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Delirios aparte, una familia adorable

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abril 20
10:58 2015

El mundo es extravagante y está sujeto a leyes muy particulares cuando se trata de La delirante familia Tosco, libro de cuentos del escritor cubano Eric Conde, recientemente reeditado por la Editorial Costa Rica, e ilustrado con gran acierto por Rodmi Cordero.

Eric Conde nació en La Habana, en 1962, pero vivió la mayor parte de su vida en Cabaiguán, un pueblo de campo de la región central de Cuba. Es Filólogo y ha escrito y publicado poesía, narrativa y ensayos para niños y jóvenes. Actualmente vive en Costa Rica. La Familia Tosco, una versión anterior de este libro de cuentos ha tenido muchos y varios reconocimientos; recibió una Mención Honorífica en el concursos Casa de las Américas del año 2002, fue finalista del Premio Lazarillo en 2005 y también obtuvo menciones honorificas en el Primer Concurso Iberoamericano de Libro Ilustrado y en el de Narrativa para Niños y Jóvenes Invenciones, que convocaron el Centro Cultural de la Embajada de España en México, la editorial Nostra Ediciones y la Feria del Libro de Guadalajara, en el año 2009.

La historia que cuenta La delirante familia Tosco, con múltiples niveles de lectura, trata de la vida de una familia campesina en Cuba, con los abuelos, los padres y el nieto, los parientes del extranjero y todas las peripecias que afrontan para sobrevivir.

Los abuelos, personajes construidos desde la visión de un narrador ingenuo y libre, se mueren y resucitan por la gracia del olor del café recién colado, conviven y se enfrentan con animales fantásticos que de alguna manera argumentan y edifican la gran vida que se dan los Tosco. El abuelo Amal es un personaje extremo, con una carga enorme de vitalidad y belleza: “El abuelo de Luis Tosco tenía seis fincas y cien vacas, una esposa, dos hijos y un nieto, pero no tenía tiempo”. La abuela es una mujer increíble que vive amarada a la pata del fogón —aunque el diablo la suelta algunas veces—, y tiene una gallina que se va a anidar en Jamaica. Heriberto, el hijo de Amal, padre de Luis Tosco, tiene que poner las barbas en remojo cuando decide que quiere ser escritor, porque en la finca la suerte de los escritores es incierta. Rosa María, la mujer de Heriberto, pasea por esta historia como un ser etéreo y responsable de poner orden en las cosas, y su hijo Luis Tosco es un niño singular, amigo del Eco y querido por todos: “A veces Luis Tosco se entretenía y los pensamientos se le iban por ahí”.

Si bien los Tosco son pobres y tienen que hacer ‘magia’ para subsistir en una finca en la que hace siete años que no escampa, no se pierden un funeral ni una fiesta y eso les mantiene unidos.  “Hace siete años que no escampa. El sol se fue del cielo y se escondió en una cueva oscurísima al otro lado del mundo. Los potreros parecen lagunas, las vacas han aprendido a nadar y les están saliendo bigotes por debajo del hocico como si fueran manatíes”. Tampoco se pierden nada los que viven en el extranjero: “Las últimas en llegar fueron las tías de México y Santo Domingo, porque el tiempo estaba de ciclón, y los caballos se las vieron negras para atravesar el océano. A las tías de México hubo que quitarles la ropa, toda mojada y llena de ostiones y calamares del golfo de Campeche, y ponerles vestidos blancos y limpios. Y a las tías de Santo Domingo hubo que peinarlas muchísimas veces porque tenían el pelo largo y se les había enredado cruzando el Paso de los Vientos”.

