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Del totalitarismo marxista al autoritarismo gramsciano

Del totalitarismo marxista al autoritarismo gramsciano

Del totalitarismo marxista al autoritarismo gramsciano
abril 17
23:35 2014

En los tiempos de Marx y de la brusca y agitada liberalización política y económica del diecinueve, la sociedad civil, concebida como sujeto material y concreto, adquiere una supuesta capacidad de acción y movimiento que no sería otra cosa que mortandad y estancamiento. Y de la sociedad civil marxista pasamos a la sociedad civil gramsciana, antinaturales ambas.

Gramsci funde en una sola cosa lo civil y lo estatal y, como los católicos en versión aristotélico-tomista, pero sin lo sacro, apuesta por la sociedad perfecta, y piensa que cuando el Estado lo es todo la sociedad civil recupera con ello su concreción ideal y consolida su hegemonía ética, política y cultural. Gramsci vaticinó que el poder político sobre la sociedad había que tomarlo desde los sistemas escolares y académicos, los centros culturales y los medios de prensa. Contrario al marxismo, el gramscismo no tiene nada de obrerismo revolucionario, sino mucho de intelectualismo revolucionario. Justo lo que sucede al presente en el mundo occidental, empezando por Estados Unidos.

Si Estados Unidos había encarnado la libertad durante dos siglos al menos, es probable que ahora, gracias al gramscismo, eso estaría dejando de ser cierto.

Contrario al marxismo, el gramscismo no tiene nada de obrerismo revolucionario, sino mucho de intelectualismo revolucionario. Justo lo que sucede al presente en el mundo occidental, empezando por Estados Unidos.

Así, el olvido de la tradición y la herencia, el alejamiento de los mitos fundacionales y la caída bajo el influjo de los mitos disfuncionales llevarían al actual presidente estadounidense, Barack Obama, a cometer uno de los más grandes tropiezos durante su reñida campaña por la Casa Blanca en 2008. El tropiezo ocurrió antes de las elecciones primarias en Pensilvania, al decir el entonces senador que muchos vecinos de pequeñas poblaciones obreras de ese estado estaban amargados y que, en consecuencia, se aferraban a las armas y a la religión para compensar sus frustraciones y problemas económicos.

Unas declaraciones que indicarían desconocimiento de la nación que al presente gobierna, pues dos de las insoslayables bases sobre las que se ha erigido la nación estadounidense serían, precisamente, el derecho ciudadano a la tenencia, porte y ejercicio de las armas, por un lado, y el derecho a la libertad de religión por el otro.

Olvidaba Obama que ambos derechos aparecen ya en The Bill of Rights o la Lista de los Derechos del Ciudadano, esa que, firmada el 15 de diciembre de 1791, define realmente a Estados Unidos, y sin la cual la Constitución nunca hubiera llegado a ser la Ley Suprema de la Nación. Olvidaba Obama que relacionar los problemas económicos con la fe, la fe como consecuencia de los problemas económicos, tiene más que ver con el apotegma leninista de que la religión es el opio de los pueblos (mito disfuncional clave) que con la realidad de un pueblo que ha hecho imprimir en su moneda In God We Trust.

Olvidaba Obama que la mayoría de los grandes monumentos arquitectónicos y artísticos de la humanidad, todos aquellos que nos definirían frente a una hipotética colonización extraterrestre, se los adeudamos más a la religión y a la opulencia que a los problemas económicos.

Obama, su generación en suma, no sería otra cosa que el producto final de una sociedad antinatural al estilo gramsciano. La sociedad civil puede en verdad ser saludable para la libertad, pero obviamente no aquella que se comporte como la serie de compartimentos estancos, cada cual en su bandería (obrerismo, sindicalismo, nacionalismo, etcétera), de que hablara Ortega y Gasset al analizar los prolegómenos que darían lugar a la Guerra Civil española de 1936.

La democracia puede degenerar en demagogia. La demagogia deviene en dictadura cuando los políticos están obligados a contentar a toda costa, para arribar al poder, a las mayorías dominadas no por la mente, sino por el estómago o la entrepierna.

En la posmodernidad, los estrategas antisistema han declarado abiertamente, entre ellos el subcomandante Marcos de la guerrilla zapatista, que una sociedad civil reivindicativa sería la manera de minar las democracias burguesas. Y así se apoyan, crean o exacerban ciertos derechos a reclamar por grupos de activismo homosexual, ambientalista, pacifista, pro marihuana, pro emigración ilegal, relativista, multiculturalista y, sorpresa, en esa guerra asimétrica sirven hasta pedófilos y zoofilicos. Créanme, ya existen grupos de pedófilos y zoofílicos declarando que ellos sienten un genuino amor por los niños y los animales y que, por lo mismo, han de tener derecho a matrimoniarse con el objeto de su amor. No es un disparate, recordemos que en Estados Unidos existe la Asociación Norteamericana por el Amor entre Hombres y Niños

La lucha de clases del marxismo ha sido sustituida por la fragmentación social del gramscismo.

La sociedad gramsciana requiere, como en el mundo de Orwell, una neo lengua que pervierta no ya la palabra sino el pensamiento, y no ya el pensamiento sino la realidad. Así, aunados el mundo de Orwell y el de Huxley, el hombre deviene en esclavo que se piensa perfectamente feliz.

Sociedad civil, sí, pero cuál. Una pregunta que deberían hacerse las persona preocupadas por la libertad, especialmente los cubanos pues, no escapa al observador atento, el régimen de la isla hace rato que se prepara para dar el salto del totalitarismo marxista al autoritarismo gramsciano.

Sobre el autor

Armando de Armas

Armando de Armas

Armando de Armas (Santa Clara, 1958). Escritor y periodista. Ha publicado, entre otros libros, las colecciones de relatos “Mala jugada” (Miami, 1996) y “Carga de la caballería” (Miami, 2006), la novela “La Tabla” y el libro de ensayos “Mitos del antiexilio”, traducido al italiano por el sello Spirali. Su último título publicado, “Caballeros en el tiempo”, fue editado por Atmósfera Literaria en Madrid. Es vicepresidente del PEN-CLUB de Escritores Cubanos en el Exilio (Capítulo del PEN Internacional de Londres). Reside en Miami.

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1 comentario

  1. Callejas
    Callejas abril 17, 23:56

    Un ensayo para meditar. brillante!

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