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Eduardo Mesa, en defensa de la Iglesia

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Eduardo Mesa, en defensa de la Iglesia

marzo 20
06:37 2012

 

1-0_mesa_ePor estos días la Iglesia Católica cubana, su cúspide, sus feligreses, están en la mirilla del mundo. Benedicto XVI pisará próximamente tierra criolla. Y Eduardo Mesa, escritor, activista religioso y excelente amigo, es el referente más cercano y confiable que tengo para que me aclare una serie de dudas que no se limitan únicamente a interrogantes de carácter personal.

Se trata en todo caso de una indagación a modo de plática que realizo también a partir de lo que he escuchado en boca de otros amigos y conocidos.  Y hasta de gente con la que no guardo siquiera relación afectiva, pero que igual me parece legítima.

Intento ponerme en la piel de los que no concuerdan con la actual estrategia religiosa de mi país y, por qué no, hasta de la Santa Sede. Pero no por eso, aunque mis sonsacas parezcan capciosas, ha de traducirse mi empeño en declarada herejía hacia la institución que incorpora a los católicos cubanos. Todo lo contrario, soy católico, apostólico y sincrético, como la mayoría de los exiliados, y me asiste un enorme respeto por quienes nos guían en nuestro camino espiritual. Pero a lo que no parece correcto a ojos de un buen número de fieles en diferentes latitudes –lo que por imposición genera controversia– ha de aplicársele el más elemental ejercicio de libertad de opinión, junto a los cuestionamientos que ello genera.

Denis Fortún. ¿Cómo es que un cubano nacido luego de 1959 muestra tanto apego al catolicismo en medio de un contexto extremadamente  ateo (¿en apariencia?), donde profesar cualquier tipo de religión en una época reciente fue una suerte de  “pecado capital” que mancillaba el ideario revolucionario?

Eduardo Mesa. Quizás por ese mismo  contexto ateo que me resultaba asfixiante, la vida se planteaba como un absurdo en el que no tenían ningún sentido la rebeldía, ni los sueños. Este sinsentido se reforzaba con la realidad de una sociedad gris donde no había cabida para aspiraciones de ninguna clase. Como a muchos cubanos de mi generación la conexión con la fe y con la historia no oficial llegó por los abuelos. Mi abuela nunca dejó de rezar en la casa e iba a misa,  mi abuelo era masón, de la Logia Unión Ibérica y mi primer recuerdo de visitar una Iglesia está asociado a él, que me llevaba a la Logia y después visitaba la Iglesia de Reina para rezar ante el Sagrario. Yo no entendía el significado de su gesto porque mi abuelo era un hombre con una historia y un carácter contrarios a estar de rodillas, pero los gestos de los mayores dejan huella en los niños.  Yo me convierto al catolicismo en la adolescencia  y tomo mi primera comunión a los dieciséis. La Iglesia Católica es el lugar donde encontré a Jesús y lo encontré gracias a una comunidad que trataba de vivir de un modo diferente al establecido, ese encuentro le dio sentido a mi vida.

DF. ¿No consideras que después de más de medio siglo en que la iglesia ha estado condenada  al ostracismo y la persecución, obtener  la apertura de un seminario, la ampliación de instalaciones eclesiásticas, o crear una cátedra para discutir sobre la sociedad y su comportamiento, es bien poco para los religiosos practicantes, sus guías, si tenemos en cuenta el espacio que ocupaba la iglesia; el respeto de que era depositario el clero antes de la Revolución?

EM. El espacio que la Iglesia tenía antes de la Revolución (asumo  el término porque a esa desgracia hay que llamarla de alguna manera) fue ganado poco a poco. La Iglesia quedó muy mal parada después de la Guerra de Independencia por su apoyo a la Metrópoli; aunque hubo no pocas excepciones de sacerdotes comprometidos con la independencia,  lo cierto es que el Patronato Regio consiguió una Iglesia en general  ajena a los anhelos de emancipación de los cubanos. Durante la República el proceso de recuperación fue gradual, pero tuvimos por fin una Iglesia cubana comprometida con el destino de la nación. Esa Iglesia no contó con el favor de ningún gobierno republicano  pero la libertad religiosa estaba garantizada y eso era suficiente. El respeto al que tú refieres fue un respeto ganado con el tiempo.

Para la Iglesia de hoy es importante que las libertades que estuvieron garantizadas en otras etapas de nuestra historia sean restituidas y podamos vivir normalmente. Los espacios que se han conseguido en estos últimos años han costado mucho esfuerzo, sacrificio y riesgo, es lógico que los católicos de la Isla consideren que lo logrado no es poco, aunque desde esta orilla se pueda tener una percepción diferente de esos logros.

