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Cuba y la cultura del rehén

Cuba y la cultura del rehén

Cuba y la cultura del rehén
mayo 01
01:03 2015

Lo que es válido para “los escritores” lo es para el resto de las disciplinas: Los músicos, los plásticos, los actores y en general todos los perfiles culturales y de representación pública posibles (reverenciando el mismo tonto ombligo ¿legitimador?). Luego vendrá San Pedro con la rebaja. Todo formando parte de lo que suelo llamar “La Cultura del Rehén”.

Cada cual sabrá el tamaño del grillete que soporta, y con quién coquetea, contribuyendo a “lo mismo sobre lo único” desde la penosa disyuntiva de paliar su frustración, pérdida del “interlocutor natural” en el exilio (de cimarrón apalencado) –pero sin visión de “ganar otro”, ni saber cómo hacerlo–, has de luchar y/o tener que volver a Cuba y soportar la limosna ¿legitimadora? de un regreso con el rabo entre las piernas, entrando por el aro, como si allí hubiese algo que escapara al control político –creyéndose eso de yo no me meto en política– (no hay afuera en eso “compañeros” –todo es dentro–, Fuenteovejuna somos todos). Vuelta a frotarte con el ¿dulce? látigo del Mayoral, que ha aprendido a invisibilizarse. Nada como sentirse en casa, ¿verdad?

“Islita la bella o la bestia” , según quién mire. Aunque cada vez que regresas te das cuenta que la Isla que recuerdas ya no está, no es y no será nunca más (de la cosa al recuerdo y la sublimación de la memoria). Lugar al que ya no “perteneces” –si lo piensas de corazón y profundamente–, y que además no soportas, sino por poco, poquísimo tiempo –duchos en el “confort” y otro hábitos de la “diáspora”, quiero decir el “exilio”–. Volver que no se piensa: ¿ni siquiera cuando al sitio al que se vuelve arde en llamas, puntales y ceniza? Que aprende a disimular, pero solo para quien no tenga ojos. Condición no muy racional, ni explicable. Hay muchas cosas que debemos repensar: “Sin patria pero sin amo” –según el estómago de cada cual–. Mientras sigáis colaborando (in)conscientemente con la ¿idea?, como dice el amigo Armando Añel, de un “cambio sin cambio” y “Puente Seguro”, mientras el hecho de tirarse a morir al mar sea mejor que el hecho de enfrentar la vida día a día en Cuba para luego volver año tras año al mismo país del que saliste huyendo, poco más hemos de hablar.

Corred bayameses bajo el manto del Totalitarismo Monopolista de Estado modelo Deng Xiaoping, donde “no importa del color que sea el gato, lo importante es que cace ratones” parafraseando a una frase anterior de la amurallada, inhumana y cuasi metafísica Doctrina Zhdanov al calor del estalinismo más feroz: “Hay que encontrar el gato en la habitación oscura, esté o no esté”.

No contengáis la risa. Ya no engañan a nadie. En este circo cada cual sabe cómo, cuándo, dónde, por qué, para qué y de qué manera mete su mano en la boca del cocodrilo. Luego regresamos sin el brazo y no vale preguntar: ¿dónde lo habremos perdido? El “ethos” se nos queda en la contienda. Todo esto va formando parte de nuestra vergüenza nacional con mayúsculas. Este “Decálogo” de Joaquín Gálvez no tiene desperdicio.

Sobre el autor

Adrián Morales

Adrián Morales

Adrián Morales Rodríguez es Doctor en Estética por la Universidad de la Sorbona, Paris. Artista visual, músico, compositor y multinstrumentista. Discípulo del padre de la Deconstrucción Jaques Derrida. Entre sus textos obran: “Trastornos. De lo Antropofágico a lo Antropoémico. Power Food LEXIcom” Edt: Artium, Vitoria Gasteiz, 2008. “Sobre Dalí o la Metástasis del Inconsciente”, Edt: Fundación Joan Abelló, Barcelona, 2005. “HisPánico, I, II y III”, Edt: NomadART Productions, Barcelona, 2001 o “Genética Control y Sociedades en Descomposición”, Edt: Atópics, Paris, 1995. Vive y trabaja entre Europa y Estados Unidos.

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