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Cuba y Estados Unidos 2016: Good Bye Lenin

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Cuba y Estados Unidos 2016: Good Bye Lenin

Cuba y Estados Unidos 2016: Good  Bye Lenin
enero 02
19:05 2016

 

Cincuenta y seis años después, Cuba y Estados Unidos, aparentes enemigos irreconciliables, recobran sus relaciones; nada de fenómeno histórico, es un negocio, como lo fue China en 1972. Para los teóricos de la conspiración tales mojigangas devienen de una plutocracia capitalista matriz que modela los acontecimientos mundiales y la rueda de la fortuna, y tal vez tengan razón. Las revoluciones, guerras, subversiones y cambios son broncas en los puestos de mando controladores y por la rapiña del poder, no las inventa un obrero.

Cuba es un ejemplo del entronizamiento del poder vitalicio gracias al auspicio de una potencia imperial, la Unión Soviética. Nadie niega que el petróleo y armamentos rusos salvaron a Castro, sin lo cual la revolución cubana del 59 habría expirado pronto. También se sabe que los EE.UU. dieron su aval para que el guerrillero Castro se deshiciera del dictador Batista, sin imaginar que la rueda de la fortuna la manejaba un Maquiavelo ruso. Aunque lo supieran, los rusos ganaron el juego. Pues sí, el cash (fula, lana, pasta, money) es una palanca importante en la historia. No fue la filosofía alemana la que financió a Hitler, sino los banqueros, los empresarios, la antigua nobleza y los centavitos de los obreros que creyeron en su verborrea socialista-nacionalista. A Lenin lo financió Alemania y se dice que Rockefeller. Lo cierto es que ninguna rebelión surge y gana sin dinero y sin un buen apostador detrás.

“Mirando al norte. Siempre mirando al norte, esa orilla que en los sueños se nos parece tanto. Aire frío, huella de Martí, la lejanía libre como una balsa…” (Dedicado a Richard y a su libro “Mirando al Norte”).

Por eso Fidel Castro hizo de las suyas, se sabía una ficha valiosa en la estrategia de expansión soviético-comunista de aquella época, le llovió el maná, tiene los bancos suizos llenos de sus comisiones. En realidad, Cuba nunca se convirtió en un territorio libre, sino en una base satelital soviética, con una base naval norteamericana en Guantánamo que aún existe.

Pero, ¿qué ha sucedido ahora, 57 añitos después? Creo que esos añitos duros y largos son un récord Guinness de duración dictatorial. Invocar la longevidad revolucionaria gracias al apoyo popular, los logros, el carisma de Castro, etc., es poco serio, teniendo en cuenta el saldo: vigencia del tercermundismo y la cultura del subdesarrollo, más la vuelta a la teta americana, pasando por la variante tropical del capitalismo chino.

¿Lo que ha sucedido pareciera un calco del travestismo político chino? Hasta cierto punto. Cuando la apertura china al capitalismo, aún no había caído el Muro de Berlín y Mao estaba al mando. Por tanto, los chinos fueron la primicia, aunque ya por los 70 la “Teoría de la Convergencia” enunciaba que tales fenómenos eran factibles. El caso cubano parece una seudo versión oportunista, algo así como la opción salvavidas, entre la espada y la pared. Cuba es uno de los países más endeudados del mundo, con una dirigencia caduca, el petróleo venezolano no es suficiente oxígeno, la viabilidad proxeneta del país (vivir de la caridad venezolana, como antes de la rusa) es insegura, empresarialmente no es rentable debido a condiciones fiscales y políticas. En estos días el drama de los cubanos en Costa Rica, remisos a regresar a la isla, desinfla la propaganda del paraíso que muchos tontos se creen.

La dirigencia cubana, dígase la familia Castro, sabe bien que el “gao está malo” (¡se acabó lo que se daba!). Aquello de patria o muerte ya no es chic. La vaciladera, en su encrucijada, no optaría por un clon coreano del Norte. ¡Solavaya! El mundo ha cambiado, solo miren la facha del maratonista de los discursos, el cachicambiado Máximo Líder. Al que se le ocurrió que La Bodeguita del Medio capitalizada era la opción políticamente correcta, apostó al pasado, no al 59, sino a los tiempos de cuando los turistas americanos inundaban Cuba de propinas y negocios. Claro que aún los Castro no piensan en aquel capitalismo de los años 40 y 50 que hizo de Cuba una nación conflictiva pero próspera. Han optado no por una democracia funcional, sino por la más novedosa maquinaria de hacer ricos y pobres que el ping pong de Mao y Nixon aportaron al mundo: el nuevo capitalismo panacea post-comunista chino, a ver qué pasa.

La bandera de los Estados Unidos ahora flamea en Cuba y las dos orillas se aparean. El exilio light saca su billetera sonsacadora. Falta el show de la visita del presiente Obama. Veremos si los cubanos quieren ser chinos. La historia cubana de los próximos diez años será de sorpresas y dramas, pero ya es un hecho, han vuelto los americanos a la isla, viene Voluptas, no Confucio.

Estas consignas reflejan la clave del cambio, del fin de la historia de una historia; en 1959: Yankis Gojón (Yankees Go Home, ¡Váyanse!). En el 2015 (perdonen la grosería, así suena en cubano): ¡Yankis Cojón! (¡Yankees Come Home!) Americanos, Yankees, gringos, como les llamen, esta es tu casa. El inusitado milagro: un nuevo tanque de oxígeno, made in USA, salva a la ruina con la bendición del Papa Francisco. Good Bye, Lenin.

Sobre el autor

Antonio Ramos Zúñiga

Antonio Ramos Zúñiga

Antonio Ramos Zúñiga es un periodista freelance, además de dedicarse a la arquitectura, la fotografía de viajes y la historia del arte. Actualmente investiga el patrimonio cultural de México, donde reside. Es miembro de la Asociación de Amigos de los Castillos de Puerto Rico y de la junta de editores de la revista Herencia, en Estados Unidos. Ha publicado en periódicos y revistas de varios países y recibido premios por sus trabajos. Es autor de "La ciudad de los castillos" (2006) y de las novelas "Cornatel, el secreto español" (2014) y "Bonos chinos. Todo se sabe en la vida" (2015).

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1 comentario

  1. Richard
    Richard enero 06, 20:39

    Genial!!!!

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