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Del Homo castrista a los cuadrados

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Del Homo castrista a los cuadrados

Portada del disco de Ediciones Rocinante (Venezuela, 1969), que recoge canciones dedicadas al Che Guevara por Pablo Milanés, Vicente Feliú, Noel Nicola y Elena Burke, entre otros

Del Homo castrista a los cuadrados
junio 01
13:25 2016

 

No existe una experiencia más surrealista que vivir encadenado a una nube. Cuba es eso, una Andrómeda. Vivir en una burbuja, lejos del mundo, de las fronteras y del cielo. La forma de la felicidad no rebasa la ilusión, la praxis y la tertulia opositora de la cocina. Praxis equivale a revolución, o a tierra baldía, vivir al día, arar la perra vida. Disentir dentro de la casa, por ejemplo, hablar bajito en la cocina, mantiene viva la condición humana, léase rebelión detrás de la puerta.

En 1959, los revolucionarios adultos bendecían la locura de las barbas; los niños de aquel entonces, los bitongos, no conocieron otra cosa que la “tierra prometida”, un sueño que tenía algo de encantador y romántico. De niño uno prefiere ser Sandokán y Batman que Fidel, pero se dijo que Fidel Castro era el nuevo Robin Hood, o sea, historia sagrada. Cuba devino la Numancia púrpura del Caribe. En otras palabras, se impuso el arte estoico de sufrir y la filosofía del adentro (oposición entre cuatro paredes) que es muy similar a la disidencia en la cocina que describe la premio Nobel bielorrusa Svetlana Alexiévich en su libro El fin del Homo Sovieticus.

Aquel cambio fue tan apoteósico que la gente reemplazó los cuadros de las paredes: a Jesucristo y Batista por los nuevos héroes, Fidel y Camilo Cienfuegos, luego Marx y Lenin. Martí se quedó, incólume, pero le quitaron el título de apóstol. Los adultos dijeron que venían tiempos mejores y los profetas proclamaron la victoria de las ideas. ¿Cuáles ideas? La realidad es que las revoluciones parten de cero, el pasado es basura, el futuro es lo que cuenta y el presente es la odisea, no la de Homero ni la Stephen Dédalus (Joyce), sino la de una suerte de batalla épica y esquizofrénica de David contra Goliat (Robin Hood contra el imperialismo yankee). La cubana fue la revolución del eufemismo y de los discursos maratónicos, de los pósters y la nueva trova, del internacionalismo proletario, del sofisma y del Nuevo Hombre, un comunista puro, simbolizado por el guerrillero argentino Che Guevara. Hizo época el “intelectual comprometido” frente a los acosados librepensadores (“Dentro de la revolución todo, contra la revolución nada”, sentenció Castro, durante el caso Padilla, en 1971).

Fin del homo cubensis democrático

Este período agresivo contra el pasado burgués y la oposición interna membreteada como “contrarrevolución” y “gusanos” (1959-1970) marchó paralelo al anticolonialismo, la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, Yuri Gagarin en el espacio, la muerte de Kennedy, revelación de los crímenes estalinistas, el movimiento hippie, la revolución musical de los Beatles, la invasión soviética a Checoslovaquia (1968), la revuelta estudiantil izquierdista de París (1968), la Guerra de Viet Nam. La era de los cantos triunfales del comunismo, los hurras universales, culminóٖ en Cuba en la primera constitución comunista cubana, de 1976, plagada de hoz y martillo y subordinación satelital prosoviética. Se fue al carajo la constitución de 1940, fin del homo cubensis democrático. En Francia dos grandes intelectuales se enfrentaron: Jean-Paul Sartre (existencialista, pro estalinista y maoísta) y Albert Camus (humanista, anti estalinista). La izquierda apoyó el castrismo y sus manías subversivas internacionales, con sus excepciones (y muchas deserciones) (1), y desde luego, mantuvo la solidaridad hacia el proyecto utópico de la URSS. Los intelectuales cubanos vivenciales con el régimen predominaban, al menos públicamente, sobre las herejías disidentes que se iban manifestando: Cabrera Infante, Heberto Padilla, Lezama Lima, Reinaldo Arenas, Néstor Almendros, Zoé Valdés y otros.

El cuadrado perfecto (Hombre Nuevo)

Por los 70, ya se manifestaba un tipo nuevo de hombre cubano, resultado de la química ideológica y de la naturalizaciٖón del modelo autómata “comecandela”, es decir, había surgido el homo castrista, el cuadro, el fanático institucionalizado, algunos le llamaron “cuadrado”. Comecandela es el castrista extremista, simbiosis de Fidel y el Che. El cuadrado integra la nomenclatura (le llamo castrocracia); la high (altura social), así se le dice en Cuba; la “monarquía” le llamó el nieto del Che Guevara, Canek Sánchez. Son los hijitos de papá, familiares, burócratas, miembros del comité central y militares del estado mayor, los privilegiados, la nueva clase. Al perteneciente a la cúpula castrista el pueblo le llama “mayimbe”, sinónimo de “jefe” o potentado, suelen usar guayabera y tener carro. No confundir con el “maceta”, que genéricamente es el nuevo empresario o nuevo rico, aunque en la práctica hay mayimbes macetas, y mayimbes segundones. Sin embargo, a los millonarios en Cuba solo se les encuentra en los círculos cercanos a la familia Castro, los llamados “históricos” (gerontocracia).

