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De la crisis de la medicina en Cuba

De la crisis de la medicina en Cuba

enero 02
18:11 2012

1-11_medicos_cubanosLa última noticia de la llamada “potencia médica” nos llega de la mano del ministro de Salud Pública de Cuba, Roberto Morales: En 2011 el régimen de los hermanos Castro disminuyó en un 7,7 por ciento los gastos relacionados con la atención médica a la población, “como parte de un programa que busca el empleo eficiente del presupuesto estatal”.

Parece surrealista. ¿Disminuir los gastos de salud pública en un país donde no se permite la medicina privada, los techos de los hospitales se caen sobre los pacientes, proliferan las epidemias, no hay medicamentos, la higiene médica brilla por su ausencia y mueren miles de personas por las negligencias, los atrasos y las carencias de equipos?

Está, por ejemplo –y es sólo un ejemplo entre tantos–, el dengue, una enfermedad prácticamente desconocida para los cubanos antes del ascenso al poder de los hermanos Castro, y que ha campeado por su respeto en la Isla durante el último medio siglo. Sucesivos brotes en 1981, 1997 y 2006 causaron miles de muertos, aunque la presencia de la epidemia ha sido recurrente a partir de los años setenta. Su persistencia trae a colación dos temas relacionados: el de la medicina gratuita y el de la condición de potencia médica que, según el castrismo y sus amanuenses, ostenta el país.

Verdad que el sistema de salud vigente en Cuba es gratuito –el colmo sería que no lo fuera, dado que el ejercicio de la medicina privada es penalizado y los cubanos, esquilmados por el Estado, perciben salarios ridículos de quien ha sido el único empleador en la Isla durante décadas–, pero no resulta ni de lejos funcional. El maltrato a la población, la falta de medicamentos y enseres idóneos, el deplorable estado higiénico e incluso, a ratos, la escasez de profesionales –que el castrismo exporta a otros países a cambio de petróleo, como en el caso de Venezuela, o de adhesiones y votos en la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, como en el caso de muchos países africanos y latinoamericanos–, son moneda corriente en los hospitales cubanos.

Numerosas epidemias y enfermedades han proliferado en Cuba en las últimas décadas, y continúan constituyendo una presencia indeseable, sin que el Ministerio de Salud Pública haya sido capaz de revertir la situación. Entretanto, tiene lugar una forma de apartheid singularmente vergonzosa: a los hospitales mejor equipados, en los que el trato es profesional y no escasean los medicamentos, sólo tiene derecho a ingresar el visitante extranjero o el dirigente gubernamental.

También una nueva forma de turismo médico se ha entronizado entre algunos emigrantes cubanos. Viajan a Cuba a hacerse operaciones o tratamientos bucales por los que desembolsan una cantidad mínima en relación con su costo en Estados Unidos. Ignoran, en su reduccionismo elemental, que como advierte el refrán “lo barato sale caro”. Ya se han reportado casos de enfermedades contraídas y hasta de fallecimientos relacionados con esas visitas a la Isla.

Recurrentemente, y como no podía ser de otra manera en un sistema totalitario, la prensa castrista ignora el fenómeno. En el caso de los cubanos residentes en la Isla, ignora convirtiéndose en cómplice de la mortífera indolencia de las autoridades: Volviendo al ejemplo del dengue, una información oportuna, que hubiese circulado con puntualidad en los medios oficiales, podía haber evitado muchas de las muertes provocadas por la persistencia de esa epidemia hemorrágica. Pero el periodismo oficialista sólo puede permanecer disciplinadamente callado.

Así, desde hace más de medio siglo la población cubana es víctima por partida doble del sistema político y del sistema médico vigentes: víctima de su ineficiencia y víctima de su mitología, contra la que los (des)informadores del castrismo son incapaces de reaccionar.

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