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Cuba, Venezuela y la intervención del estado de bienestar

Cuba, Venezuela y la intervención del estado de bienestar

Cuba, Venezuela y la intervención del estado de bienestar
febrero 20
16:00 2014

Los actuales autócratas bolivarianos han sido ya bastante denigrados por sus enemigos y ensalzados por sus amigos, así que por ese lado no queda mucho por decir. Lo cual nos permite concentrarnos en una cuestión esencial:

¿Cómo es posible que la renta petrolera y la concentración de casi todos los poderes en manos de Nicolás Maduro no permitan la creación del primer estado de bienestar moderno y eficaz en América?

El 85% de los miembros de la Confederación de Industriales Venezolanos considera que uno de los principales obstáculos para el desarrollo del sector empresarial lo constituyen los recurrentes ataques por parte de los medios de prensa gubernamentales, de los que son víctimas pasivas, porque los muestran como saboteadores del proceso revolucionario dadas sus actitudes egoístas y poco solidarias.

Críticas semejantes condujeron hace varias décadas al mentor del presidente venezolano, Fidel Castro, a expropiar sin indemnizaciones, tras un maratónico discurso de diez horas, todos los negocios privados que quedaban en las manos de la gente. Sucedió el 13 de marzo de 1968, en medio de actos que se conocieron en Cuba como la “Ofensiva Revolucionaria” y que llevaron a la quiebra al capitalismo cubano.

Todo el mundo se escandaliza por la actual situación y, sin embargo, era previsible. El avance solapado de las ideas socialistas “mixtas” es el principal mal de nuestro siglo.

44 años después se redescubre, alienta e implementa en Cuba la propiedad privada como una solución capaz de reactivar la maltrecha economía socialista. Espero, al menos, que esta lección no se les haya olvidado a los responsables de aquel desastre (los mismos que ahora están exportando su caduco modelo, pensando que podría funcionar mejor en un país que puede –indiscriminadamente– costear las locuras del estado gracias al petróleo). Porque se equivocan ahora como se equivocaron antes. Se ha demostrado con creces que el Estado es un pésimo administrador de la riqueza nacional.

Según los empresarios venezolanos, 40% de ellos registraron una disminución de hasta un 90% de sus operaciones comerciales, y la actividad de la industria manufacturera también acusó un significativo descenso durante el año que acaba de terminar. Otro sector que se ha visto seriamente amenazado por las políticas del régimen ha sido el agrícola: la Federación Venezolana de Productores Agrícolas ha dicho que a raíz de la asfixia económica a la que han sido sometidos por la fijación estatal de precios por debajo de los costos, se ha provocado un desplome de la producción. En su informe demostró que las 98.500 hectáreas de arroz sembradas este año equivalen a un 46 por ciento de las 214.000 que se sembraron el año pasado; en consecuencia el volumen de la producción de este año es igual al registrado hace tres décadas. No existe un complot internacional, esta es la verdadera causa de la actual escasez en ese país.

Otra empresa de encuestas, “Medición”, señala que la ineficiencia del régimen ha ido creciendo a medida que se afianza el chavismo en el poder y, desde luego, el 60 por ciento de los venezolanos considera al presidente como el principal responsable de la crisis que vive el país. A pesar de todas estas cifras, que hablan por sí solas, Maduro se aferra a un modelo centralizador y provoca la irritación popular que está llevando a su país al abismo.

Todo el mundo se escandaliza por la actual situación y, sin embargo, era previsible. El avance solapado de las ideas socialistas “mixtas” es el principal mal de nuestro siglo. La creencia que estipula y condiciona el éxito de un país a la intervención del estado de bienestar en los asuntos económicos nunca ha sido completamente rechazada por las élites pensantes como un absurdo sin pies ni cabeza. La caída del Muro de Berlín no significó para nada su descrédito, al contrario, sigue viva y haciendo estragos –como muestra la actual explosión social en Venezuela.

El socialismo de estado, marginado como quedó al desaparecer el Sistema Socialista Mundial a finales del siglo pasado, parecía completamente muerto y enterrado, pero no es así. Nos rodea insidioso a través de los Bancos Centrales, las organizaciones monetarias internacionales, aprobadas y caucionadas por los mismos dirigentes que rigen las políticas nacionales y los precios.

Pero más grave aún, dentro de las naciones desarrolladas también se mantiene presente, confundido con la idea de solidaridad nacional. Una semilla capaz de hacer germinar el árbol de las buenas intenciones y, con él, su cortejo de manipulaciones que siempre acaban en guerra, pobreza y drama para los estados en vías de desarrollo, empecinados en seguir a falsos profetas por sus caminos de quiméricas esperanzas.

El caso de Venezuela lo prueba y el de Cuba ya lo ha confirmado.

Sobre el autor

Ferrán Núñez

Ferrán Núñez

Ferrán Núñez es ciudadano europeo de origen cubano. Exiliado político. Máster en Lengua, Literatura y Civilización Hispano-americanas por la Universidad de París VIII. Actualmente trabaja como profesor de español. Reside en Francia.

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