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De lo sensible, lo sentimental y lo efectista

De lo sensible, lo sentimental y lo efectista

De lo sensible, lo sentimental y lo efectista
febrero 18
13:26 2014

A propósito del duelo por el fallecimiento del trovador Santiago Feliú –el Santi para los amigos–. Todo es para bien. El Universo no obra de otro modo. La madurez es dolor bien gestionado. Todo acto extremo es revelador. Un adentrarnos en la consciencia y crecer, atravesando el fantasma del sueño.

…Por cuantos lados hay que defender la paz… (Santiago Feliú).

8 de junio de 1972. Un avión de Vietnam del Sur bombardea la población de Trang Bang. Entre los que huyen está una niña totalmente desnuda y quemada por las bombas de napalm. Su rostro es de un sufrimiento desgarrador. Una fotografía registra la escena, da la vuelta al mundo y cambia la visión que hasta entonces se tenía de la guerra de Vietnam.

Aquella niña terminó convirtiéndose casi en un símbolo. Su nombre es Kim Phuc. Con el tiempo se nacionalizó canadiense, tuvo un hijo y fundó la Fundación Kim Internacional para ayudar a niños víctimas de las guerras. Felizmente su historia llegó a buen final, pero cuál hubiera sido su destino si su sufrimiento nunca hubiera sido registrado por Nick Ut, periodista ganador del Premio Pulitzer.

Ya Occidente, en 1972, sabía que en Vietnam muchos inocentes estaban muriendo. Existían muchas protestas. Pero todo esto era opacado por la indiferencia y las justificaciones a la guerra. Fue necesario un estímulo tan fuerte como la foto de Kim para que muchos se conmovieran.

Sin embargo, algo no ha cambiado desde la guerra de Vietnam: lo que no aparece en los medios simplemente nunca existe… Es más, no basta que algo sea publicado sino que, además, debe tener un gran efecto para que exista, porque si no se perderá entre una marea de mensajes mucho más estimulantes, aunque sean más intrascendentes.

Ser sentimental no es malo, pero tampoco es un mérito en sí mismo ni nos hace más nobles, sólo podría significar que ante una primera plana quedemos más sobrecogidos por la gran foto de un perrito herido que por una pequeña nota sobre un genocidio.

Y es que lo que más importa ahora es la forma y no el fondo, el impacto y no el contenido, y de esa manera comenzamos a confundir lo accesorio con lo esencial y viceversa, hasta terminar volviéndonos muy manipulables: no la razón sino los sentidos serán los que nos señalen qué es lo más importante.

Incluso, aunque seamos muy humanitarios, la cultura actual bien puede convertirnos no en personas sensibles sino sentimentales, ambas cosas muy diferentes.

Una sensibilidad social parte de una reflexión que ha venido madurando con el tiempo y que es más sólida porque no es producto de la emoción momentánea. En cambio el sentimental es un gran egoísta porque para convencerse no le basta saber sino también conmoverse. Es decir, el discurso deberá entenderlo en formato de telenovela para cobrar conciencia de un hecho y, así, tendrá opiniones muy débiles, pues estarán influidas no por la calidad de la información sino por su efectismo, que suele durar no más de un cuarto de hora para dar lugar nuevamente a la habitual indolencia.

Esto me recuerda a ese Al Capone interpretado por Robert de Niro (Los Intocables, 1987), quien podía llorar en una ópera mientras era totalmente indiferente con las muertes que ordenaba, pues probablemente a muchas de sus víctimas nunca les veía el rostro y solo le representaban nombres a tachar en una lista negra (ojos que no ven corazón que no siente), de allí que hasta este mafioso podía ser muy sentimental pero no por ello menos egoísta.

Trotsky otro tanto. Era capaz de sensibilizarse con la explotación de un obrero o cuando era azotado, pero luego hacia fusilar cientos de ellos solo porque discrepaban de sus ideales.
Igualmente Hitler, vegetariano y amante de los animales, fue capaz de envilecer Alemania entera.

