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Denis Fortún, cuatro respuestas

Denis Fortún, cuatro respuestas

Denis Fortún, cuatro respuestas
mayo 25
21:16 2015

 

Denis Fortún nació en La Habana, en 1963, y es poeta y narrador. Artículos y crónicas suyas, con un toque humorístico sobre la cotidianidad en Cuba y su exilio, aparecen con regularidad en bitácoras personales de otros autores, y en diversos ciberportales. Ha publicado Zona desconocida (Editpar, 2008), El libro de los Cocozapatos (Editorial Silueta, 2011) y Diles que no me devuelvan (Alexandria Library, 2014). Actualmente edita el blog Fernandina de Jagua.

Fortún tuvo la gentileza de responder a las preguntas de nuestra encuesta-entrevista:

Armando Añel. Dicen que en Cuba hay más tiempo para escribir. Dicen que en el exilio hay más libertad para escribir. ¿Dónde se hace mejor literatura, dentro o fuera de Cuba?

Denis Fortún. Sobra el tiempo en Cuba, falta el resto de la vida. En Miami, aun cuando sus más reacios detractores aseguren lo contrario y no sea suficiente el modo de decir, la historia que nos obligaban a callar allá se puede relatar aquí sin temor a represalias. Es el tiempo en Miami un verdadero lujo, no hay dudas, lujo que ampara asimismo el libre albedrío. Únicamente tu voluntad te lleva adelante o te pone frenos. Vivimos en un país libre, eso vale una enormidad, y esto favorece a la creación. El tiempo siempre llega de una manera u otra, o esa misma libertad por la que me preguntas, se empeña en conseguirlo y finalmente lo logra.

¿La mejor literatura? En Cuba la buena literatura luego de la revolución (que existe) es la que se aleja del reglamento, del dogma de “con ella todo”. Incluso, hoy practican “esa novísima modalidad de narrar” los que antes fueron “vacas sagradas”. Escritores que se han convertido en fortísimos críticos de ese feo escenario que los inspira, que pretenden posar ahora como fervientes revisionistas de un letargo al que casi todos cantaron loas y alabanzas. Quien lo dude, remítase a la más reciente obra de aquellos que antes contaban (y todavía hoy cuentan) con el privilegio de las editoriales del sistema.

En un espacio en el que se cultiva la censura con esmero, en una tierra en la que prevalece el miedo, no ha de encontrarse nada con valía. Allí florece lo apologético; sujetos que ponen su talento al servicio de “la obra”, tipos abyectos. Parafraseando a Carlos Garaicoa, cualquier sitio es bueno para escribir mientras que la libertad nos ampare. Un esfuerzo que se me antoja, por ahora, impensable en la Isla.

AA. Se habla mucho del avance del relativismo y la doble moral en Cuba. La Dra. Hilda Molina dice que Fidel Castro “enfermó el tejido social de la sociedad cubana”. Desde tu salida de la Isla, ¿crees que los cubanos han evolucionado hacia el postcastrismo o involucionado hacia el neocastrismo?

DF. Creo que Cuba no ha evolucionado luego de 1959. Y peor aún, lo mismo tampoco involuciona, aunque esto último tenga consideraciones diversas. Veo a la Isla como una identidad paralizada desde “ese enero”, sin prefijo post o neo: el castrismo es Uno, inalterable, mientras su creador tenga la fuerza suficiente como para ejercer su “iluminado criterio” entre los fieles que lo adoran.

Cuba es un sistema que no se actualiza, falto además de herramientas para conseguirlo, y de voluntad. Hasta las consignas ya resultan obsoletas. Un sitio en el que la vida se mueve a bandazos. Movimientos incoherentes, terribles convulsiones que obedecen a las órdenes de los supremos jerarcas. Toda una postura que pretende venderse al mundo barnizada por una ideología en apariencia humanista, progre, para después enterarnos que otra vez se cae en un letargo donde la supuesta recuperación se traduce en una quimera posible sólo en los discursos, y con el horrible saldo de la represión para quien que se muestre inconforme. Un relativismo, una doble moral, que escapa al entendimiento de la lógica sajona. Un tejido social en el que las reglas de la evolución se improvisan según la coyuntura, lo que lo hace impredecible.

AA. Cada vez más cubanos abusan del refugio político que les concede Estados Unidos, como perseguidos, y a los seis meses viajan a Cuba a hacer turismo. Esto ha puesto en peligro la Ley de Ajuste Cubano –de hecho, se habla de su inminente anulación–, excepción diseñada para exiliados políticos, no para inmigrantes económicos. ¿Cómo hacer para que en lugar de justos paguen los pecadores?

DF. Cuentan que Sartre, en su visita a La Habana, aseguró que no entendía si El Proceso era auténtico o si en realidad se trataba de un cumbancheo revolucionario generalizado a todos los estratos sociales y a los espacios de poder. Lamentablemente, creo que hoy día no podrán ubicar a los justos de un lado y a los pecadores de otro. Eso sería viable en los sesenta, setenta, quizás en los ochenta del siglo pasado. Hoy, esa mezcla irrespetuosa que nos asiste en cuanto a ideales y a la prioridad personal, el despropósito mismo, el cumbancheo al que hago referencia al inicio, en el caso cubano se traduce en anarquía. El asilo político, cual si habláramos de una tramitación muy parecida en cuanto a beneficios a la aplicación de food stamps, es un estatus preciado para quien de verdad ha sido un perseguido, pero para aquel que nada más se siente presionado económicamente, no representa nada. Es si acaso la manera de legalizar un “algo” que le servirá al exiliado económico para radicarse y después hacer turismo a la criolla. El asilo es una categoría que un buen número de cubanos, queda probado, precisan para vivir con dignidad, libres. En otros, ha sido pura coreografía para adueñarse de un privilegio y después desvirtuar un derecho. El volver es el tango que malea. Por desgracia, de continuar como va el asunto, la Ley de Ajuste se reformará de manera agresiva o simplemente desaparecerá.

Yo me pregunto, ¿cómo es posible que un exiliado político regrese a visitar a sus familiares en medio del mismo sistema social que representaba un peligro para su integridad? ¿Acaso algún exiliado chileno se le ocurrió ir a ver a su madre a Chile, hijos o familiares, mientras la dictadura de Pinochet estaba en el poder?

AA. Imagina que estamos en el año 2020. ¿Qué ha sido de Cuba?

DF. De seguir como va, doy por cierta la profecía del bardo revolucionario: será mejor hundirse en el mar antes de continuar la pesadilla que hemos vivido, y a la que todavía hay sujetos que le cantan, incluso en Miami. Sin embargo, no puedo evitar contagiarme con la esperanza de que nos espera un futuro mejor. Al menos, pienso que lo merecemos.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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