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De la lógica y las emociones

De la lógica y las emociones

De la lógica y las emociones
Mayo 08
17:46 2015

En el pasado, el homo armado de filosofía explicaba y englobaba la lógica y las emociones, el espíritu y la materia, la razón y la fe. Ya en el siglo veinte se sacraliza el límite tajante entre ambas esferas, particularizándonos en filosofías específicas para cada ciencia y excluyendo por irracionales el fideísmo, las emociones, la idea, los sentimientos y la metafísica. En un proceso donde, a la vez, estas especialidades buscan totalizarse, como es el caso del positivismo, del marxismo, del estructuralismo, de la ingeniería social y del existencialismo.

Pero esta manipulación y reduccionismo argumentados en el siglo XIX no quedan circunscritos a los sociólogos; más escandaloso aún es el caso de la rama antropológica que, por su cuenta y plagiando a Darwin, se fundamenta en una teoría de evolucionismo social, de periodización y etapas, a partir del dominio de los metales y de las tecnologías, para clasificar no solo los hechos culturales, sino también las etapas por las que ha desandado la civilización. La pobreza actual del pensamiento social y político se ejemplifica en la crítica literaria posmodernista, en la antropología “pos–geertziana”, que considera a las ciencias como un “fenómeno antropológico”, que las percibe como un código exclusivista.

Los representantes más importantes del existencialismo –Jean Paúl Sartre, Martin Heidegger y el fideísta Kierkegaard– virtualmente plagian a los filósofos helénicos al tratar de reinsertar la metafísica a partir de la noción del ser. En su afán de originalidad, por ejemplo, Sartre enclaustra la filosofía en etapas históricas y se dedica al imposible de renovar el marxismo con su concepto del ser y con una ética de la individualidad.

Todas las aspiraciones filosóficas del siglo XX por adecuar un esquema del conocimiento desde un prisma parcializado acaban en antítesis superficiales e historicistas, como el subjetivismo humanista, el existencialismo sartreano, el racionalismo lógico de Bertrand Russell y Wittgenstein, uno de los eruditos más encumbrados del siglo XX, o del alemán Rudolph Carnap.

Para Wittgenstein el papel de la filosofía no era el de analizar al mundo –como profesaban Russell y George Edward Moore– sino el de concentrarse en la semántica, ofrecer una crítica del lenguaje capaz de revelar cuáles son los límites, pero nada más.

Para Wittgenstein era errónea la búsqueda de una prueba de la existencia de los objetos físicos, como se hacía desde Descartes, pues ello representaba un desconocimiento de cómo utilizábamos palabras tales como “conocer”. Este tópico influyó en la escuela filosófica de Oxford, especialmente en figuras como Gilbert Ryles, quien trató de exorcizar el mito cartesiano del “fantasma en la máquina”. Ryles exponía que hablar de inteligencia y conciencia era referirse al comportamiento observable público, no fantasmal.

Por su parte, el filósofo húngaro Imre Lakatos apunta que los intentos para proveer un fundamento lógico a la indagación del conocimiento por las ciencias se malogran insistentemente.

Así, el grueso de la filosofía de posguerra quedará impregnada por este nuevo enfoque de Wittgenstein, que se antepone a las generalizaciones –según él– innatas del humano; donde los problemas filosóficos quedan enmarcados en el lenguaje; donde la filosofía no ofrece información novedosa sino que remodela la ya sabida. Para Wittgenstein, la filosofía de la era de los molinos de vientos era radicalmente diferente a la de la era del ferrocarril a vapor, y a la del automóvil.

Sobre el autor

Juan F. Benemelis

Juan F. Benemelis

Juan Benemelis (Manzanillo, 1942). Diplomático, historiador y ensayista. Ha publicado más de una veintena de libros centrados en diversas temáticas, que van de lo científico a lo histórico. Entre ellos, "Las guerras secretas de Fidel Castro", "Castro: subversión y terrorismo en África", "Paradigmas y fronteras. Al caos con la lógica", "De lo finito a lo infinito", "El Corán y el Profeta", "Islam y terrorismo" y "La memoria y el olvido". Reside en las afueras de Miami.

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