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El abrazo de oso frontal

El abrazo de oso frontal

febrero 24
17:36 2013

0 EXPERTOEs uno de los ataques de dominación y control más comunes sobre cualquier persona. Consiste en una acometida frontal, cara a cara y sorpresiva, del sujeto agresor sobre la víctima elegida, rodeándole el tronco superior con los brazos y, unidas sus manos o no, terminar apretando con fuerza la porción corporal atrapada.

Un ataque así tiene varios efectos negativos sobre la víctima. Primero, provoca un estado de indefensión física y psicológica, sobre todo si los brazos le quedaron atrapados en el férreo anillo. Segundo, se refleja de inmediato en la falta de oxígeno parcial que implica la inusual presión sobre las costillas, además de la inquietud y desesperación que provoca la imposición sobre los ramales nerviosos intercostales, y por último con la inmediata pérdida de estabilidad y libertad de movimientos.

Se diría que hay poco que hacer ante un ataque así. La sofocación, la súbita desventaja de estabilidad corpórea y psicológica, la ausencia de suficiente oxígeno en nuestros pulmones… todo ello nos debilitaría, permitiendo quizá que nuestro agresor nos arrastrase a un sitio más oculto de las miradas alarmadas de cualquier transeúnte. Téngase en cuenta que la falta de la provisión acostumbrada de aire que estaríamos padeciendo ni siquiera nos facilitaría dar un grito de socorro audible y efectivo para incitar ayuda.

Pues bien, todo eso se puede evitar con un mecanismo reflejo que hay que ir desarrollando previamente, con el ejercicio mental de visualizarnos haciendo el movimiento defensivo. Es algo que no lleva mucho tiempo, y no nos impide  emprender muchos deberes, pero debe ejercitarse varias veces al día. Consiste en ceder ante la acometida, en este caso frontal, justo en el momento en que está ocurriendo. Claro, no se trata de aceptar que nos agredan, sino de hacer retroceder nuestro cuerpo un paso atrás, en el mismo sentido en que acomete nuestro atacante, pero no en la misma dirección, esa es la diferencia.

Es decir, para hacerlo más comprensible, si nuestro atacante viene del Sur en dirección Norte, cedemos un paso al Noreste o al Noroeste, no al Norte.  Esa es la clave para pasarle la pelota del efecto sorpresivo, y sobre todo físicamente desestabilizador, del “abrazo de oso” al mismo atacante, provocando la pérdida de fuerza en el cepo que quiere aplicar con sus brazos.

Es muy importante lo siguiente: todo este movimiento defensivo se debe hacer justo en el momento que el atacante ya cierra sus brazos sobre nuestro tronco superior. Es justo entonces cuando su peso se está trasladando para finalmente, parado próximo a nosotros, ejercer su fuerza en el anillo que nos rodea.

Tengamos en cuenta que su ataque está dirigido y calculado en fuerza y acometida para un determinado punto en donde estemos andando o parados. Al ceder un paso en la dirección no deseada o prevista por él, el ataque va más allá de donde calculara, desequilibrándole hacia adelante. Este efecto desestabilizador aumenta cuando usted, al ceder ese paso casi lateral, imprime a su tronco superior semiatrapado un giro en la misma dirección en la que puso el pie que retrocedió, en este caso un hipotético Noreste o Noroeste. Eso aumenta aun más el desequilibrio de su atacante, y posiblemente concluya por arrojarlo sorpresivamente al suelo, si al hacer el retroceso y semigiro sube a la par el brazo atrapado que ha quedado más cercano al atacante.

De ese movimiento también emerge la oportunidad de envolvimiento del brazo del atacante y una sólida llave de codo. Pero eso será en otra lección.

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