Neo Club Press Miami FL

Del miedo a lo desconocido

 Lo último
  • Cómo pasar del subdesarrollo al desarrollo   La corrupción no nace en la política, como asegura el lugar común repetido incansablemente en las redes sociales y otras tribunas y foros. Culpar una y otra vez a...
  • De la inmortalidad y el cerebro   Existe una incongruencia básica entre nuestro tiempo fisiológico, o edad, y nuestro tiempo dimensional físico, como demuestra la teoría de la relatividad. A edades diferentes de la vida, existen...
  • El biocentrismo: Más allá de la muerte   Según el Biocentrismo, basado en la teoría del doctor Robert Lanza, la vida y la muerte tal como las conocemos son una ilusión creada por la mente. Nada de...
  • La ciudad global   En la actualidad el proceso integrador planetario está en manos de grupos de intereses históricos y/o especiales, que se declaran globalizadores o antiglobalizadores con posturas preconcebidas, ceguera y voluntarismo,...
  • Industrialización vs biodiversidad   La industrialización ha sido el principal motor impulsor del desarrollo. Implica la producción industrial masiva en la economía de un país (o conjunto de estos). Pretendidamente se basa en...

Del miedo a lo desconocido

Del miedo a lo desconocido
septiembre 21
22:51 2015

 

Los hombres temen la muerte así como los niños temen a la oscuridad; de la misma manera en que crece ese miedo natural en los niños —al escuchar umbríos cuentos e historietas de fantasmas—, el ser humano en general siente una profunda aprensión no sólo por la muerte, sino por todo aquello que represente lo desconocido: Hasta ahora, mi única cirugía cuyo procedimiento ha requerido anestesia general fue una amigdalotomía, cuando apenas contaba yo con diez años de edad.

Recuerdo vívidamente el espectro de aquella enfermera cuya misión era la de aplicar el primer calmante en forma de inyección en el trasero. Se suponía que debería yo permanecer acostado y relajado en la camilla, mientras me trasladaban de mi habitación al salón de operaciones y, sin embargo, durante ese interminable lapso me recliné en un codo, queriendo ver todo lo que acontecía a mi alrededor. Formulé constantes preguntas. ¿Iba este ascensor al cuarto de operaciones? ¿Cómo era la terrible cámara? ¿Iba a tener yo que quedar completamente dormido? Estaba tan ansioso por conocer, que rehusé tenderme tranquila y lánguidamente sobre las tibias sábanas de la camilla, no dejaba que la relajante sensación producida por el primer sedante indujera el apacible sueño. Aún cuando estaban a punto de colocarme la máscara, a fin de administrar el éter, me encontraba yo urdiendo preguntas. Estaba tan tenso que ( al parecer) aplicaron una pequeña sobre dosis del peligroso calmante. Se llevaron diez largas horas para que despertara, de regreso en la habitación, el olor a éter ( dice mi madre) la puso a dormir. Una vez le pregunté a un médico si una sobredosis de éter podría matar una cantidad considerable de células cerebrales. Le dije: “¿Fuera yo más inteligente si no me hubieran puesto esa sobredosis de anestesia?”. A lo que el hombre replicó: “Estoy sorprendido de que todavía puedes caminar y hablar”. Entonces razono: Con razón no he podido solucionar todos los misterios del universo a estas alturas (por culpa de aquella sobredosis).

Ya en serio. Muchos sicólogos argumentarían que la curiosidad que me impulsaba a hacer preguntas, mirar y escuchar todo lo que acontecía momentos antes de la cirugía, era una manifestación natural del miedo— el irresistible miedo a lo desconocido. Acaso es por ello que Saint-Exupéry dijo que el hombre se imagina que es a la muerte a lo que teme, pero que, en realidad, lo que teme es lo desconocido. De hecho, muchos destacados intelectuales creen que el miedo a lo desconocido es íntegramente responsable por los impulsos humanos hacia la exploración y el descubrimiento de las realidades del plano físico y metafísico. El miedo a lo desconocido es, de facto, en muchas instancias, la fuerza subyacente que promulga la disquisición científica. Y, consecuentemente, constituye el aguijón para el desdoblar de gran parte de las actividades humanas, el infinito socratismo, el método dialéctico, donde cada pregunta va a ser siempre más grande y abarcadora que cualquiera de las posibles respuestas.

Etiquetas
Compartir

Sobre el autor

Pedro Díaz Méndez

Pedro Díaz Méndez

Pedro Díaz Méndez (La Habana, 1966) es un licenciado en Literatura Española. Estudió en Los Angeles Trade Tech, donde recibió el diploma de Asociado en Artes Liberales en 2011, y el premio de honor del presidente de la institución en tres ocasiones. En la universidad jesuita de Loyola Marymount de Los Angeles, obtuvo su B.A. summa cum laude y el premio al académico del año en el programa de español de la susodicha institución. Es miembro de la Sociedad Hispánica de Honor (Sigma Delta Pi). Ha publicado varios ensayos de crítica literaria en la revista La Voz, entre los que se encuentran “Yo y mi otro yo: Manuel Machado y el dandi en El Mal poema” y “Nación y masculinidad en la España de fin de siglo”.

Artículos relacionados

0 Comentario

No hay comentarios

No hay comentarios, escribe el tuyo

Escribe un comentario

Escriba un comentario

el Instituto la Rosa Blanca entrega tercer premio “Juana Gros de Olea”. enero 28, 2017:

Letras Online

LA REVISTA INTERACTIVA DE NEO CLUB PRESS
  Gastón Baquero

Palabras escritas en la arena por un inocente

Gastón Baquero

                  Yo no sé escribir y soy un inocente. Nunca he sabido para qué sirve la escritura y soy un inocente. No

0 comentario Leer más
  Amir Valle

Hoy almorzaremos con El Duque

Amir Valle

A Demetrio Ruiz, que murió en Boston, huyendo de sus fotos de pelota, todavía hoy pegadas a la sala de su casa, en Miami.   Un comemierda. De eso tiene

0 comentario Leer más
  Otilio Carvajal

Desintegración de la fe

Otilio Carvajal

para Ángel Santiesteban, en El Vedado                 Es cruel se sabe salir del cerco con todas las estaciones intactas Salir semejando al asesinato

0 comentario Leer más

Festival Vista Miami