La muerte es una desgracia menor para la familia Tosco, el abuelo resucita para  luego convertirse en sapo, porque, literalmente, ¡no escampa! Y en Cuba, decir que no escampa es decir que no salimos de una para entrar en otra, la mayor parte de las veces peor. “Cuando el jarro del chocolate había pasado ciento cuatro veces frente a la caja del difunto, todavía Amal Tosco estaba más muerto que el más muerto”. Pero el abuelo Amal resucita no una, sino varias veces, y no solo eso, se transforma, se transfigura, evoluciona y aun así mantiene su lugar como fuerza unificadora, ni los cambios más terribles hacen que la abuela y los padres de Luis Tosco intenten torcer  el rumbo, o cuestionar la autoridad que ejerce el abuelo: “No ha dejado de llover y el rancho de maíz parece una barca primitiva anclada en medio del patio. El abuelo subió por las paredes como si fuera una rana y se acurrucó en el techo, de donde mira a todo el mundo con los ojos saltones y tiesos”.

Sonia libroUn desfile de parientes singulares, raros, chocantes, y de seres fantásticos como la llorona, el güije, una gallina caminadora y una trucha que se pone a leer, Don Quijote, el médico chino, un pan que vuela y una época que se llama El Ranacimiento, hacen de este libro de cuentos un divertido paisaje de dobleces finos y sugerencias ocurrentes de una realidad que suena conocida. La vida del campo cubano, con sus mitos y sus costumbres, se teje con la universalidad de ese mundo lejano que, aunque rodee la finca de los Tosco, les resulta también inaccesible.

La inercia de no ir hacia adelante, les coloca en un tiempo perdido que obsesiona al abuelo y afecta a todos. Es cierto que no se puede dejar de reír con las ocurrencias de la familia más loca que se pueda imaginar, pero también lo es que subyace en el libro una profunda reflexión sobre un modo de vida y un país recreado en cada línea.

Cierta verdad se esconde entre tanta ficción: La delirante familia Tosco es un libro disfrutable, si bien en esta edición se agregan cuentos nuevos y extrañamos algunos que aparecían en ediciones anteriores, la calidad del texto, su lenguaje alocado y su capacidad para trasladar la realidad a los espacios de una creación desbordada —o al revés, en este libro muchas cosas van al revés—, invitan a la lectura sin ningún límite.

En el cuento “La escoba”, encontramos esa dualidad, lo reversible de los eventos que ocurren en esta finca: “El día en que Luis Tosco montó a caballo en la escoba y se paseó con ella por el jardín, no solo el niño se creyó que la escoba era un caballo, sino que la escoba se lo creyó también, y desde entonces le dio por comer hierba”.

Cada personaje es un hilo conductor hacia los otros, hacia la locura general que les cerca y les acerca. Y sobre todo, les hace creer y nos hace creer a los lectores, que todo está bien. En esta finca no caben las personas normales, los comunes, porque cada ser común, corriente, en verdad tiene una gran historia fantástica que le ronda si es capaz de descubrirla, si puede ver con bondad y alegría a los demás y asumir que el tiempo de la vida es un regalo sin fin y que saber aceptarlo, recrearlo y hacerlo nuestro, es vivir.

La delirante familia Tosco, dentro de la literatura cubana, es un libro especial. Escrito en un lenguaje que parece para niños, tiene tantos guiños al mundo de los adultos, encuentra tantos puntos de contacto con la realidad, dentro de la ficción, que puede ser perfectamente leído en cualquier edad y en muchos niveles de interpretación. En sus múltiples ediciones se ha ido regenerando y creciendo como un libro continuo que emulara el devenir de los días y los hechos, como si el presente lo reescribiera al ocurrir, y si lo leyéramos de vez en cuando pudiéramos ver cuánto ha cambiado la vida de los Tosco desde la última vez que estuvimos en su finca.

Sobre el autor

Sonia Díaz Corrales

Sonia Díaz Corrales

Sonia Díaz Corrales (Cabaiguán, 1964) es poeta y narradora. Ha publicado, entre otros libros, los poemarios “Diario del Grumete” (poesía 1996 y 1997) y “Noticias del olvido” (2011), y la novela “El hombre del vitral” (2010). Ha recibido, entre otros, el Premio de Poesía América Bobia (1982, Matanzas), y el Bustarviejo (1993, Madrid). En 1998 dejó Cuba y poco después se radicó en Canarias, España.

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