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De los temerosos académicos cubanos

De los temerosos académicos cubanos

agosto 05
04:29 2011

1-academicos_cubanosEn Cuba hay un grupo social que debido a las apresuradas concesiones de quienes manejan el poder ejecutivo, ante la crisis de credibilidad causada por la caída del “campo socialista europeo” en los ámbitos social, económico, político e ideológico, tuvo el privilegio de acceder al mercado internacional del conocimiento científico. Por cierto, en dicho mercado las transacciones tienen una esencia mercantil y capitalista, cosa que a los marxistas cubanos no les importó para nada.

Surgieron así los peyorativamente llamados “jineteros académicos”. En paralelismo con otro fenómeno en pleno auge durante los primeros años de la crisis económica, que fue la reaparición de la prostitución con turistas extranjeros, de meretrices a las que se bautizó como “jineteras”.

Así dio inicio una carrera contra reloj por parte de los miembros de la comunidad científica nacional para obtener contratos y becas en universidades e institutos de investigaciones y, por supuesto, resultar remunerados con los dólares imperialistas.

De pronto todos los que poseían un título universitario con categoría docente o de investigador, se dieron a la gratísima tarea de olvidarse del hasta ese instante obligatorio idioma ruso y comenzaron a llenar las aulas de las escuelas de lenguas extranjeras. Las matrículas se hicieron con los profesores de alemán, francés, italiano y portugués, pero sin dudas casi todos pretendían aprender el inglés.

Pero reza un pensamiento: “Los poderosos compran las inteligencias para su beneficio”, y este archipiélago no ha sido la excepción. Los que detentan el poder han rentado la auténtica cientificidad de ciertos estudiosos con prebendas como viajes, impartición de cursos en universidades extranjeras, premios científicos y publicaciones. Los más afortunados se han quedado a vivir fuera de su tierra, pero con la seguridad de regresar a vacacionar.

Por poner un ejemplo, no dejan de sorprendernos algunos científicos sociales que antes de la caída del Muro de Berlín eran expertos en las ahora obsoletas teorías marxistas-leninistas e ipso facto se convirtieron en estudiosos de las otrora despreciadas obras martianas. Ahora estos no se bajan de los aviones impartiendo clases por doquier sobre José Martí. Un amigo los denomina “Los Científicos Arribistas del Periodo Especial”.

En la Cuba contemporánea el sólo hecho de tener posibilidades de viajar al extranjero y regresar con monedas convertibles hace que te conviertas en un privilegiado. Y si lo haces por lo menos en dos ocasiones al año, eres ya un portento de prosperidad material.

Esto atrae la envidia de los no afortunados en esta especie de feria científico-consumista en que se convirtieron las universidades e institutos de investigación de nivel superior en la isla. Cuestión más que clara para los portadores de los privilegios: ellos saben de otros colegas no tan afortunados y también deseosos de ponerles disímiles traspiés, para ser ellos quienes viajen y laboren en las alma mater extranjeras.

Estos son unos ciudadanos sui generis en el seno de la sociedad cubana, porque su nivel de preparación profesional es altísimo y su inteligencia presumiblemente superior. A todo esto le agregamos el factor sumamente inquietante de que estos científicos desarrollan sus actividades curriculares, la gran mayoría de las veces, en un entorno no controlado por los órganos represivos del castrismo y donde la visión político-social que se ofrece sobre el socialismo imperante en Cuba es constantemente sometida a un bombardeo informativo totalmente desfavorable. Todo esto los convierte en altamente peligrosos, pues piensan de un modo independiente y son poco manipulables por parte del aparato de control social del régimen.

Ellos se saben constantemente vigilados por la contrainteligencia nacional cuando están en casa y por la inteligencia cubana mientras permanecen en el extranjero. Por todo ello viven en un constante estrés, sus existencias gravitan cual espada de Damocles sobre sus cabezas, al comprender que su simulación de incondicionalidad a la “revolución castrista” no es creída, aunque se aparente todo lo contrario.

Una sola frase mal dicha en un lugar inadecuado o incorrectamente interpretada puede echar por tierra el trabajo académico de años. Perder el privilegio de viajar con periodicidad fuera de Cuba es visto por los afamados científicos nacionales como una desgracia, ya que quedarían sumidos en la mediocridad, la desinformación y la pobreza espiritual o material a que están sometidos los cubanos de a pie. La idea de que esto sea así los embarga de terror.

Pero una dictadura totalitaria con tantos años en el poder y con una cantidad de víctimas demasiado alta teme como el diablo a la cruz a los librepensadores. Y aunque simula creer en su adhesión, no se deja engañar por ellos y sus actitudes de doble moral, cuestión que es conocida por los científicos, lo que les convierte en unos temerosos académicos.

Cortesía Ediciones El Cambio

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