron quienes intentaron acercarse al capitalino Paseo del Prado, en vano intento de divisar en la distancia a las modelos de Chanel. O como los repatriados que se enfrentan a la truculencia de absurdos impuestos y tienen que lidiar con la asfixiante corrupción, cuando al retornar a residir en nuestro país intentan cree y ser la demostración de que los cambios positivos son reales, que ellos pueden tener experiencias comunes a empresarios en cualquier parte del mundo y abren restaurantes o algún otro negocio. Sueño de llegar a Estados Unidos a como dé lugar. Como el de los miles de cubanos que atraviesan fronteras, mares, montañas, llevados por inescrupulosos traficantes, y que cada vez más encuentran fronteras cerradas a su paso o incluso la muerte por asesinato.

Deberemos cuidar que los sueños no se nos conviertan en pesadillas cotidianas. Mejor, que no se nos sigan convirtiendo en pesadillas.

Es en lo que para muchos ha trasmutado el sueño de la emigración más también de la repatriación. El paraíso no está en ningún lugar. A fuerza de tanto repetirnos que era lo que vivíamos en una Isla en la que nos sabemos sobremurientes, hemos llegado a pensar que basta con rebasar nuestros límites marítimos para, en cualquier sitio, llegar a un paraíso que, en las dos últimas décadas, cada vez más hemos identificado con el lugar en el que más festejemos, más consumamos y menos esfuerzo realicemos.

Cubanas y cubanos tendremos que reestrenarnos y entrenarnos, aceleradamente, en nuestra autoeducación.

Cuba se estrena y entrena en otras maneras diplomáticas. Lo cual sucede bajo la presión de la crisis interna, enfrentados sus gobernantes al final de su ciclo vital, y precisados por su incomprensión de un mundo en cambio de época que empieza a desenvolverse en unos códigos que ellos no consiguen aprehender. Ese es un entrenamiento contradictorio, muy a pesar de los gobernantes, que parecen dar una profusión de pasos en falso. Pasos que indicadores de que el lobo hasta cambia el pelo, pero nunca su naturaleza.

Ahí están para mostrárnoslo su reedición de niños y de jóvenes robots. Asimismo la persistencia en los mítines de repudio, en someternos a acoso mediático y físico más allá de las fronteras de nuestro país. E igualmente la censura a nuestros nombres cuando no les son utilizables nuestros discursos y la reiteración de la tortura psicológica con nuestros familiares que permanecen en Cuba.

No obstante, a pesar de los propósitos y anhelos de los gobernantes isleños, cada vez más aparecen por el mundo cubanos con discursos divergentes e incluso francamente opositores de los discursos oficiales y oficiosos. Lo que no quiere decir que sean mejores o peores discursos, pero sin dudas inician el camino de mostrar nuestra heterogeneidad sociológica, ideológicamente expresada.

Visitan la Isla artistas, empresarios, intelectuales, políticos, estudiantes y gente común, que desde lugares tan disímiles como los países exsocialistas, Canadá, África, Asia, América Latina y el considerado enemigo histórico, Estados Unidos, hurgan en posibles puntos de acercamiento con la sociedad cubana y no sólo con los gobernantes. Aunque también buscan maneras de contribuir en la realización pacífica y fructífera de la transición cubana, hay también que señalar que muchos apenas se interesan en sus cuentas bancarias.

Cuba se reestrena y entrena con nuevos actores sociales saliendo a la palestra pública internacional. Cuba persevera en el entrenamiento con sus comisarios políticos en consuetudinarios ataques de todo discurso que, contraviniendo la norma, exprese y por fin visibilice la pluralidad de la sociedad. Con una prensa tan enajenada de la realidad como los gobernantes. Y, claro que, siendo estatal y partidista, no podría ser otra manera.

Cuba persevera en el entrenamiento de desacreditar, oprimir, reprimir e invisibilizar a todo el que, internamente y en ocasiones también en el exterior, sin autorizaciones previas de los comisarios políticos, insista en ejercer su derecho a expresar libremente sus opiniones, a deconstruir las narrativas establecidas sobre la sociedad cubana, y a articular y divulgar otras.

