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Defensa del monólogo interior en las redes sociales

Defensa del monólogo interior en las redes sociales

Defensa del monólogo interior en las redes sociales
enero 19
16:50 2014

La chica se hace un ‘selfie’ de la cadera hacia arriba, cliquea dos o tres veces, escoge la imagen que más le gusta y en un santiamén la ha puesto a circular desde su dispositivo móvil en más de 10 redes sociales al mismo tiempo. Es una polifonía de cuerpos y voces expuesta a múltiples lectores y lecturas. Siento envidia de no poder narrar de esa manera.

La reinterpretación del presente, en tiempo real, con la amplitud de miras y conexiones que supone una red contemporánea, deja pasmados a muchos. Los que critican el vedetismo, la obsesión por el cuerpo y el hedonismo actual, echan por tierra los presupuestos de los clásicos contemporáneos, como los ofrecidos en Ulises, de Thomas Man, o El cantar de los cantares, de Mío Cid. ¿A alguien se le ocurre otro Rui Díaz de Vivar sin la superposición de características personales para que nos llegue aún hoy con la frescura en que se encuentra una obra maestra de ese calibre? ¿Alonso Quijano, distante y frío, sin hablar de sí mismo porque a don Miguel le hacía urticaria la cercanía de la primera persona? Nunca.

La sociedad actual es así de repetitiva y ambivalente, así nos ha llegado y así debemos aceptarla o estamos falseando la distancia que hay entre nosotros y esos personajes que nos está poniendo delante nuestro mayor Escritor Universal.

Un chico sale del Gym en Chattanooga y se fotografía frente al espejo. Incluye la hora, lugar, cantidad de barras que soportó y la tortura de los fierros para elevar su musculatura. Su imagen es idéntica a la de doscientos chicos más en ese mismo instante. La sociedad actual es así de repetitiva y ambivalente, así nos ha llegado y así debemos aceptarla o estamos falseando la distancia que hay entre nosotros y esos personajes que nos está poniendo delante nuestro mayor Escritor Universal.

Recuerdo el Oscar Matzerath, de Gunter Grass en El Tambor de hojalata, o todo el cuerpo narrativo para hacernos llegar Aura, de Carlos Fuentes. La misma foto que hacen las madres de hoy a sus hijos en la playa, el mercado o las postales que se envían miles de chicos de una ciudad a otra, narrando alegrías, desgracias y sueños por cumplir, terminarán narrando, narrándonos a nosotros en una conjunción de planos no vista antes. O mejor dicho, solamente comparable a grandes obras de la literatura y el cine universales que se concentraron en el punto de vista del autor y narraron desde unas primera y segunda personas que nos han hecho envidiar, gozar y hasta plagiar con el descaro con que hoy criticamos a los chicos en las redes sociales.

El mundo se hizo para eso, para ser narrado desde una multiplicidad de voces, como lo exijan los tiempos. Ahora mismo estamos siendo narrados mientras criticamos esos teclazos que nos envía el Altísimo, a través de los dedos adolescentes y los artilugios de las nuevas tecnologías.

Suframos. Aprendamos a gozar nuestra envidia.

Sobre el autor

Luis Felipe Rojas

Luis Felipe Rojas

Luis Felipe Rojas (San Germán, 1971). Escritor, periodista y realizador audiovisual. Gestor de contenidos multimedia y fotógrafo free lancer. Edita el blog Cruzar las Alambradas desde el año 2009. Ha publicado los poemarios “Secretos del monje Louis” (2001), “Cantos del malvivir” (2004), “Anverso de la bestia amada” (2005) y, con Neo Club Ediciones, “Para dar de comer al perro de pelea” (2013). Actualmente reside en Miami.

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1 comentario

  1. Armando Añel
    Armando Añel enero 21, 00:39

    Fabuloso. Estamos contigo.

    Reply to this comment

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