DF. Esa Revolución, prácticamente desde el mismo día de su triunfo, cerró iglesias y persiguió a curas. Esto provocó un fenómeno que, entre otras consecuencias para el catolicismo cubano, devino en la búsqueda de templos caseros donde Dios y Obatalá habitaron al antojo de una perfecta comunión. ¿Crees que nuestro catolicismo está “muy contaminado”, lo que lo hace más frágil, y por eso un enfrentamiento Iglesia versus Gobierno, tal y como sucedió en Polonia, no se ha manifestado?

EM. Sí hubo un enfrentamiento manifiesto entre la Iglesia y el régimen al principio de la Revolución, y creo que, en lo esencial, el enfrentamiento continúa aunque no lo parezca. No pueden coexistir pacíficamente dos realidades que son incompatibles: la Iglesia cree en la Verdad y el castrismo es la mentira, la Iglesia cree en la Libertad y el castrismo es esclavitud, la Iglesia cree en la Esperanza y el castrismo necesita hundirnos en el pesimismo y la desconfianza para continuar en el poder. En este momento de la historia ese enfrentamiento se ha hecho menos evidente porque el final biológico de los tiranos está cerca, la muerte de Fidel y Raúl entraña grandes incertidumbres para todos. La Iglesia teme que se desate la violencia, que haya un baño de sangre y el régimen, que también tiene miedo, prefiere no cerrar todas las puertas. Recuerda que las personas confían al sacerdote y a la religiosa lo que no le contarían a nadie. La posibilidad de conocer estos sentimientos íntimos que escapan a las encuestas y se ocultan hasta en los interrogatorios hace que la Iglesia movilice todas sus energías y recursos para conseguir una transición pacífica. Lamentablemente la irresponsabilidad y el desmedido apego al poder de los Castro y su pandilla van dilatando la posibilidad de un cambio sin derramamiento de sangre.

DF. La pregunta es compleja, se basa en rumores que han cobrado fuerza últimamente, pero te agradecería  que la contestases hasta donde te permita lo que sabes en cuanto esto.  ¿Conoces de sacerdotes que se hayan enfrentado de manera vertical al régimen en los últimos veinte años, y por esa actitud, no sólo hayan sido castigados por el gobierno, sino por sus mismos hermanos? ¿Es cierto que los curas problemáticos por sus posturas políticas, y la oposición abierta al gobierno, la jerarquía de la iglesia cubana se encarga de “trasladarlos” a otros países para tranquilidad de todos?

EM. A mí no me consta que la conciencia de algún sacerdote cubano haya sido violentada por su obispo.  La obediencia en el ámbito religioso no significa ir contra la propia conciencia, si un sacerdote decide oponerse abiertamente a la tiranía sólo puede ser expulsado de su país por la propia tiranía. En el caso de los curas extranjeros las cosas cambian porque el gobierno no tiene que tomarse el trabajo de expulsarlos, con no renovarles el permiso de residencia es suficiente.

DF. La iglesia católica cubana, ¿un diplomático confiable o un aliado circunstancial que pacta con su enemigo con tal de sobrevivir?

EM. Yo creo que reducir a la Iglesia a esos extremos que  señalas en tu pregunta es bastante injusto. Es suponer que la Iglesia es algo mezquino, una institución que sólo busca su supervivencia y acepta aquello de que “el fin justifica los medios”.  La Iglesia es comunidad de creyentes, yo he vivido mi fe en esa comunidad y puedo dar testimonio de que aprendí a amar a Cuba en su seno, porque la Cuba que yo conocí era una pesadilla y nadie en su sano juicio establece un compromiso moral, ni un vínculo afectivo con una pesadilla. Algún día podremos hacer una valoración más serena de cuanto ha influido la fe católica en la opción por la libertad que cada día es asumida por un creciente número de cubanos.  Algún día podremos apreciar el valor de haber mantenido los templos abiertos y las catequesis funcionando, pero estos son todavía  tiempos de confusión  y el momento de apreciar ciertas cosas no ha llegado.

DF. ¿Piensas que en la visita de Juan Pablo II, luego de tanto, figura alguna merced tangible para los feligreses, para la sociedad toda, o se reduce a lo que en buena medida miles de escépticos  consideran la parodia de la legitimidad de un espacio, bien reducido por cierto; además de conseguir que se devolviese un día feriado que se eliminó en el calendario revolucionario, como la celebración de Noche Buena?

