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Del conformismo en la literatura cubana

Del conformismo en la literatura cubana

enero 13
17:46 2013

gurdjieff-louis-pauwelsPara mí, existe una literatura de baja calidad circulando por las librerías y bibliotecas del mundo. Muy pocos son los libros que me gustaría reseñar escritos por autores que residen fuera y dentro de Cuba. ¿Por qué?

En la sección IV, denominada “Literatura”, del libro Gurdjieff, Louis Pauwels, el creador del realismo fantástico, dice que a finales de 1950 Francia poseía una literatura que ejercía, en sentido general, un peso como materia del “conformismo”. El calificativo de “conformista” respondía según Pauwels a que los autores no sacrificaban la literatura “a la búsqueda y la formulación de un método de conocimiento del hombre interior (como lo habían hecho, por ejemplo, Joyce, Proust, Faulkner o Samuel Beckett)”.

¿Qué sacrifica como materia de conformismo la literatura? Las partes por encima del todo. Los sucesivos yoes por encima del yo permanente. La literatura ejerce el mismo sentido que el mito de Sísifo. Esconde la desmesura, la variedad de “yoes” con la falacia de un “yo” permanente. La literatura se conforma con ocultar el “todo” del hombre a través del conjunto de sus “yoes”. Entonces, dice Pauwels, no se puede escribir y narrar “La marquesa tomó el té a las cinco”. ¿Quién toma el té a las cinco, si antes y después hubo y habrá otra marquesa, otros yoes en funciones? Si digo “la marquesa tomó el té a las cinco” entonces ésta no existe como tal, porque la marquesa viene cambiando de “yo” a lo largo del día. A la cinco ya no existe la marquesa que vivió a las dos.

Por eso, en gran medida, la literatura francesa se la había pasado hablando sin saberlo en términos de no existencia del hombre. Nada resulta real a la narrativa si continúa obviando que el narrador debe tomar conciencia, en sí mismo, de la futilidad de los sucesivos “yoes” que lo dominan. El narrador que escribe a las cinco debe estar consciente de que no es el escritor que narra a las ocho. Tanto en el objeto del personaje narrado como en el narrador no existe un “yo” permanente, un todo que justifique una existencia real.

Puede que se le llame “realismo” a narrar la vida cotidiana del hombre al pie de la letra, pero éste no será un realismo en el verdadero sentido de la palabra, en el sentido existencial. El escritor tiene que alcanzar, para llegar a ser un verdadero escritor, una segunda fase, la de la máxima cristalización del ego. Es necesario –según Pauwels– que el escritor alcance un “yo” permanente, un centro de conciencia no para hacer “literatura inferior”, no para caer en la sumisión de lo aspirado, arte subjetivo y lenguaje de la ausencia aceptada, sino para nombrar lo creado, para hacer “literatura superior” y arte objetivo.

Constantemente somos vapuleados por lo que contemplamos. Narramos lo que vemos, lo que nos sucede, solo con el objetivo de auto-conservarnos, para no sentir el desarraigo, el no-ser. A menudo la narrativa juega un papel de seguridad y condicionamiento, puesto que no es difícil aplacar el complejo de inferioridad que yace en el falso concepto del “yo” permanente. Pero cuando contemplamos una escena para ser narrada y le sumamos al unísono una mirada al centro real de lo que somos –si hago acto de referencia del poeta que soy–, entonces convocamos la existencia real creando la escena. Entonces la narrativa deja de estar hueca, sin contenido, sin pretensiones lingüísticas. Como apunta Pauwels citando a Cézanne, “yo no cito más las cosas, no las llamo más como testigos de descargo en el perpetuo proceso de mi falsa vida, no cuento más historias con respecto a ellas, no hago ya literatura, las nombro”.
 
Y nombrar equivale a narrar y contar en una perspectiva de narrativa superior. En el caso de la literatura cubana, este “conformismo” narrativo, a través del cual se enmascara el supuesto ” yo” permanente y se desvirtúa el verdadero centro de la conciencia narrativa, tiende a tener sus propias especificidades. Tiende a mantener la sincronía con ese “yo”, aparentemente real, bajo la égida del discurso de la insularidad y mediante la historia de la identidad cultural. Tanto el objeto como el sujeto narrativo en este caso están sujetos al control de cierto discurso promovido por las instituciones sociales y culturales cubanas a lo largo de su historia. Los narradores cubanos se ven vapuleados en gran medida por la sumisión del discurso nacional. No hay en la narrativa cubana un discurso creativo que aspire a desentenderse del cadáver de la patria y la identidad cultural.

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