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Donald Trump, el as de los demócratas

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Donald Trump, el as de los demócratas

Donald Trump, el as de los demócratas
septiembre 03
03:18 2015

 

¿Por qué Donald Trump, el candidato presidencial y magnate inmobiliario, no califica como un verdadero republicano? La pregunta no es retórica y su contexto está en condiciones de influir en el presente y el futuro de Estados Unidos. Porque no se trata solo de que Trump pueda alcanzar la presidencia en 2016, lo cual resulta bastante improbable, sino de que su presencia en la carrera pueda influir al punto de darle la victoria, indirectamente, a demócratas radicales frente a candidatos moderados como Jeb Bush.

¿Trump es un candidato fantasma? Intentaré responder esta y la anterior interrogante en las líneas que siguen.

Lo primero a señalar es la inseguridad, o el oportunismo —el lector escoja de estas dos señas de identidad la que mejor le parezca—, con que Trump ha abordado sus preferencias políticas desde la primera vez que se inscribió como votante. De acuerdo con la Junta de Elecciones de Nueva York, Trump ha cambiado su afiliación de partido en cinco ocasiones desde su registro como republicano en Manhattan, en 1987. En realidad, ha cambiado de bando nada menos que seis veces. Esto, que pudiera pasar como un asunto menor —la inseguridad o el oportunismo— cuando se trata de ciudadanos sin responsabilidad pública, se convierte en un problema mayor cuando hablamos de políticos que pudieran estar al frente de un país como Estados Unidos.

Como demuestran los registros, Trump fue demócrata entre los años 2001 y 2009, el mayor tiempo continuo en que estuvo como votante registrado, con diferencia respecto a sus etapas republicanas e independientes. “Me identifico en algunos aspectos como un demócrata”, dijo el magnate a MSNBC en julio de 2015. En 2004, le había dicho lo mismo a CNN.

Cabe apuntar que entre los beneficiarios de las donaciones demócratas de Donald Trump ha figurado, según señaló The Washington Post en 2011, una llamativa lista de enemigos radicales de los republicanos: sobresalen Nancy Pelosi, Hillary Clinton y Charles Rangel. Ojo, Charles Rangel, un abierto defensor del régimen de Fidel Castro en Washington. Según los registros, Trump donó $1.3 millones entre 1989 y 2011. El 54 por ciento de ese dinero fue a parar a manos de políticos demócratas.

Pero estos no son los únicos datos que hacen de este aspirante un falso republicano.

Trump se ha vendido siempre como un defensor de la libertad económica, pero su política anunciada de imponer aranceles más altos a los productos extranjeros, incluyendo, por ejemplo, un impuesto del 35% sobre los vehículos Ford que se ensamblan en México para la venta en Estados Unidos, constituye un despropósito en términos de libre intercambio, competencia desleal que puede encarecer los precios para los consumidores, desatar una guerra comercial que afectaría las exportaciones —en las cuales se apoya uno de cada seis empleos en Estados Unidos— y desalentar la innovación y la creatividad. El proteccionismo económico que alienta Trump caracteriza al nacional-populismo que sospecha de, o ataca abiertamente a, la sociedad del libre comercio, una de las esencias del capitalismo moderno. Así, Trump se coloca en las antípodas de un Ronald Reagan, quien no estaba dispuesto a que el contribuyente pagara más de lo justo al adquirir un producto encarecido por la imposición de tarifas arancelarias.

Para colmo, Donald Trump apoya aumentos masivos de impuestos a los más ricos —lo cual, como todo republicano sabe, por efecto dominó desestimula la creación de empleo y riqueza— y un sistema de salud al estilo canadiense, es decir, en línea con el primitivo Obamacare que en su momento intentara establecer el actual presidente. Por supuesto, en este apartado, y de cara a la base republicana, Trump no se atreve a llamar a las cosas por su nombre —públicamente, se declara enemigo del Obamacare—, pero lo que busca en el fondo, como buscaba Obama, es que el gobierno financie totalmente la sanidad pública, es decir, que el gobierno aumente todavía más los impuestos sobre los salarios de los ciudadanos, que somos los que en definitiva pagaríamos la supuesta “gratuidad universal”. Todo esto en línea con la esencia estatista del ala más radical del Partido Demócrata.

Por añadidura, al menos en una ocasión el magnate se ha posicionado a favor del aborto, un visión u opción que lo aleja definitivamente del campo republicano, que es por definición pro-vida.

¿Es Donald Trump un candidato fantasma, una carta oculta al servicio del Partido Demócrata o, más específicamente, del matrimonio Clinton? No lo sabemos. Pero tampoco hace falta. Porque aquí no se trata de echar mano a teorías conspirativas, sino de comprender que su autoritarismo, su ambivalencia conceptual y su deplorable sentido del espectáculo están erosionando las bases republicanas en este periodo pre-electoral. Ya sea porque puede alcanzar la presidencia —lo más improbable—, ya sea porque puede dársela a un candidato radical demócrata atrayendo votos republicanos hacia su candidatura independiente (la variable más viable), Trump se ha vuelto un problema a tener en cuenta. Él fue el único candidato que en el primer debate republicano reconoció que estaba preparado para correr como independiente, y, a pesar de su reciente pacto firmando lo contrario,  lo hará en caso de que lo considere imprescindible.

Consciente o no, escondido o no, Trump es el as con el que secretamente cuenta el Partido Demócrata para ganar en noviembre de 2016.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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