EM. No creo que los espacios conseguidos en la atención a los más necesitados y en el ámbito de la formación en  valores que realiza la Iglesia cubana a lo largo y ancho del país tengan algo de parodia. Creo que la Iglesia católica es la institución que con más energía trabaja dentro de Cuba para evitar el envilecimiento definitivo de los cubanos, un envilecimiento que favorece los planes de permanencia en el poder que tiene la dinastía castrista. Te aseguro que las generaciones venideras valorarán mucho más que nosotros el trabajo que hoy se realiza, te aseguro también que los que hoy desean regresar a Cuba para honestamente servir a su pueblo desde el ámbito de la política o de la empresa lamentarán no haber apoyado más a la Iglesia.

DF. La visita del Papa Benedicto XVI, ¿va a reportarles únicamente beneficios a los católicos cubanos, o se extenderá más allá y ofrecerá socorro a cristianos evangélicos, a los que representan a la religiosidad afrocubana con el sincretismo entre Santo y Oricha e incluso a los judíos? (en fin, qué se yo… a todo lo que abarque el espectro religioso de Cuba, hasta el Espiritismo de Cordón).

EM. El Papa no va a buscar beneficios para los católicos cubanos, el Papa va a animar a los católicos para que continúen siendo fieles a su Fe y predicando el Evangelio, que es la razón de ser de la Iglesia. Sin embargo, creo que de esta visita se derivará un beneficio para toda la sociedad cubana y es la ampliación de la libertad religiosa, una ampliación que, como te dije, antes ha costado mucha paciencia, fatiga y riesgo, pero que se va dando. Las libertades no se pueden separar y cuando se amplía una de ellas en mayor o menor medida también se amplían las otras.

DF. ¿No consideras asimismo que esta visita del Santo Padre encarna (igual que la de su antecesor)  una mayor legitimad para el régimen y por tanto, esa legitimidad es contraproducente para la oposición pacífica, para las aspiraciones de una mayoría a favor de un cambio radical?

EM. No creo que la visita de Juan Pablo II en enero de 1998 haya contribuido a legitimar a la tiranía, ni  creo que de la de Benedicto XVI a finales de este mes de marzo se derive legitimidad alguna para ese régimen. El Santo Padre es el Pastor de la Iglesia Universal y tiene la intención de visitar a los católicos cubanos para decirles que no están solos y abandonados a su suerte. El Papa viene a decirles que forman parte de esa Iglesia Universal a la que él representa, que esa Iglesia reza por ellos y se solidariza con su destino. Es cierto que el Papa es también el Jefe de un Estado, un Estado simbólico por cierto, pero un Estado al fin y al cabo, sólo que la naturaleza de su ministerio es esencialmente pastoral. La existencia del Estado Vaticano es un accidente de la historia, algo accesorio que en el transcurso de la misma historia puede cambiar. No así la encomienda de Jesús a Pedro recogida en los Evangelios: “Y Yo, te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia…”

En lo que respecta a la visita de Juan Pablo II en el 1998 soy de la opinión que con posterioridad a ésta aumentó el número de personas que de un modo u otro se opone a ese régimen. El castrismo es un régimen temeroso de los símbolos, los guardias del Ministerio del Interior que estuvieron encargados de la custodia del Papa Juan Pablo II durante la visita recibieron de regalo un rosario, este es un gesto habitual, las personas que se acercan al Papa siempre reciben algún obsequio de esta naturaleza. Pasados algunos días supimos que habían reunido a estos guardias y les habían quitado el rosario que el Papa les dio. Si el castrismo teme a un puñado de rosarios es por algo, no debemos nosotros subestimar los sentimientos que pueden despertar en el corazón del hombre las palabras de Jesús;  que el líder de la Iglesia Católica vaya a hacer oración a los pies de nuestra virgencita del Cobre en el Cuatrocientos Aniversario de su hallazgo tiene un profundo significado espiritual para muchos cubanos. El Espíritu de Dios no se deja entrampar en estrategias, ni en ideas preconcebidas.

DF. ¿Por qué la Iglesia cubana se comporta tan cuidadosa al momento de apoyar abiertamente a la disidencia interna, o la del exilio, y en cambio se ofrece a dar misas por el mejoramiento de líderes enfermos?

EM. Creo que la Iglesia intuye que estamos en un momento crucial, la desaparición biológica de Fidel y la del mismo Raúl a corto y mediano plazo son inevitables, antes las interrogantes que se derivan de este final anunciado la Iglesia apuesta por estimular la transición pacífica y evitar en sus mensajes cualquier cosa que pueda interpretarse como un desafío. En lo personal yo preferiría que la Iglesia utilizara otro lenguaje y realizara más gestos de reconocimiento e inclusión hacia los demócratas cubanos. Creo que se debía  invitar a las próximas Semanas Sociales que la Iglesia cubana realice a Dagoberto Valdés, fundador de las mismas, y a Oswaldo Payá. Creo también que se debía invitar a los eventos auspiciados por la Iglesia y las celebraciones religiosas que corresponda  a los demócratas cubanos  que representan el amplio espectro de nuestra incipiente sociedad civil. También debían tener cabida una mayor variedad de opiniones políticas en las publicaciones católicas, sobre todo en aquellas que dicen estar enfocadas en la búsqueda de la pluralidad y el diálogo.

