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Del asombroso acontecimiento

Del asombroso acontecimiento

Del asombroso acontecimiento
noviembre 30
11:45 2013

Primero, la consciencia del asombroso acontecimiento que es la Tierra. Su perfecta, diríase que milagrosa ubicación en el espacio, inútilmente asolada por el vacío de la galaxia, del universo referencial. Ha afirmado Juan F. Benemelis que “Marte es un planeta sospechosamente perfecto para la colonización humana; ofrece la impresión de una programación cuidadosa para facilitar su conversión en una segunda Tierra. Existe tan excelente sincronía y ubicación del círculo de planetas internos del Sistema Solar, que se presenta como si la Luna y Marte fueran pre-manufacturados evolutivamente, calculando los pasos de nuestra eventual salida de la Tierra y expansión hacia el resto del Sistema Solar” (De lo finito a lo infinito). Se presenta como si la propia Tierra, en su extraordinaria diversidad, fuese pre-manufacturada evolutivamente, en una suerte de descomunal operación de ingeniería divina. Y todavía hay quien anda cabizbajo y se estresa, tras haber sido escogido –o “haberse escogido”— para esta aventura sin igual que es la vida.

Segundo, la consciencia del inconmensurable prodigio de haber nacido. Uno entre un millón y nunca mejor dicho: señalados por Dios –si Dios existiera—, o diseñados para Matrix –si Matrix funcionara–, o productos de nuestra imaginación –si estuviéramos ahora mismo soñándonos tras la ingesta de un alucinógeno del futuro–, hemos atravesado las paredes envolventes, los conductos sinuosos, hacia el tercio distal de la Trompa de Falopio, en una carrera loca de todos contra todos en la que nuestras posibilidades de imponernos eran prácticamente ridículas. Y sin embargo, lo logramos. Fuimos escogidos, o nos impusimos categóricamente, sin medias tintas ni titubeos, arrasando en nuestro protoplasma vertiginoso. Pequeños dioses convertidos en el Dios que somos. Como afirma Emenegildo Evans en Erótica: “Imagínese acelerando en las tinieblas de una autopista sin fin, escoltado durante horas por cientos de miles de conductores empeñados en superarlo, desesperados por arribar a la meta-óvulo sin su intermitente compañía. Imagine la hazaña incomparable que constituye su victoria, su impositivo arribo a la meta”. Imagine todo eso y deje ya de quejarse.

No desperdicie el milagro de Ser, no priorice los contratiempos. Después de todo, y para decirlo otra vez con Evans, usted es un ganador, usted está leyendo.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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