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El castrismo, verbo y agenda

El castrismo, verbo y agenda

El castrismo, verbo y agenda
abril 13
00:00 2015

Entre otras señas de identidad, el castrismo se ha caracterizado por el uso frecuente del anatema así como de una retórica marginal, grosera y agresiva con el fin de desacreditar y difamar a quienes no están en su trinchera. Se trata de una táctica política más propia de quien carece de lucidez, se le agotaron los argumentos racionales (para justificar el deterioro de su autoridad política y moral) y se refugia en la vacuidad de la violencia verbal.

Dos de las palabras más repetidas y altisonantes que el régimen le ha “regalado” a quienes no comulgamos con su política, han sido “gusanos” y “escorias”; dos palabras que, más que afectarnos, más bien revelan el desprecio y la miseria que hay en el cerebro y el corazón de los Castro, también de aquellos que le siguen. Una de esas palabras, “gusanos”, se ha vuelto a escuchar –como un eco de los penosos acontecimientos del Mariel– en la voz de esta señora durante la Cumbre de las Américas. El sainete que protagoniza ante las cámaras es la evidencia clara de lo que Hegel postuló como “la voz del amo en el esclavo”, la adopción (¿irracional, irreflexiva?) de los principios, las órdenes y el vocabulario del amo que luego Hannah Arendt, al examinar el fascismo en los juicios de Nuremberg, llamaría “banalidad del mal”.

Según el texto taoísta La sabiduría del silencio, “juzgar a una persona no define quién es ella, define quién eres tú”.

Si seguimos la lógica implícita a este razonamiento ancestral, encontramos que el castrismo se define a sí mismo y ha hecho un retrato de sí mismo en la vulgaridad de su retórica política, en la desfachatez de su violencia verbal.

Pocos gobiernos han sido pródigos y elocuentes en juzgar y ofender verbalmente a su pueblo. De ese modo, hallamos en el castrismo un extenso inventario de insultos dirigidos a quienes no han comulgado con ellos; revelando a todas luces no sólo la catadura emocional y moral de la elite castrista sino el desprecio por su pueblo y por eso que pretenden colarle al mundo en la cumbre: la sociedad civil.

No sé cómo se digiere que el régimen acuda a una cumbre a hablar de “sociedad civil” (cuando se ha pasado más de 50 años dividiéndola, insultándola, omitiéndola, fagocitando su existencia) si no es asumiendo lo que la “real politik” es: un escenario hipócrita y corrupto más.

¿Cómo puedo ser parte de una sociedad cuyo gobierno sólo sabe anatemizar, golpear y encarcelar a quienes piensan diferente?

Todo parece indicar que el diálogo abierto y libre entre ciudadanos cubanos para decidir su destino no está en la agenda del castrismo en la era de la normalización del diálogo con el gobierno Estados Unidos.

Cuando el régimen convoca a su jauría, es porque ninguna razón creíble le asiste. Mucho menos la de una sociedad civil.

Sobre el autor

Julio Fowler

Julio Fowler

Julio Fowler (Santa Clara, 1964). Actor, poeta, crítico, cantautor y productor musical. Profesor y director de Teatro, ha publicado el poemario “Las profecías de Alsine” (Ediciones Vigía, 1988) y su poesía aparece en antologías como “Retrato de Grupo” y “Un grupo avanza silencioso”. Entre los discos que ha editado se cuentan “Dale Mambo” (2003), “Buscando mi lugar” (2006), “Utopías” (2009), “Factoría Autor” (2011) y “Ligeros de equipaje” (2012). Reside en Madrid.

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