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De la hipnopedia a la catarsis: La responsabilidad del cambio

De la hipnopedia a la catarsis: La responsabilidad del cambio

De la hipnopedia a la catarsis: La responsabilidad del cambio
febrero 21
17:33 2014

En cierta ocasión, a un Maestro que hablaba del poder hipnótico de las palabras, en plena conferencia, alguien le gritó desde el fondo de la sala: “¡No dices más que tonterías! Si yo digo ‘Dios, Dios, Dios’, ¿acaso ello me hace divino? Y si digo ‘pecado, pecado, pecado’, ¿acaso ello me hace malo?”.

“¡Siéntate, bastardo!”, dijo el Maestro.

El tipo se puso tan furioso que no podía articular palabra. Finalmente, estalló en improperios contra el Maestro. Este, aparentando arrepentimiento, le dijo: “Perdóneme, señor, por perder la calma. Le suplico que excuse mi imperdonable error”.

El otro se calmó inmediatamente, y entonces le dijo el Maestro:

“Ya tiene usted su respuesta: ha bastado una palabra para encolerizarlo, y otra para tranquilizarlo”.

Yo estoy loco, pero sé que estoy loco

Y lo sé pero no como una trampa de la certidumbre, ni como algo racional, sino porque lo siento. Siento que mi corazón piensa (un magnetismo en medio que equilibra, justo entre el cerebro que analiza y la mano que hace), algo que crece y expande una consciencia contagiosa.

Doma tu mente, rompe los moldes, desprográmate, desborda tu creatividad, pierde los hábitos, expande tu consciencia.

Compras lo que no eres y comes lo que no tienes, trabajas en algo que no te gusta y crees que tienes que seguir haciéndolo porque las cosas son así y continuas con el círculo vicioso. Rompe con eso. Arriesga. Tu “inconsciente” lo sabe, pero tu “consciente” no quiere darse cuenta e insiste en seguir en su “zona de confort”.

Tu mente tiene un hábito muy malo denominado autoestima. Autopreservación que desata un desmesurado instinto de conservación, ego (existence-god-outsider), el “yoismo” de “¿qué hay y qué pasa conmigo?”. Y es un peso, ¡un arrastre! Sacúdete ese maldito polvo. Des-identifícate. Ofrece tus servicios, ocúpate de qué hay y qué pasa fuera de ti. Lo que crees de ti mismo (cuidando tu imagen, tu futuro, lo que dices, lo que piensas, lo que sientes, lo que obra excesivamente) es pura basura. No eres todo lo que crees, ni todo lo que digo/dices, ni todo lo que haces, piensas, compras o comes. ¡Sufres solo por tu culpa!

Y eso no te lo palia la vida ordinaria. Compras lo que no eres y comes lo que no tienes, trabajas en algo que no te gusta y crees que tienes que seguir haciéndolo porque las cosas son así y continuas con el círculo vicioso. Rompe con eso. Arriesga.

Tu “inconsciente” lo sabe, pero tu “consciente” no quiere darse cuenta e insiste en seguir en su “zona de confort”, cuya desidia acabará matándote.

¡Solo el dolor te recuerda que estás vivo! Algo que has de vivir, cruzar, superar, transformar. Un ritual poderoso e iniciático.

