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De Cuba a Venezuela: Las diferencias

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De Cuba a Venezuela: Las diferencias

De Cuba a Venezuela: Las diferencias
abril 24
16:00 2017

 

La actitud del opositor venezolano Leopoldo López y su decisión hace años de convocar un mitin bajo la estatua de José Martí en Caracas, aludía precisamente a un cubano de luz y de vergüenza continental, amante de la libertad, en contraposición a quienes parasitan e invaden su país.

Sin embargo nosotros, el pueblo cubano, por omisión, por comisión o por ambas, en algún momento de nuestras vidas en la Isla o apoyamos al régimen o como poco nos metimos la lengua a la sombra, que es también, a fin de cuentas, una autorización tácita para ponérselo más fácil al poder castrista. Luego, en our homes, hablábamos a sotto vocce lo que en el pecho nos reverberaba. Nótese que hablo en plural, o sea, ejemplifico conmigo primero. El hecho de estar hoy en el exilio –salvo a quienes han formado parte de la oposición en algún momento en la Isla– no nos exime de avergonzarnos por ser la dictadura de nuestro país de origen quien empobrece, hambrea y masacra al pueblo venezolano.

Es cierto también que a nosotros nos impusieron un régimen totalitario en menos de diez años y que tras su triunfo la oposición política fue eliminada, en el mismo 1959, con aquello de “Elecciones para qué”. Mientras que a los venecos, tras la muerte de Hugo Chávez, le han intentado dar la misma medicina que en el argot conceptual castrista se conoce como “radicalizar el proceso”, lo cual entraña barrer con toda propiedad privada –mucho más allá de las delirantes expropiaciones que Chavez ejecutó– y todo rastro de oposición. Pero aún no han podido y eso es lo que justamente permite que el venezolano –más allá de su valentía– tenga capacidad de movilización. Basta que cualquiera de los líderes de la oposición (Tintori, Capriles, Allup o María Corina…) convoquen a una manifestación, que el pueblo se moviliza como un solo hombre, mientras que en Cuba el único convocante desde 1960 ya sabemos quién es: el Estado.

Nosotros en la Isla éramos un pueblo estatalizado, enmudecido, carente de todo referente civilista, mientras que en Venezuela los tiranos y la G2 infiltraron muy rápido y eficazmente a todos los cuerpos armados para que no pasara lo que en Chile en 1973. Sin embargo, la nueva constitución pergeñada por Chávez respetó la existencia de una oposición (uno de los escasos contrastes entre el totalitarismo bolchevique y el Socialismo del Siglo XXI), y esa justamente ha sido la piedra en el zapato que el régimen chavista aún no ha podido superar para alinearse del todo con el de La Habana. He ahí la diferencia, y les aseguro que no es poca.

Lenin ya lo había dejado claro: “sin organización revolucionaria no hay lucha revolucionaria”. En Venezuela aún quedan restos vibrantes de lo que fue en su día una sociedad liberal nutrida de muchas voces no estatales respetadas en la plaza pública. Gracias a ello se articula una respuesta civil masiva y en bloque. Entretanto en Cuba, insisto, solo ha habido una voz de mando aceptada por una mayoría, o al menos como ahora, soportada por una mayoría, desde hace casi seis décadas. De aquí el crónico desánimo civilista cubano y su denso silencio en las calles (al menos como bloque popular organizado y consciente de sus objetivos).

Sobre el autor

Enrique Collazo

Enrique Collazo

Enrique Collazo es Licenciado en Historia por la Universidad de La Habana. Realizó estudios de Doctorado en la Universidad de Educación a Distancia de Madrid. Ha publicado libros sobre las cuestiones de la banca y el crédito en Cuba, tanto en la Isla como en España, y colaborado asiduamente en publicaciones como la revista Encuentro de la Cultura Cubana y su página web Encuentro en la Red, la Revista Hispano-Cubana, Cuadernos de Pensamiento Político e Islas, entre otras. Actualmente reside en Madrid.

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