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De la soledad y las contradicciones

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De la soledad y las contradicciones

De la soledad y las contradicciones
febrero 15
01:44 2016

 

La indignación creada por la incertidumbre es solo otro de los callejones de la memoria, tan viejo, pero tan viejo, que al transitar por él se te llenan de piedrecitas los zapatos.  Indignado transito por este viejo callejón, hoy sin aquella juventud convulsa y compañera, más solo, menos galopante, despojado de aquellas sombras que fungían como un precipitado funeral para la escasa luz que prometía mi lámpara. Justamente entre estas soledades, en este autoaislamiento, es donde mi verso suena y sueña de una manera diferente.

Prefacio de “La luz que se prolonga”, último poemario publicado de Rodrigo de la Luz (Editorial Ultramar, 2012).

Sentí que la poesía estaba muy agotada, que quienes debían disfrutarla y dignificarla la aborrecían.  De ahí viene mi esmero por hacer algo más profundo, por reivindicarla de sus desertores y de sus detractores, de los malos poetas, de los poetas malos.  En este libro, con excepción de algunos poemas, la gran mayoría de los textos constituyen una búsqueda absoluta de otra estética, otro manejo del lenguaje que realmente aporte algo nuevo al arte, si algo nuevo aún quedara bajo el sol.  Esto sin dejar de lado el estilo directo que me caracteriza, la cadencia, el ritmo, algunos giros y metáforas de los que ya no puedo deshacerme, ciertos temas recurrentes en mí,  angustias, preocupaciones de siempre.  A veces me doy cuenta de que me he ido descubriendo, me he ido encontrando, a través de mi poesía.  Gracias a ella he sabido –al menos parcialmente– quién soy.  Creo que en este libro me alejo de toda tradición pero sin llegar al extremo, sintiendo aún el ardor, el fulgor y la furia de mi primer poema.

La poesía ha significado para mí serenidad, trueno, desolación, herramientas para expresar los sentimientos, espejo y tinieblas, locura, atrocidad, paz, certeza, desvelo.

El creador no se hace; el creador se descubre.  Cuando era niño leí unos poemas y descubrí cuánta nobleza podía existir en un ser que dejaba un legado, “algo” para otras generaciones y, en ese momento, ansié la posteridad.  Luego, el hábito de lectura se intensificó y, con el tiempo, el ansia de posteridad se fue borrando, y el disfrute fue mi nuevo descubrimiento.

Es cierto que he sufrido múltiples transformaciones, pero aún así –y eso es algo que me enorgullece– he permanecido con el alma noble e intacta como la de un niño; quiero decir, como la de un niño bueno.  Y motivado aún por aquel primer sentimiento de soledad e indignación, dejo, como un poeta inestable deja en su lecho de muerte, un manojo de poemas que debía escribir dando constancia de lo mejor que he hecho.

Sobre el autor

Rodrigo de la Luz

Rodrigo de la Luz

Rodrigo de la Luz nació en 1969 en Villa Clara, Cuba, y estudió teatro en la Isla. Es pintor, escultor y escritor. Ha publicado los poemarios 'Mujer de invierno' (2002), 'Poesía viva' (2008), 'Mío mundo' ( 2010) y 'La luz que se prolonga' (2012). Además, el libro de relatos 'Cien hombres, una mujer y otros delincuentos', editado en España. Actualmente reside en Miami

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