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El arte rupturista o la mediocridad

El arte rupturista o la mediocridad

El arte rupturista o la mediocridad
octubre 30
22:28 2014

La cultura contemporánea no fue una secuencia del siglo XIX, sino la negativa a esa herencia “ilustrada”. El siglo XX nace, entonces, con las tendencias rupturistas negando radicalmente una civilización europea ya exhausta, instalada en la contemplación manierista y autocomplaciente de lo realizado, que aún en este inicio del siglo XXI no la ha abandonado del todo.

En Alemania, la mediocridad burguesa de los junkers fue plasmada en la novela Los Buddenbrook, de Thomas Mann, y el teatro de Frank Wedekind y de August Strindberg, los cuales se inflamaban contra los convencionalismos y la respetabilidad burguesa. El expresionismo de Heinrich Mann arremete contra el régimen del káiser Guillermo II.

Las composiciones románticas de Gustav Mahler fueron las máximas expresiones del decadentismo vienés. La música de Richard Wagner era el himno de los chauvinistas de la cultura alemana, mientras la de Brahms implicaba lo opuesto, con Arnold Schönberg como su gestor. Pero la ruptura del lenguaje musical era incontenible y Schönberg abolió el sistema armónico diatónico heredado del Renacimiento, abriéndose camino la “atonalidad” una vez destruida la unidad armónica.

Con Schönberg se destruyó el lenguaje musical, con Mallarmé el poético y con Nietzsche el filosófico; y con el movimiento Dadá se produjo la aniquilación del arte. Y en 1914 el viejo mundo europeo y la Modernidad se desmoronaron definitivamente.

La debacle que significó para la civilización europea la Primera Guerra Mundial provocó la caída del viejo orden de imperios y balances de naciones y el ascenso del bolchevismo en la Rusia zarista, amén de las confrontaciones étnicas.

La transformación incluso de la guerra fue atónita, la cual se inició con la caballería y culminó con la aviación. Dos libros retratan este acontecer: La marcha de Radetzky, de Joseph Roth, y Los diez días que estremecieron al mundo, de John Reed.

La Gran Guerra quebró la noción estable de la cultura occidental y llenó de un terrible pesimismo a los intelectuales, que vieron en la obra de Edward Spengler La decadencia de Occidente el símil de la descomposición del Imperio Romano.

El grito de rebeldía por lograr una nueva sociedad y alejarse de la “vieja Europa” se recoge en la consternación de un Louis Ferdinand Cèline en su Viaje al fin de la noche, en el teatro comprometido con el vanguardismo revolucionario de un Bertold Brecht, o el futurismo y comunismo de un Vladimiro Mayakovski, junto al surrealismo de André Breton.

Al extrapolarse el raciocinio tecnológico en lógica política, ambas buscan configurar el discurso cultural, donde la razón cancele a la imaginación. La preeminencia de los criterios de las instituciones de administración en la cultura impone fórmulas anti–creativas que solo generalizan la mediocridad de lo digerido y no peligroso al entorno y desvaloriza todo lo que pone en entredicho las normas y costumbres.

Es el descenso de la resultante cultural y el bloqueo a lo no–común, a nombre de una cultura de masas que busca la incorporación de la vanguardia intelectual al papel de propagador ideológico y educador de las masas productoras. No existe tal conjunción de vanguardias, sino una definida supeditación.

La limitación de la creación intelectual, directa o indirecta, a título del desarrollo de la sociedad, es solo una justificación para el ejercicio del control. Los intelectuales estarán sometidos a una poderosa tensión moral dentro de un crudo ascetismo.

La estabilidad social solo es posible al precio de la lealtad a la racionalidad, al reflejo fiel de la realidad, a la auto–limitación y demarcación de sí mismos; la desconfianza, la suspicacia y el celo por su pureza moral; de ahí, por ejemplo, la histeria de los funcionarios y mercachifles ante el arte del surrealismo y del dadaísmo, ante la música rap y los espectáculos de Madonna.

Sobre el autor

Juan F. Benemelis

Juan F. Benemelis

Juan Benemelis (Manzanillo, 1942). Diplomático, historiador y ensayista. Ha publicado más de una veintena de libros centrados en diversas temáticas, que van de lo científico a lo histórico. Entre ellos, "Las guerras secretas de Fidel Castro", "Castro: subversión y terrorismo en África", "Paradigmas y fronteras. Al caos con la lógica", "De lo finito a lo infinito", "El Corán y el Profeta", "Islam y terrorismo" y "La memoria y el olvido". Reside en las afueras de Miami.

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