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Cuba, Venezuela y los tres monos

Cuba, Venezuela y los tres monos

Cuba, Venezuela y los tres monos
febrero 15
18:12 2014

Este tema de Cuba y Venezuela intentaremos abordarlo desde una perspectiva académica y seria, dejando a un lado las pasiones; las altas y sobre todo las bajas, que impiden ver con claridad las dificultades de interpretación.

En Venezuela aún existe una oposición. Machacada, reprimida y zarandeada, pero existe. Se mueve, como diría el gran Galileo. Sin embargo, en Cuba, desde 1959, no solo la oposición, sino que pocos años después hasta el más leve resquicio de sociedad civil, fueron borrados del mapa, de modo que las asociaciones que convocan estas marchas, estas manifestaciones cívicas vs. el régimen de Maduro-Ramiro Valdés (quizás debí invertir el orden), disfrutan aún de cierto espacio de gestión para articularse y presentar batalla en las calles.

Y bien, ¿qué tenemos del lado de la Isla? Una sociedad estatal sin una oposición admitida, que se la juega cada día (a fin de cuentas un importantísimo activo con que ya cuenta la sociedad cubana). Sin embargo, es brutalmente reprimida y quizás por lo mismo es minoritaria y se encuentra dispersa, por tanto carece de fuerza y capacidad movilizadora a nivel nacional. Esta relativamente nueva y aún débil fuerza opositora no ha conseguido articularse suficientemente, o unificarse, para ofrecer una respuesta a la dictadura.

Dejamos que nos lo quitaran todo, hasta el aire que respirábamos; dejamos que sembraran la cizaña entre nosotros, y ahora resulta extraordinariamente difícil articular una fuerza, solo una, nucleada en torno a un programa mínimo.

En otras palabras, Venezuela va camino a una dictadura totalitaria, pero todavía no la sufre y por tanto dispone de un valioso mecanismo movilizador, además de una oposición vertebrada por todo el territorio nacional; en Cuba la dictadura totalitaria (o sea, la que utiliza mecanismos de control ideológico para paralizar a la gente) es una realidad pura y dura desde 1961, con el “carácter socialista”, y desde 1968 con la Ofensiva Robolucionaria, tras los cuales no quedó ni rastro de pequeña propiedad privada ni de sociedad civil.

Si observamos el tema desde este perspectiva comprenderemos mejor que no es que el pueblo venezolano sea más valiente que nosotros, sino que a los cubanos de la Isla el fardo de un sometimiento de más de medio siglo de control ideológico exhaustivo y de represión sistemática, ha acabado por convertirlo en un pueblo exánime, sin conciencia de sus derechos, de su lugar y su papel. Un pueblo minusválido, sin soberanía, pues hace decenios delegó el ejercicio de esta a una elite extractiva de rentas verde olivo: en resumen, un pueblo carente de los mecanismos de movilización civil capaces de presentar batalla frente al único poder auto-legitimado de la Isla. Instrumentos de soberanía que, por el contrario, los venezolanos aún inteligente y valerosamente manejan en pos de desalojar del poder a esa marioneta de La Habana llamada Nicolás Maduro.

Existe además un mecanismo inmovilizador que cada cubano lleva consigo como un chip. Lo interesante es que el control remoto de ese chip lo domina el poder. Existen dos, quizás tres generaciones de cubanos que solo conocen la Robo-lución. Mover ese cuerpo que lleva más de 55 años inmóvil puede representarse mediante la física en su variante dinámica. Habría que disponer de un vector con una fuerza enorme, concentrado en una determinada masa crítica, tanto cuantitativa como cualitativa, que incidiera en el cuerpo muerto con una fuerza suficientemente poderosa como para desplazarlo de sitio o, mejor aún, desequilibrarlo.

Supongamos que el vector es la oposición. Pero al estar muy dispersa y sufrir una cruel represión –ya no digo penetrada por la DSE, que también– no consigue ni arañar esa mole inerme y se diversifica en decenas o cientos de vectores cuya fuerza total no llega al mínimo exigido para darle siquiera un empujoncito al formidable poder del Estado totalitario.

Dejamos que nos lo quitaran todo, hasta el aire que respirábamos; dejamos que sembraran la cizaña entre nosotros, y ahora resulta extraordinariamente difícil articular una fuerza, solo una, nucleada en torno a un programa mínimo (sobre los disimiles programas máximos se buscaría consenso una vez derrocada la tiranía, a mi modo de ver), que sea capaz de poner en jaque al poder castrista de manera inequívoca y eficaz.

El pueblo de Cuba se me antoja como la imagen de los tres monos: está ciego, es sordo, es mudo y encima permanece atado de manos, con lo cual el soberbio desafío que supone emular al pueblo de Venezuela en su admirable conato cívico y de reivindicación soberana resulta extremadamente difícil de lograr en las condiciones insulares. La vergonzosa historia de 55 años, un mes y trece días de poder despótico y absoluto, así lo demuestra.

Sobre el autor

Enrique Collazo

Enrique Collazo

Enrique Collazo es Licenciado en Historia por la Universidad de La Habana. Realizó estudios de Doctorado en la Universidad de Educación a Distancia de Madrid. Ha publicado libros sobre las cuestiones de la banca y el crédito en Cuba, tanto en la Isla como en España, y colaborado asiduamente en publicaciones como la revista Encuentro de la Cultura Cubana y su página web Encuentro en la Red, la Revista Hispano-Cubana, Cuadernos de Pensamiento Político e Islas, entre otras. Actualmente reside en Madrid.

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1 comentario

  1. Iris C. Toledo
    Iris C. Toledo febrero 16, 16:49

    Una verdadera realidad. A los cubanos, primeros en caer bajo el comunismo, les destruyeron todo, paulatinamente, y efectivamente. Los venezolanos saben como viven los cubanos, prisioneros en sus casas, sin derechos a opinar, y menos aún de protestar. Lo que está pasando en Venezuela debería estar pasando en Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Argentina,etc. Ni aún en Brasil se pudo consolidar el comunismo total. Si la América Latina no despierta a tiempo, el siglo XXI será el siglo de los esclavizados que apoyan el comunismo.

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