Por tanto, para tomar conciencia de un drama no debemos esperar que este nos conmueva hasta las lágrimas, aunque tampoco debemos entenderlo como un gélido objeto de estudio. La idea es que no necesitemos de los efectos especiales para moldear nuestras opiniones.

Ser sentimental no es malo, pero tampoco es un mérito en sí mismo ni nos hace más nobles, sólo podría significar que ante una primera plana quedemos más sobrecogidos por la gran foto de un perrito herido que por una pequeña nota sobre un genocidio… Nadie dice que lo primero es lo que más llamará la atención, el problema es cuando lo percibimos como el tema del día. El ejemplo puede ser exagerado, pero hagamos un ejercicio con un periódico: primero, leamos la primera plana y preguntémonos cuál noticia es más trascendente; segundo, leamos las páginas centrales y preguntémonos lo mismo; tercero, contrastemos nuestra primera conclusión con la segunda… Quizás descubramos que ciertas notas marginales de prensa debieron ser los grandes titulares del día. O también puede ocurrir que nos hayamos vuelto unos perfectos imbéciles, muy sentimentales, y además como es lógico muy manipulables.

Según Gramsci: “La cultura, la sensibilidad y la delicadeza (…) son la organización, disciplinaria incluso política del propio yo interior; es una toma de posesión de la propia personalidad y una conquista de la consciencia, mediante la que se consigue comprender el propio valor histórico, la propia función en la vida, los propios derechos y los propios deberes”. Un ámbito de apreciación elegante, ecuánime y contenido.

“Lo malo de ser puntual es que por nimia o importante que sea la cosa, cuando cualquiera llega a un lugar determinado, sea físico, de apreciación, de percepción o saber, desgraciadamente todavía no hay nadie allí para apreciarlo”. Y agrega Nietzsche: “Cuanto más se eleva un hombre, más pequeño les parece a los que no saben volar”.

Sobre el autor

Adrián Morales

Adrián Morales

Adrián Morales Rodríguez es Doctor en Estética por la Universidad de la Sorbona, Paris. Artista visual, músico, compositor y multinstrumentista. Discípulo del padre de la Deconstrucción Jaques Derrida. Entre sus textos obran: “Trastornos. De lo Antropofágico a lo Antropoémico. Power Food LEXIcom” Edt: Artium, Vitoria Gasteiz, 2008. “Sobre Dalí o la Metástasis del Inconsciente”, Edt: Fundación Joan Abelló, Barcelona, 2005. “HisPánico, I, II y III”, Edt: NomadART Productions, Barcelona, 2001 o “Genética Control y Sociedades en Descomposición”, Edt: Atópics, Paris, 1995. Vive y trabaja entre Europa y Estados Unidos.

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3 comentarios

  1. marco
    marco febrero 18, 14:53

    Adrian, lei tu articulo, que me parecio aplastante porque absolutamente todo lo que dice es la realidad, es la levedad de la conducta (o sentimientos) humana.
    Pero lo que se me escapa es la idea del comienzo, sobre la muerte de Feliú.

  2. Callejas
    Callejas febrero 18, 17:43

    genial Adrian

  3. Armando Añel
    Armando Añel febrero 18, 22:39

    La clave. Son capaces de sufrir la muerte de un músico porque se enamoraron con sus canciones o se comieron con él un pan con mayonesa, pero permanecen como si nada ante los millones de víctimas del mismo régimen con el que se identificaba o para el que trabajaba ese músico. Víctimas que son compatriotas suyos, incluso en algunos casos familiares y amigos. Grave daño antropológico este del Síndrome de Estocolmo. Lo que en otros países podría ser anecdótico o por lo menos minoritario, en Cuba parece que está y estará a la orden del día. Y el gran problema subyacente es que, si no se desaprueba la complicidad con el castrismo y, por el contrario, se le aplaude, estaremos condenados a repetir el ciclo dictatorial una y otra vez. No se conoce ningún perro rabioso que deje de morder si no se le vacuna antes o se le liquida. Debe cundir el ejemplo para detener el abuso.

    Gran texto.

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