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Dos hombres nuevos

Dos hombres nuevos

Dos hombres nuevos
febrero 09
14:30 2014

El movimiento de la contracultura, constituido por los llamados Baby Boomers (nacidos durante la postguerra), representó una ruptura radical con los valores tradicionales de las sociedades capitalistas de Occidente. La escuela neo marxista de Fráncfort, liderada por Herbert Marcuse, la generación beat, la revolución cubana y su influjo en el continente latinoamericano, así como la guerra de Vietnam en plena guerra fría, fueron factores que incidieron decisivamente en los cambios socioculturales que se produjeron durante la década de los años 60.

La música devino en elemento catalizador de esa generación, la cual tuvo a los hippies como sus representantes emblemáticos. En los países del campo socialista, el movimiento de la contracultura sirvió de arma propagandística para proclamar la crisis mundial del capitalismo y la correlación de fuerzas a favor del socialismo. Irónicamente, en Cuba, los reclamos –y valores– de esa generación anti establishment, tales como la liberación sexual, el enfrentamiento al status quo y el pacifismo, adoptaron el siniestro calificativo de “diversionismo ideológico”.

El hombre nuevo, hijo de la revolución cubana, que supuestamente había sido liberado de los rezagos del pasado capitalista, tenía ahora que ajustarse el cinturón de castidad ideológico para que su individualidad quedara atada a los dictámenes de un régimen totalitario. Sin duda, existía un notable contraste entre el hombre nuevo de la sociedad capitalista y el hombre nuevo de la sociedad socialista cubana. La diferencia estribaba en que el hombre nuevo del capitalismo era producto de una sociedad abierta y democrática, mientras que el hombre nuevo cubano era una fabricación del dirigismo gubernamental.

Los ideales liberales que permearon a las sociedades capitalistas occidentales durante la década de los 60 fueron posteriormente incluidos en las agendas de diferentes partidos políticos. Por su parte, Cuba, al igual que la mayoría de los países del campo socialista, permaneció en un perenne inmovilismo social y político. A diferencia de su coetáneo capitalista, el hombre nuevo cubano estaba obligado a cumplir con un código de vestimenta y de apariencia física, así como a mantenerse distante de la epidemia de la nueva idiosincrasia de consumo. ¿Cuál era esa epidemia? Indiscutiblemente el surgimiento de un estilo de vida que subvirtió los valores tradicionales de la sociedad capitalista.  Paradójicamente, esos rasgos  que trajo consigo el movimiento de la contracultura eran esgrimidos por los ideólogos comunistas para desacreditar a un país como Estados Unidos, al que le endilgaban el rótulo de “conservador y reaccionario”.

El hombre nuevo, hijo de la revolución cubana, que supuestamente había sido liberado de los rezagos del pasado capitalista, tenía ahora que ajustarse el cinturón de castidad ideológico para que su individualidad quedara atada a los dictámenes de un régimen totalitario.

El hombre nuevo cubano creció dentro de un campo minado de prohibiciones, de espalda a una realidad nacida de la rebeldía del hombre nuevo de la sociedad capitalista occidental. La difusión de la música rock se convirtió en un delito en los países socialistas. Aquellos radios Selenas, en Cuba, fueron los catalejos que nos acercaron, por medio de las emisoras de FM, a ese mundo vedado. The Beatles, Bob Dylan, The Rolling Stones, The Doors, Led Zeppelin, Pink Floyd, etc., nos influenciaron más que Marx, Engels, Lenin y el Che Guevara. Ellos fueron nuestros verdaderos ideólogos gracias a su doctrina prohibida: “el diversionismo ideológico”.

Con la perestroika soviética, la caída del muro de Berlín y el fin del campo socialista en Europa del Este, quedó al descubierto el verdadero rostro del hombre nuevo de esa sociedad.  Realizaciones como el documental soviético No es fácil ser joven y la película polaca Yesterday, revelaron el acoso policiaco y la represión a que fueron sometidos los jóvenes rusos y polacos por tan sólo mostrar sus preferencias por la cultura que implantó el hombre nuevo capitalista. Más tarde, durante el llamado período especial en Cuba, Tomás Gutiérrez Alea develaba esa realidad en su filme Fresa y Chocolate. Cabe destacar que en esta realización también sale a relucir la represión contra los homosexuales en la sociedad cubana, la cual tuvo la aquiescencia de las autoridades gubernamentales. El gay cubano no solo cargaba con la cruz del prejuicio y la discriminación social, sino también con la del pecado ideológico, de ahí que se creara un campo de concentración como la U.M.A.P, ex purgatorio gay. Por cierto,  ese vocero del hombre nuevo norteamericano, Allen Gingsberg, tuvo mejor suerte en Cuba, pues su castigo anti gay solo consistió en abordar un avión de regreso a los Estados Unidos.

Aquellos hombres nuevos de la sociedad capitalista crecen y se forman dentro de un marco de ilimitada movilidad, al punto que se les permite defender al régimen donde viven sus coetáneos cubanos; pero, desgraciadamente, a estos últimos se les penaliza por creer en lo que aquellos lograron instituir en pos de sus derechos. Al hombre nuevo del socialismo le impusieron una supuesta libertad social en detrimento de la individual,  razón por la que la libertad no trascendía el espacio de una cápsula. Por eso, ese hombre nuevo del último bastión comunista en Occidente, esa pesadilla del sueño  guevarista, es hoy el tiro que salió por la culata, tal como lo predijo Jim Morrison: “Prohibido prohibir. La libertad comienza por una prohibición”.

Sobre el autor

Joaquín Gálvez

Joaquín Gálvez

Joaquín Gálvez (La Habana, 1965). Poeta, ensayista y periodista. Se licenció en Humanidades en la Universidad Barry y obtuvo una Maestría en Bibliotecología y Ciencias de la Información en la Universidad del Sur de la Florida. Ha publicado los poemarios "Alguien canta en la resaca", "El viaje de los elegidos", "Trilogía del paria" y "Hábitat", este último con Neo Club Ediciones. Coordina el blog y la tertulia La Otra Esquina de las Palabras. Reside en los Estados Unidos desde 1989.

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