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Del aplauso y la política del maquillaje

Del aplauso y la política del maquillaje

Del aplauso y la política del maquillaje
mayo 14
16:53 2014

 

No es amargo fruto de la vejez. Es cosa de siempre en mí el miedo a recibir un aplauso. Porque aprendí que tras el aplauso vienen las pedradas, los insultos.

A eso le llaman “estar a las verdes y a las maduras”. Y  tengo  la satisfacción de saber estar siempre  más a las verdes,  porque por cada rosa que he recibido me dieron cien palos.

Ya es tanta la costumbre, que me da igual recibir el palo que la rosa.

Pero hay un momento en el que son tan terribles los palos que no queda más remedio que sacudirse  la indiferencia y salir al paso de la animosidad que pueda haber provocado un mínimo ramillete de aplausos que por distintas vías me otorgaron recientemente.

En esa línea de pensamiento dejé pasar, como si no lo hubiese leído, el  gravísimo insulto de llamarme antisemita sólo por decir que la política expansionista que cierto sector de Israel practica  a costa de los palestinos es algo intolerable. Pude responder diciendo que para saber lo que es un antisemita basta con leer cierta novela escrita por quien primero me lanzó la  piedra.  Pero preferí callar.

De igual modo callé cuando se me arrojó una lluvia de insultos por el elogio  a Dulce María Loynaz el día que recibió el Premio Cervantes.  Entre esos insultos, hubo el de una fina  señorita que afirmó que no le extrañaba mi actitud, “porque el negro siempre la hace, a la entrada o a la salida”. Algún que  otro comentarista se apresuró a desenfundar la recortada y sólo cuando la Loynaz dijo que el problema de Cuba no era el embargo, me suspendieron el barraje de necedades.

El homenaje que quisieron rendirme en  la Universidad Pontificia de Salamanca se interpretó por algunos listos como una maniobra de Castro a la que  yo me prestaba por aceptar las adhesiones que espontáneamente  llegaron  de poetas y profesores cubanos  cuyo “delito” es vivir y trabajar en Cuba para ganarse la vida. Quizás yo no tenga méritos para que se me ofrezca un reconocimiento  en una institución cultural, pero ni organicé el acto ni distribuí invitaciones.  A cuantos participaron,   les agradecí y les sigo agradeciendo su demostración de aprecio, porque no soy un  salvaje, ni  la grosería  es mi fuerte.

Hace poco, porque el teletipo trajo la noticia de que el profesor José Prats Sariol, un crítico  estudioso de la generación de Orígenes, dio una conferencia sobre mis poemas en la Universidad de La Habana, fuentes  guardianes de la lucha contra Castro lanzaron bombas contra mí y contra el  profesor, sin querer ver que la única novedad  en todo eso era que el régimen permitiera la difusión del hecho. Dentro de la política del maquillaje que está desplegando aceleradamente  La Habana,  entran esas pequeñas licencias.  Pero esos profesores y esos poetas llevan años en la misma actitud que  manifestó Prats Sariol al hablar en  la Universidad. Sólo que hasta ahora estaban asfixiados  por la intolerancia estalinista. Comienzan a respirar. No son hipócritas; el régimen es el hipócrita.

Porque en una entrevista que me hicieron sobre el raro fenómeno de la conferencia dije que estoy  agradecido a Prats Sariol, ahí en Miami se dijo que yo había felicitado y agradecido al gobierno de Castro. Esto se dijo por personas que comen serpiente y desayunan extracto de alacrán. Como  el señor que propaló por Miami que yo había almorzado con Armando Hart y con Silvio Rodríguez, connotados  servidores del régimen. Era una idiotez, pero quedó la infamia revoloteando. Como  quedó la “noticia” publicada en Madrid  por un individuo ferozmente  antinegro sobre un supuesto  viaje mío a La Habana para recibir honores.

Que el neonazi español dijera esa tontería no me extraña, porque es hombre contumelioso y pestilente. ¡Pero que en Miami  creyese alguien semejante  estupidez es lo que duele! Duele a pesar de la experiencia que da la vejez y del desengaño sobre la condición humana.

El uruguayo Florencio Sánchez decía: ¡Oh, envidia, corazón de América! Pudo agregar: ¡Cuánta  gente sale con el palo en la mano al escuchar un aplauso a otro, por mínimo que sea!

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Una primera versión de este artículo apareció en 1994. Cortesía El Blog de Montaner

Sobre el autor

Gastón Baquero

Gastón Baquero

Gastón Baquero (Banes 1914 – Madrid 1997). Poeta y periodista, considerado un clásico de la literatura cubana con poemarios como "Memorial de un testigo" y "Saúl sobre su espada", autor de las revistas Orígenes y Espuela de Plata, se exilió en España en la primavera de 1959, tras el ascenso al poder del castrismo.

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