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De cómo los muertos entierran a los vivos

De cómo los muertos entierran a los vivos

febrero 01
00:40 2012

1-11_apasada-reencarnacionEl día que el hombre se dé cuenta, y acepte con responsabilidad, que lo que ha estado llamando “mi identidad cultural”, “mi pasado”, “mi historia”, es tan sólo materia muerta, entenderá la frase de Marx según la cual “los muertos entierran a los vivos”. A su vez, Marx hablaba del peso de la religión sin entender que el propio “destino histórico” que esgrimía era también una carga sobre los hombros de “los vivos”.

Como diría Francisco de Quevedo, “los vivos viven a través de los muertos”.

Los vivos no saben que viven, pero aun así viven. Y este es el milagro alcanzado por todas las culturas: que no dejan  morir a sus miembros pero los condicionan a vivir como materia muerta, los subordinan a una relación con el mundo inconscientemente. Nietzsche decía que esta supeditación es la causante de que el hombre no aspire a más y se conforme con la identificación de nombres y palabras. El hombre habla de la libertad, pero en el fondo teme asumirla. Es así como un “proceso cultural” –la tradición– se incuba en la mentalidad colectiva. Incuba memes culturales como materia muerta.

Lo que suele denominarse “cultura cubana” o “cubanía” no es otra cosa que la identificación con nombres y palabras, conceptos y símbolos. Fernando Lles es el único pensador cubano que ha reconocido esta acertada aseveración de Nietzsche, y que manejaría en su gran libro El individuo, la sociedad y el Estado. Pero la tradición del pensamiento cubano nunca lo ha tomado en serio.

El cubano dentro y fuera de la isla vive a través de sus muertos. Vive de materia muerta. Soslaya la realidad. El cubano no está perdido en la realidad, sino extraviado en las palabras, los símbolos y el lenguaje. Estos sustitutos no le dejan ver la realidad.

Y así funcionan las cosas en el campo de la literatura y el arte. Es muy visible la identificación con el pasado, que es una muralla de palabras. Decimos que trabajamos por la “cultura cubana”, cuando es legítimo decir “trabajamos para nuestros muertos”.  Echamos el fertilizante adecuado en nuestros cementerios. Si un pintor decide pintar un cuadro, ha de imaginar primero, visualmente, lo que ha sido “vivido”. El cuadro se convierte en símbolo e imagen. Si un poeta se dispone a escribir un poema,  inmediatamente surge en su mente el “difunto”, estableciendo la inspiración. Es imposible ver por este medio la realidad. Y por esta dificultad de ver la realidad, las culturas han prevalecido como materia muerta.

A los muertos los desenterramos, y admiramos el discurso nacionalista que nos anima. No hay nada en la literatura cubana que esté desvinculado del lenguaje y los símbolos del pasado. Y así andamos, pensando que somos justos con la realidad. Abordamos la creación artística con la aspiración de seguir soñando con lo mismo, con el pasado.

http://angelcallejas.wordpress.com/

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