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El caballero Armando de Armas en su tiempo

El caballero Armando de Armas en su tiempo

El caballero Armando de Armas en su tiempo
mayo 15
17:13 2014

Cuando me aprestaba a escribir estas líneas, me preguntaba qué podía expresar sobre Armando de Armas que ya no hubiera dicho o escrito en otras oportunidades. Señalar que es un excelente escritor resulta redundante… reiterar que se trata de uno de los escritores cubanos más importantes es una realidad tangible en la que no debo insistir, pues hay que contribuir a mesurar el ego de los amigos… manifestar públicamente que tiene un alto concepto de la amistad y la lealtad –a pesar de ser republicano, añado sorprendido–, es algo que debo expresar con satisfacción, más cuando otros que creí lo eran me han traicionado.

Mientras pensaba esta nota sobre la amistad, recordaba la canción Las malas compañías de Joan Manuel Serrat:

Mis amigos son unos atorrantes.
Se exhiben sin pudor, beben a morro,
se pasan las consignas por el forro
y se mofan de cuestiones importantes.

Mis amigos son unos sinvergüenzas
que palpan a las damas el trasero,
que hacen en los lavabos agujeros
y les echan a patadas de las fiestas.

Una canción que retrata un poco al amigo Armando de Armas, y a otros también de armas tomar que no mencionaré por no restar protagonismo al autor y su libro, Caballeros en el tiempo.

armando-de-armas

Armando de Armas irrumpe en la literatura cubana del exilio con Mala jugada. Recuerdo la lectura de esa colección de relatos, que me dio la medida del talento del escritor y de su actitud ante la vida a través de una serie de referencias. Esa imagen de escritor desenfadado, irreverente, con una voz fresca y despojada de prejuicios y de ataduras, me hizo identificarme plenamente con él. Luego lo conocí personalmente. Un tipo vestido de blanco, contrastando la indumentaria con una chillona corbata roja. Se desplazaba por el salón de actos con una sonrisa permanente, dominando la escena con una gestualidad barriotera, intentando a su vez ser elegante, pero siempre alerta a su entorno, presto a sacar, como el mítico Pedro (o el no menos legendario Alberto Yarini), la navaja del gabán para imponer el orden. Así lo vi y lo imaginé durante la presentación de Mala jugada. Mientras hablaba con la cabeza levantada, como implorando algo al cielo, sus palabras reflejaban un tipo severo, irreconciliable con el medio social que le había tocado vivir y que intentaba robarle su libertad… y digo intentaba, porque quien haya leído los tres libros escritos por Armando de Armas en Cuba y sacados clandestinamente de la isla, Mala jugada, La tabla y Caballeros en el tiempo, comprenderá que este hombre nacido en 1958, que vivió y creció bajo el castrismo, siempre fue allí, y mucho más acá, un hombre libre.

Tiempo después, cuando leí su novela La tabla, comprobé esa libertad interior. La tabla es una novela monumental, escrita como un torbellino, un texto de gran aliento, de lucha humana ante las vicisitudes, pero también llena de ansias de vivir. Un retrato que juega con el tiempo, tejiendo en sus páginas el desastre de una sociedad bajo el totalitarismo y de un hombre ante ella.

Palabras leídas durante la presentación de ‘Caballeros en el tiempo’ en Books and Books (Coral Gables) el pasado sábado 10 de mayo.

En esa misma corriente se inserta Caballeros en el tiempo, un libro del que apunté en otra reseña que se trata de “una fábula sobre el tiempo o los tiempos, donde el presente se funde en una mixtura para crear una nueva realidad (desde luego siempre posible) sobre la base de hechos históricos (toma de La Habana por los ingleses, por ejemplo y sus protagonistas), montando una alucinante ambientación sincronizada de eventos simultáneos que se fijan a la hiperrealidad que propone. Especie de mundos paralelos que se interceptan para refundar una nueva realidad”.

Sobre el autor

Luis de la Paz

Luis de la Paz

Luis de la Paz (La Habana, 1956). Escritor y periodista cubano, ha publicado los libros "Un verano incesante", "El otro lado", "Tiempo vencido" y "Reinaldo Arenas, aunque anochezca", entre otros. Entre 2001 y 2008 editó la revista virtual de literatura cubana El Ateje. Es Premio Museo Cubano de Ensayo por "Dulce María Loynaz, tránsito de una gran dama cubana", y Premio Lydia Cabrera de Periodismo en 2011.

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