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¿De verdad son los pinareños los más tontos de todos los cubanos?

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¿De verdad son los pinareños los más tontos de todos los cubanos?

¿De verdad son los pinareños los más tontos de todos los cubanos?
Septiembre 09
04:06 2015

 

Durante décadas, los pinareños –naturales de la provincia más occidental de Cuba— han soportado estoicamente una anécdota entre humorística y denigrante, que los ha hecho blanco preferencial, regionalmente hablando, del ya clásico choteo cubano.

Se trata del famoso caso de la concretera olvidada dentro un cine de Pinar del Río, que los constructores del mismo se dejaron tras terminarlo y por la que luego debieron derribar una pared, pues no podían sacarla por la puerta. El hecho, entre mítico y edulcorado, ha justificado durante años el calificativo de “tontos” injustamente adosado a los pinareños.

Lo traigo a colación tras ver por segunda vez un video en Youtube que revela la infinita estupidez de Fidel Castro. Se trata del ya célebre en el que el dictador ordena que se pongan las cabezas de las vacas a tomar aire acondicionado –mientras el resto del cuerpo de las rumiantes queda expuesto al medio ambiente— con el objetivo de que produzcan más leche.

¿Tontos los pinareños? Para nada. El episodio de la concretera atrapada en el cine nunca hubiera tenido lugar en un tiempo anterior al castrista, cuando quienes trabajaban, trabajaban de verdad; cuando quienes invertían, invertían de verdad. Sólo la ineficiencia más la quisquillosa bobería de un sistema como el comunista, en el que nada es de nadie y todo es del Estado –y todo el Estado es del benefactor de vacas que lo ha secuestrado durante más de medio siglo–, pueden provocar un despropósito de las características del que nos ocupa.

No sólo fueron pinareños los que se dejaron la concretera: fueron pinareños aletargados y/o desmotivados por el estúpido sistema adoptado por la estúpida familia Castro los que se dejaron la concretera. La diferencia no es sutil: es definitoria y esclarecedora. Incluso no hay que descartar que los pinareños de la concretera se hayan puesto de acuerdo para, efectivamente, dejarla dentro del cine: un sabotaje más en la ya larga lista de desidias y pequeñas venganzas con que los cubanos han penalizado, silenciosamente, al idiota y criminal régimen que los empobrece. De hecho, esta variable parece la más probable.

No lo olvidemos nunca: Es estúpido el afán de poder castrista y ha sido estúpido el ejercicio de ese poder, más lo que ha traído como resultado. Conservarlo de la manera en que lo han conservado los Castro no constituye un mérito y mucho menos un signo de inteligencia, sino todo lo contrario.

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Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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