En la base los cuadrados forman las legiones de funcionarios menores, directores de empresa, chivatos, oportunistas, intelectuales con buenos cargos. En la base-masa popular hay de todo, incluyendo a los repugnantes estamentos que se prestan para reprimir disidentes en los llamados “mítines de repudio” (progromo). Esos no son cuadrados, sino los diablos cheos (estalinistas, fascistas).

Ser un cuadrado en Cuba es, por antonomasia, el castrista puro (estalinista tropical), símbolo de la intolerancia obtusa y ciega. Lo contrario del cuadrado, en la ideología oficial, es el flojo, el blandengue, el desviado, el equivocado, el que “no está claro”, el ciudadano (que no es lo mismo que el compañero, alusión revolucionaria), el lumpen, así como los enemigos declarados: escoria, diversionista ideológico, gusano, apátrida, desafecto, contrarrevolucionario, agente de la CIA, reaccionario, retrógrado, vendepatria, etc.

El cuadrado del siglo XXI

El Nuevo Hombre del siglo XXI, por razones generacionales y tras la caída del muro berlinés (1989) renovó su imagen, para no parecerse al cheo arlequín, tipo Roberto Robaina. El nuevo castrista, políticamente correcto, a veces huele a pragmatismo, ilustración y capitalismo. En una sociedad de dirigencia machista, la hija de Raúl Castro abandera la causa de los homosexuales. Algunos ministros y empresarios encumbrados, así como los hijos de los jefes de la revolución, más aburguesados no pueden ser. Pero, ¿qué pasa en las esferas subordinadas, los de abajo?

En el mundo cultural sobresalen los bufos chabacanos y los intelectuales orgánicos oficiales; son numerosos los oportunistas de perfil bajo y de doble moral desmesurada. Algunos de estos, al desertar al exilio, se convierten en procastristas, neocomunistas o izquierdistas radicales, a veces en entes infantiles de derecha.

En la base, el nuevo hombre evolucionado, hambriento de consumo más que de ideología, por lo general tiende a ser un impostor, de corazón gusano, aunque sea miembro del partido. A veces se le llama “camaján”. Este tipo de revolucionario se ha generalizado entre la clase media –si se le puede llamar así– que ha promovido pequeños negocios permitidos por el sistema, y asimismo el vocablo se aplica a los acomodados y privilegiados.

El hombre nuevo actual, entre los más jóvenes, es una extraña mezcla de actitud antisistema (gusanería), oportunismo, cultura tercermundista, mala educación y filosofía de la libertad (fuga en balsa). Algunos son apolíticos, otros un poco contestatarios, pero no hay un sector de gran relieve representativo que permita hablar de una generación rebelde de masas, lo mismo que sucedía en el bloque soviético, y volvemos al principio: la oposición tiene pocas figuras públicas realmente desafiantes, pero detrás de la puerta hay millones.

Disidencia en la cocina

Mientras se fríe un huevo, la familia cubana alrededor de la estufa es conspiradora, pero solo entre cuatro paredes. La conciencia fluye con humor, rabia, pesimismo, ansia de libertad. Más de medio siglo sin Dios, ni milagros, ni maná. Una revolución de ilusiones perdidas y cero cambios. Así era en la Unión Soviética, 74 años de disidencia alrededor de la cena insípida, con miedos patológicos, hasta que llegó la Perestroika. Es muy común que los debates en la cocina terminen en el sueño más querido de los cubanos: escapar al exterior, mejor a Estados Unidos. Toda conspiración acaba cuando el sueño no se baja de la nube. La justicia parece que viene de la mano de la guadaña de la historia, si acaso.

Ese mundo cuadrado, cerrado y controlado que es Cuba (totalitarismo de 57 años) persiste pese a una serie de menudos cambios edulcorantes de la imagen dictatorial y de las nuevas relaciones restablecidas con Estados Unidos. El gobierno cubano, gestando el capitalismo a paso de tortuga, parece más interesado en el arte de la inmortalidad comunistoide que en el Apocalipsis. La nueva rara especie anunciada, el capitalismo amarillo, que los chinos han puesto de moda, nadie sabe si será cuadrado o descuadrado.

Notas

(1) “El vuelo de la izquierda”, por A.Ramos Z. En: http://neoclubpress.com/el-vuelo-de-la-izquierda-0541383.html

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Sobre el autor

Antonio Ramos Zúñiga

Antonio Ramos Zúñiga

Antonio Ramos Zúñiga es un periodista freelance, además de dedicarse a la arquitectura, la fotografía de viajes y la historia del arte. Actualmente investiga el patrimonio cultural de México, donde reside. Es miembro de la Asociación de Amigos de los Castillos de Puerto Rico y de la junta de editores de la revista Herencia, en Estados Unidos. Ha publicado en periódicos y revistas de varios países y recibido premios por sus trabajos. Es autor de "La ciudad de los castillos" (2006) y de las novelas "Cornatel, el secreto español" (2014) y "Bonos chinos. Todo se sabe en la vida" (2015).

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1 comentario

  1. tony
    tony junio 03, 13:45

    No, Luis, no me olvidé de nadie, es que trato el tema desde 1965-76, cuando el cubano se fidelizó rusificándose (rojo con verde olivo). Antes eran azules, como los cubanitos idealistas de mi libro Los Verywelles. En su momento hablaré de los cubanos de los 50

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