DF. ¿Ratzinger finalmente logrará franquear la puerta a la que hizo referencia  Juan Pablo II al decir “que Cuba se abra al mundo”?

EM. Eso no se consigue por arte de magia, la religión es otra cosa. Cuba se abrirá al mundo cuando los cubanos de aquí y allá nos abramos a la Esperanza de que es posible cambiar las cosas, eso implica que nosotros mismos debemos cambiar. La Iglesia en Cuba busca un cambio más profundo que un cambio de régimen, los cubanos necesitamos cambiar, necesitamos aprender a escuchar al otro y a discrepar con respeto, sin juzgar a priori las motivaciones ajenas. Aquí en el exilio, donde tenemos el privilegio de la libertad, a veces es imposible dialogar porque las pasiones se apoderan de nosotros con excesiva facilidad y los egos desmesurados se imponen al sentido común. Creo que todavía nos queda un largo camino por recorrer en nuestra superación espiritual, pero si recorremos este camino con la perspectiva de vivir en la Esperanza podremos tomar y propiciar mejores decisiones. Los cubanos de la Isla necesitan de una solidaridad que invite a la esperanza, porque el hombre esperanzado se atreve a luchar por un futuro mejor,  la frustración y el pesimismo conducen a la depresión y al suicidio. Si es penoso que se suicide un hombre, más triste aún es que se suicide todo un pueblo.

DF. Cuatro últimas preguntas que reitero a mis entrevistados. Por lo general la primera va al inicio del cuestionario:  ¿Quién es Eduardo Mesa?

EM. El esposo de Gilda y el papá de Eleonora y Eduardo.

DF. Proyectos de Eduardo Mesa, los más cercanos…

EM. Un libro homenaje a Mons. Pedro Meurice que compila muchos de los testimonios aparecidos a raíz de su fallecimiento.  Este trabajo lo he hecho con mi amigo Humberto Esteve, ya está terminada la edición,  que ha estado a cargo de la Editorial Silueta, con el rigor y el buen gusto que ya es costumbre. Dios mediante haremos pronto la presentación. También está casi terminado otro libro de crónicas, digamos que para no perder la costumbre.

DF. La literatura para ti (lo que escribes), ¿es una manera de expresar tu apego a Dios, al catolicismo? ¿Una herramienta a favor de la denuncia? ¿Simplemente el placer de contar historias?

EM. Es todo eso y más, con una imperante necesidad de contar.

DF. Cuba, ¿una herida cicatrizada o aún sangrante? ¿Volverías?

EM. Cuba no ha dejado ninguna herida en mí, los Castro y su pandilla son los que van dejando heridas por doquier. No he regresado pero soy del criterio que la gente debe ir a ver su familia y sensibilizarse ante cualquier problema humanitario en la Isla.  Los cubanos que viajan pueden ser eficaces motivadores del cambio si asumen conscientemente esta responsabilidad. Es una pena que no se inviertan fondos en proyectos que formen la conciencia cívica de estos cubanos que regresan, en particular los más jóvenes y los que han  vivido por más tiempo en la Isla antes de salir al exilio. No creo en la tesis del aislamiento porque en mi opinión el régimen saca rédito de ella, tampoco ha existido en las últimas décadas una voluntad política real de aislar y bloquear al gobierno cubano por parte de ningún gobierno norteamericano: ni republicano, ni demócrata. No se han ensayado con seriedad ni la estrategia del aislamiento, ni la estrategia de la apertura. Mientras tanto, los cubanos de la Isla permanecen en su secuestro, compartiendo el denominador común de los secuestrados: estar más preocupados por escapar del zulo que por enfrentar a los secuestradores.

http://denisfortun.blogspot.com/

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Sobre el autor

Denis Fortún

Denis Fortún

Denis Fortún (La Habana, 1963). Poeta y narrador. Artículos y crónicas de su autoría, con un toque humorístico sobre la cotidianeidad en Cuba y su exilio, aparecen con regularidad en bitácoras de otros autores, y en diversos ciberportales y revistas. Textos suyos han sido incluidos en antologías de narrativa y poesía en Cuba, México y Estados Unidos. En Miami, donde reside actualmente, edita el blog Fernandina de Jagua. Ha publicado el poemario “Zona desconocida”, “El libro de los Cocozapatos” (narrativa) y “Diles que no me devuelvan” (crónicas).

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