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El Club de la Lucha (estados de opinión)

El Club de la Lucha (estados de opinión)

El Club de la Lucha (estados de opinión)
abril 24
15:58 2014

Oír no es escuchar y hablar no es decir ni mucho menos comunicar. Se toman por sinónimos cosas que no lo son. Y comienzan las descalificaciones. Para opinar sobre algo primero hay que tener una “opinión”, y eso hoy se cree cualquier cosa. La mayoría de la gente lo desconoce, pero no sabe que lo desconoce. Es el gran triunfo estúpido de la educación masiva, la horizontalización y el igualitarismo positivista de la ilustración. Todo el mundo se cree con una ¿cultura? y con derecho a expresarla.

El derecho a decir tu estupidez es lo que llamamos hoy “libertad de expresión”. El derecho de joderle la vida al otro públicamente plus peores amarillismos, incluso de la prensa de la víscera, eufemísticamente llamada “especializada” con total impunidad. Desde una psicología borreguil domesticada y “democrática”. Un animalito doméstico educado para tragarse todo lo que le echen.

Hemos de volver al sable, al sacro-fasere (sacrificio), al grito –como decía Antonin Artaud–, a la herida. No hay que temerle al curtido gaznatón, ni privado ni público. El rastro de sangre en los muros no siempre mantiene a raya a los imbéciles. A no ser que se quiera tener una vida irresponsable, apendejada y anodina (disculpando la dureza de la frase).

Crecer es eso. Ser responsable, aprender a verlo.

Con los “Agentes Smith” y sus trolls no se puede tener piedad. Esa MatriXXX infinita de la estupidez humana te somete o te aniquila (no hay término medio con ella). Entonces hemos de paliar a CoDazón (com)batiente. Esmerado arte de la esgrima, cuya elegancia gallarda evite (cuando sea posible) su puñalada trapera. Decía Groucho –el único marxismo que aprecio–: “Se puede ser un tonto pero guardar silencio, o hablar y despejar todas las dudas”.

Mucho provocan lo que merecen. “El Club de la Lucha” oxigena los bíceps del cerebro, que también es un músculo que no demasiados entrenan. Un alarido –bendito Ginsberg– justo antes de sucumbir al imperativo de la homologación general o ceder al cáncer anulador de esta “paz incivil”, la docilización mercantil y la ¿corrección? política de un lado o del otro. Que de pronto, en medio de esta postmodernidad decadente y crepuscular que heredamos, nos volvió inútiles e incapaces a todos.

Arriba coDazones (¿a quién hay que levantarle la mano?, la guitarra no lo hará, nunca lo hizo a pesar de la obstinada propaganda zurda que tan bien conocemos). Despertar de la consciencia del “haz lo que debas” –ama et quod vis fac–. Aprendemos por las buenas, por las malas o de todas y de cualquier manera. El universo no quiere y no soporta que sea de otra forma.

Sobre el autor

Adrián Morales

Adrián Morales

Adrián Morales Rodríguez es Doctor en Estética por la Universidad de la Sorbona, Paris. Artista visual, músico, compositor y multinstrumentista. Discípulo del padre de la Deconstrucción Jaques Derrida. Entre sus textos obran: “Trastornos. De lo Antropofágico a lo Antropoémico. Power Food LEXIcom” Edt: Artium, Vitoria Gasteiz, 2008. “Sobre Dalí o la Metástasis del Inconsciente”, Edt: Fundación Joan Abelló, Barcelona, 2005. “HisPánico, I, II y III”, Edt: NomadART Productions, Barcelona, 2001 o “Genética Control y Sociedades en Descomposición”, Edt: Atópics, Paris, 1995. Vive y trabaja entre Europa y Estados Unidos.

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2 comentarios

  1. Augusto Gomez
    Augusto Gomez mayo 01, 11:14

    Gracias, Adrián , tú como siempre, con el listón bien alto.

  2. julio casanova
    julio casanova mayo 01, 11:39

    adrian es un explorador del futuro

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