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Einstein y el comienzo del tiempo

Einstein y el comienzo del tiempo

Einstein y el comienzo del tiempo
julio 20
03:21 2013

¿Qué había antes del tiempo? La respuesta de que había energía no satisface, pues según Einstein esta es sólo una manifestación de la materia. Asimismo sucedería con la referencia a un campo de fuerza, pues este también es energía. En tanto si el Universo tuviera un principio, podríamos suponer que tuvo un creador. Pero si el Universo es realmente auto-contenido, si no tiene ninguna frontera o borde, no tendría ni principio ni final. Simplemente, sería. ¿Qué lugar quedaría para un creador?

La cuestión que surge entonces es: La continua y enorme radiación hacia el espacio vacío de las estrellas y galaxias, ¿no conducirá a un estado de completo equilibrio de radiación donde resulte imposible observar nada? En otras palabras, ¿alcanzará el Universo un estado de nivelación muerta o de muerte térmica, donde no sólo dejará de acontecer cosa alguna, sino que dejará también de verse cosa alguna?

Si estamos ante la nada, ¿cómo se pasa de nada a algo? Einstein, opuesto al “misticismo” en las ciencias, nunca se refirió al big-bang o a los agujeros negros. El centro de su labor científica fue refutar la mecánica cuántica de Werner Heisenberg, formulador del principio de la incertidumbre cuántica, y de Niels Böhr. De ahí que la confusión fuese entronizada por el propio Einstein, mezclando la medición del tiempo con el propio tiempo. El punto no era si estábamos ante un tiempo “relativo” o “absoluto”, sino su carácter objetivo como expresión de la materia, o subjetivo como elaboración de la psiquis del observador.

El intento de explicar la enigmática peculiaridad de la velocidad de la luz —su negativa a mezclarse con otras velocidades con arreglo al modo académico habitual— llevó a Einstein a poner en duda la suposición tácita de un tiempo universal absoluto, algo que Newton y todos los físicos clásicos habían aceptado. Desgraciadamente, esta hipótesis sólo sería válida si el momento en que se observa el suceso y su acaecer real fuesen simultáneos. Tal sería el caso si la luz viajara, como creían nuestros antepasados, a velocidad infinita, difundiendo instantáneamente a todas partes las noticias de cualquier evento (el nacimiento de una nova, por ejemplo).  No habría entonces retardo temporal alguno entre su producción en un lugar y su observación en otro. Sin embargo, no sucede así.

Lo que sí resulta un hecho diáfano es que la inconcebible presión gravitatoria de todo un Universo incipiente confinado a un simple punto, a un huevo atómico, comprimiendo toda esta radiación y partículas fragmentadas a formidables temperaturas, precipitó, empleando algún mecanismo hasta hoy desconocido, la famosa explosión del big-bang. Las fuerzas de la detonación y la expulsión de energía fueron tan inmensas que posibilitaron la formación de una cantidad magna de materia, que aún sigue disparada hacia todos los puntos. Fue así que se creó el espacio en el cual se expandía la materia, y comenzó el tiempo.

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Sobre el autor

Juan F. Benemelis

Juan F. Benemelis

Juan Benemelis (Manzanillo, 1942). Diplomático, historiador y ensayista. Ha publicado más de una veintena de libros centrados en diversas temáticas, que van de lo científico a lo histórico. Entre ellos, "Las guerras secretas de Fidel Castro", "Castro: subversión y terrorismo en África", "Paradigmas y fronteras. Al caos con la lógica", "De lo finito a lo infinito", "El Corán y el Profeta", "Islam y terrorismo" y "La memoria y el olvido". Reside en las afueras de Miami.

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