Así que ya puedes acallar todas esas voces y actos estúpidos que te lo impiden y concentrarte en  dar. Darte a ti mismo lo que te mereces: ¡Felicidad! Aunque para hacerlo hayas de atravesar el valle de las sombras primero. Para brillar primero has de arder. No hay otro modo. Conecta y da… Todo aquello que crees afuera es adentro, es parte de ti, es tu sustancia y lo que eres en esencia. Lo que creemos afuera está enterrado en lo profundo del corazón y verlo/sentirlo, darnos con ello de frente, lo exorciza, es otra forma de dar(nos). Conectar con el mundo es el milagro revelador de acceder a(l) (un) estado de “Campo Unificado” (de-coherente, e hipersimétrico en equilibro) sin conflicto (Samadhi), perfecta unidad de la consciencia: Diga lo que diga, hagas lo que hagas, sientas lo que sientas –como quien oye llover–, energía pura manifestándose. Sin miedo. Disfrutando de su/la inmensidad como un rayo de luz. Viviendo la vida plena responsablemente con su sombra, sin división, sin escisión, sin “:me gusta” o “no:, solo ver, consciencia de testigo, testimonio, dar fe, “Ser” no incautado, ni rehén, ni secuestrado por la experiencia y las sucesivas circunstancias. Lo que vives es solo parte de “un gran plan”, casi siempre desconcertante e incomprensible; si te concentras en ello pierdes la perspectiva general. “El que va en busca de montes, no se detiene en las piedras del camino”. Todo está ahí cumpliendo una función, un designio, revelando un objetivo, una belleza, a veces dramática y dolorosa. El Dolor es sagrado e inevitable, el sufrimiento es una elección. La neurosis llega cuando evitamos el dolor legítimo.

En cambio, si estás ocupado amando, no tendrás tiempo para otra cosa. ¡La felicidad es eso!

Vivimos un tiempo difícil y orientado a Despertar. Despertar de la (esta) locura.

Por primera vez en la Historia la demencia amenaza destruirnos. Loca inteligencia, loco ¿progreso?, loco ¿desarrollo? (sin consciencia) loco ingenio, viejo ingenio que creemos brillante evolución… pero es loco. La razón que nos sacó del éxtasis natural, cuando fuimos condenados a enterarnos, a saber, a “conocer y mentir” (ConociMiento).

De una manera u otra estamos llegando al final de esto. O nos destruimos o despertamos del sueño, de esta espantosa pesadilla.

Ver esa locura es el primer paso para despertar de ese sueño. Porque ahí es donde yace el sendero de la sanación.

Pero el reconocimiento de semejante locura no es infernal ni depresivo, sino una fiesta liberadora. Donde todo vuelve a ser posible, recuperamos el habla, incluso la violencia como la naturaleza, un proceso consecuente, constante y grave de muerte y renacimiento; sin violencia no hay arte, ni creación. No podemos evitar la violencia, pero sí que podemos evitar la crueldad. Si evitamos la negatividad la volvemos desgracia. Porque si no duele, no sana.

No hay otro modo que no sea atravesando ese fantasma sin miedo, recuperando “El Sol que mora en nuestras tinieblas”, solo entonces no tendrás más tiempo de pensar en ti mismo reconociendo que:

Estoy loco, pero me doy cuenta que estoy loco. ¿Y tú?

Es conmovedor el epitafio del sabio Emile M. Cioran: “Incorrecto hasta lo intolerable, desastrado, insolente, sutil, e intrigante, captaba los menores matices de todo, gritaba feliz ante una exageración o una broma… Todo en él era atrayente y repulsivo a la vez. Un canalla al que se echa de menos”.

Sobre el autor

Adrián Morales

Adrián Morales

Adrián Morales Rodríguez es Doctor en Estética por la Universidad de la Sorbona, Paris. Artista visual, músico, compositor y multinstrumentista. Discípulo del padre de la Deconstrucción Jaques Derrida. Entre sus textos obran: “Trastornos. De lo Antropofágico a lo Antropoémico. Power Food LEXIcom” Edt: Artium, Vitoria Gasteiz, 2008. “Sobre Dalí o la Metástasis del Inconsciente”, Edt: Fundación Joan Abelló, Barcelona, 2005. “HisPánico, I, II y III”, Edt: NomadART Productions, Barcelona, 2001 o “Genética Control y Sociedades en Descomposición”, Edt: Atópics, Paris, 1995. Vive y trabaja entre Europa y Estados Unidos.

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2 comentarios

  1. Rosario Martínez
    Rosario Martínez junio 11, 18:22

    Excellent

  2. Mafe
    Mafe junio 11, 23:17

    Hermoso!
    Gracias Adrián.

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