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Del Big Bang a la colonización de la Vía Láctea

Del Big Bang a la colonización de la Vía Láctea

Del Big Bang a la colonización de la Vía Láctea
mayo 29
13:09 2014

Nuestra actual civilización debe sobrevivir tanto al peligro del impacto de un gran meteorito como al agotamiento de los recursos energéticos viables, y la única opción es la de establecer colonias humanas en otros sitios del Sistema Solar.

La Tierra es en la actualidad una civilización de Tipo-0, y obtiene su energía de plantas muertas (petróleo y carbón) creciendo a una tasa media del 3% anual. Los sistemas de propulsión disponibles para una civilización de Tipo-0 como la nuestra, son los cohetes químicos, los motores iónicos, la energía de fisión y la propulsión electromagnética. En la actualidad, casi todos nuestros cohetes están basados en reacciones químicas, y tienen un impulso específico bajo, de millones de libras para unos pocos minutos.

Freeman J. Dyson —físico de la universidad de Princeton— estima que en un par de siglos alcanzaremos el rango de civilización Tipo-I. Nos hallamos, precisamente, a punto de concluir esa etapa de globalización de las economías, de la información, el uso de pocos idiomas, el control energético planetario, un sistema de comunicaciones integrado (Internet) y con valores políticos y culturales más afines. Con un modesto crecimiento, nos pueden tomar tres milenios lograr el nivel de civilización Tipo-II, o sea, tomar posesión de la energía total del Sol, y seis milenios más para entrar en el nivel de civilización Tipo-III.

Cuando salgamos de la botella y rebasemos nuestro medio amniótico planetario, jamás regresaremos al mismo. Franquearemos hacia una era donde la Tierra será receptora del fruto del crecimiento de trillones de humanos, de su poder económico e ilimitados niveles educacionales.

Será cuando juzguemos el formidable valor económico y cultural de un humano, poseedor de una conciencia creadora más eficiente y superlativa que cualquier inteligencia artificial o realidad virtual. La esterilización forzosa, los despoblamientos maltusianos y la fobia migratoria pertenecerán al escalón del primitivismo, de la incomprensión del poder y de la inteligencia humana como fuerza primordial del Universo. En vez del universo-reloj bosquejado por Isaac Newton, donde el pasado pre-ordenaba el porvenir, la vida ha creado un universo orgánico e indeterminado, con un horizonte venidero impredecible, con infinidad de probabilidades de futuros potenciales en nuestras manos.

La vida es una fuerza apocalíptica, lo único con capacidad de crecimiento exponencial y de animar lo inanimado, capaz de sobreponerse al fatalismo de la entropía del Universo, de revertir la aniquilación que parece implícita en el futuro cósmico, cuando se produzca el proceso inverso al Big Bang: la implosión del espacio estelar y de toda la materia universal. Contra la fría lógica del Universo, contra su posible destino fatídico, estaremos jugando la carta del crecimiento exponencial humano, la reacción en cadena de la vida y de la inteligencia, lo único que puede solucionar el destino final del Universo, si es que éste se comporta como lo hemos concebido hasta ahora. Nuestra razón de ser y la culminación de nuestro destino como especie, es poblar el Sistema Solar, poblar la Vía Láctea, poblar el cosmos: llevar el fuego vital prometeico hacia las frías extensiones espaciales, y decidir el destino del Universo.

A lo largo de nuestro peregrinaje, iniciado hace dos millones de años —cuando se comenzó a utilizar la piedra como instrumento, y luego de reflejar un pensamiento religioso, filosófico y artístico—, el triunfo tecnológico contemporáneo nos ha proyectado con prisa hacia el espacio como nuevos Odiseos, viajando por la estratosfera y lunalizando astronautas, buscando erráticamente el quimérico hogar espiritual, enfrentados constantemente a nuestros monstruos inmortales. Por eso, la colonización del espacio no es únicamente un esfuerzo para nuestro usufructo; nuestra obligación y destino cósmico es transportar a las estrellas todos los prototipos conocidos de existencia, para sostenerlas y protegerlas eternamente, y reproducir la biota de la Tierra no una, sino millones de veces, y no sólo en nuestro Sistema Solar, sino por toda la Vía Láctea y, eventualmente, por todo el Universo.

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Sobre el autor

Juan F. Benemelis

Juan F. Benemelis

Juan Benemelis (Manzanillo, 1942). Diplomático, historiador y ensayista. Ha publicado más de una veintena de libros centrados en diversas temáticas, que van de lo científico a lo histórico. Entre ellos, "Las guerras secretas de Fidel Castro", "Castro: subversión y terrorismo en África", "Paradigmas y fronteras. Al caos con la lógica", "De lo finito a lo infinito", "El Corán y el Profeta", "Islam y terrorismo" y "La memoria y el olvido". Reside en las afueras de Miami.

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