Cuba se reestrena permitiendo hacer uso de su derecho natural a cubanas y cubanos de la Isla y del mundo a residir en el país. Cuba se reentrena con un listado de nombres de cubanas y cubanos a los que arbitrariamente prosigue sin permitir ejercer ese derecho; con otro listado de nacionales a quienes se presiona hasta la demencia, el infarto cardíaco o para forzarles al destierro; y pareciera que con otro listado de cubanos que, aun estando en el exterior, siguen sufriendo presiones.

Cuba se entrena con extendidos cortes de energía eléctrica (apagones), la constante disminución de los productos alimenticios de la cacareada canasta básica, la proliferación de las fuerzas represivas y la instigación de la desidia, de las envidias y de la calumnia y del chisme.

Cuba se reestrena y entrena con los despidos masivos. También ejerciendo presión sobre los desempleados reconvertidos en cuentapropistas para que participen de la estructura que los oprime, participando de unos sindicatos que nunca defienden a los trabajadores, con el pago de una seguridad social en la que no pueden confiar para disfrutar algún día de la jubilación y para que si son jóvenes pertenezcan a la Unión de Jóvenes Comunistas.

Cuba se reedita y entrena en la mentalidad del coloniaje antinegro, con un discurso espurio que juega a muy tardía y forzosamente reconocer, en ciertos espacios y niveles, la práctica del racismo sólo como prejuicios, mientras lanza a sus huestes a intentar acallar las voces discordantes y las del naciente y no siempre bien encaminado activismo antirracista. Al más rancio estilo fascista, Cuba se entrena con carteles que incitan a dar “muerte a los negros” acompañados de símbolos nazis; lo que sucede ante la mirada cómplice de un gobierno que todo lo controla y que nada hace al respecto.

Cuba se estrena y entrena con callejeros predicadores de la palabra de Dios, con un vicepresidente de visita en la oficialista Asociación Cultural Yoruba de Cuba y con una población religiosa que, como la mayoría de la sociedad cubana e igualmente sin hacer algo para conseguirlo, necesita y aspira a tener nuevas formas institucionales, acordes con sus frustraciones y aspiraciones.

Cuba se estrena con embajada estadounidense en La Habana e intentando establecer consulado en Miami, considerada por los gobernantes isleños como la capital de la mafia contrarrevolucionaria. Cuba se estrena con la visita del presidente del país enemigo a La Habana e, intentando no perder el pulso, se reestrena con el rosario de ataques periodísticos tras su visita. Y, extremadamente curioso y contradictorio, se estrena con los propios Estados Unidos absteniéndose de votar en las Naciones Unidas en contra del embargo impuesto por ellos al gobierno castrista.

Cuba se estrena con opositores políticos que ya hablan públicamente de sus futuras campañas presidenciales. Y es de suponer que se reestrenará con los ataques descalificadores hacia estos.

Cuba estrena nuevo panteón de la Patria para los hermanos Castro Ruz y sus más cercanos acompañantes de viaje. Eso, cuando lo que necesitamos no es más altares políticos ni mártires ni héroes que los pueblen, sino reales civilismo y ciudadanía, reempoderamiento en todas las esferas y niveles sociales… emprender los caminos de la democracia y aprender a ejercitarla. Cuando lo que necesitamos con urgencia es tener la libertad de pensar, de decir y de, consensuadamente, hacer, todos y todas, por todos y por todas, avanzando por fin hacia la expresión de nuestra natural pluralidad en verídico y legítimo pluralismo.

La Habana, martes 11 de junio de 2013; 7: 40 p.m.

Sao Paulo, jueves 19 de mayo de 2016; 0: 05 a.m.

Sao Paulo, viernes 28 de octubre de 2016; 4: 27 p.m.

Sobre el autor

María Ileana Faguaga

María Ileana Faguaga

María Ileana Faguaga (Mimi) es historiadora y antropóloga. Nació en La Habana, Cuba. Investigadora y Profesora-Directora del programa de diálogo cultural e interreligioso de CEHILA-Cuba (para el Estudio de la Historia de la Iglesia en Latinoamérica). Fue corresponsal en LH de Radio Única (Miami). Actualmente reside en Brasil.

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