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El deshielo Cuba-Estados Unidos

El deshielo Cuba-Estados Unidos

El deshielo Cuba-Estados Unidos
junio 28
15:59 2015

Con su intención de querer normalizar las relaciones con los hermanos Castro. el presidente Barack Obama ha puesto a Cuba de moda.

El domingo pasado, en el boulevar de Santa Mónica, vi que había gente bailando y que un americano haciendo un esfuerzo para moverse tropicalmente le dijo a otra americana: ¡Cuban salsa!

Todos quieren ir a La Habana para “estar en onda”. Presidentes, políticos, altos ejecutivos de grandes transnacionales y aerolíneas, etc. Coincidiendo con la visita del entusiasmado papa Francisco, en septiembre llegará a la capital cubana el primer ferry estadounidense con pasajeros en 55 años. En cualquier momento se anuncia el restablecimiento de las relaciones diplomáticas.

A mí me gustaría estar de fiesta. Pero no puedo. Yo me pregunto: ¿si Augusto Pinochet en vez de haber entregado el poder, luego de convocar un plebiscito que perdió, hubiese hecho algunos cambios políticos cosméticos, pero manteniendo intacta su dictadura militar, habría sido abrazado y mimado por el mundo entero?

¿Habrían sido igualmente elogiados Trujillo, Somoza, o los gorilas golpistas argentinos, como lo son hoy los hermanos Castro, quienes en forma bien documentada se sabe que por motivos políticos han fusilado o causado la muerte de manera directa a 7,101 cubanos (más del doble que los 3,197 crímenes documentados de Pinochet); encarcelan y dan palizas a los opositores y convirtieron en ruinas a una nación que en 1958 duplicaba el ingreso per cápita de España?

El color del cristal con que se mira…

Lo que pasa es que Washington y La Habana ven este deshielo como el poeta español Ramón de Campoamor: “En este mundo traidor/ nada es verdad ni mentira/ todo es según el color/ del cristal con que se mira”.

Pero falta el cristal del pollo, del arroz con pollo: el pueblo cubano, que siendo el protagonista principal ha sido ignorado. Ni los Castro ni Obama lo han tenido en cuenta.

Realpolitik … al duro y sin guante

Por tanto, todo esto es pura realpolitik, palabra alemana que significa “pragmatismo político a ultranza” y que se sintetiza en una frase de John Foster Dulles, secretario de Estado con Eisenhower: “Estados Unidos no tiene amigos, sino intereses”. (Dulles, por cierto, lo que hizo fue resumir una frase más larga de su colega John Quincy Adams en 1823. También del imperio británico dijo algo parecido Lord Palmerston, primer ministro de Inglaterra a mediados de siglo XIX, y luego lo repitió Winston Churchill en los años 50).

Conferencia de Roberto Alvarez Quiñones en los Fuegos Cruzados del Club del Pensamiento Crítico, en la Biblioteca del Este de Los Angeles, California. Sábado 27 de junio de 2015.

O sea, esta política de Obama no es nueva, lo que es nuevo es que es el primero de los 11 presidentes que ha tenido EE.UU., desde 1959, que decide abrirle el camino a los empresarios estadounidenses para que hagan negocios en Cuba, no importa si hay allí un régimen totalitario, como lo hay también en China y Vietnam. Eso es realpolitik al duro y sin guante.

También lo es el propósito de la Casa Blanca de evitar que un colapso económico en Venezuela desestabilice al régimen castrista y se produzca un nuevo Mariel más masivo.

Es realpolitik de Obama esperar que al “amigarse” con los Castro las relaciones con el resto de América Latina van a disminuir al mínimo la hostilidad de los gobiernos de la región contra EE.UU. Craso error, relaciones amistosas no habrá mientras Latinoamérica sea dominada por la izquierda.

Realpolitik de los Castro: obtener cash y créditos

Dado la crisis galopante en Venezuela, la realpolitik para los Castro es tener un asidero del cual agarrarse si colapsa el mecenas venezolano.

Al régimen cubano no le interesa normalizar las relaciones con EE.UU., sino que levanten el embargo, recibir inversiones, créditos y turistas de EE.UU., para garantizar el fortalecimiento económico y financiero de la élite militar que dirige el país.

Por el contrario, la normalización de relaciones preocupa a la élite militar del poder, por razones políticas e ideológicas. Por eso Raúl Castro insiste en que eso llevará “mucho tiempo”.

Es más, si se levanta el embargo, la cúpula dictatorial va a dilatar las negociaciones indefinidamente, y va a exigirle a Washington $100,000 millones por los daños ocasionados por el “bloqueo”.

La élite militar de la Sierra Maestra necesita tiempo. No quiere correr riesgo alguno de que la situación se les vaya de las manos y quiere blindarse contra esa posibilidad.

La gran trampa del castrismo

Toda esta realpolitik opera desde el fondo de una trampa hábilmente fabricada por los Castro hace tiempo. El régimen siempre le ha hecho creer al mundo que la causa de todos los males de Cuba es externa y no interna. Que es el embargo y el diferendo con EE.UU., y no el sistema comunista, comprobadamente fracasado en los otros 34 países que lo padecieron en el siglo XX.

Primer error: Beso de Judas a los Castro para que hagan cambios

Creer que abrazar a los Castro y su claque militar, con estímulos económicos, es la vía para comprometerlos a que hagan cambios profundos es, cuando menos, ignorar las evidencias en China, Vietnam, Rusia, en Alemania durante el nazismo, o en el Chile de Augusto Pinochet. En ningún caso citado la independencia económica se tradujo en libertades políticas. Además, con los Castro no funciona el Beso de Judas.

Segundo error: levantar el embargo solucionará los problemas de Cuba

El establecimiento del embargo en 1962 no fue para derrocar al régimen, sino un castigo por las confiscaciones de las propiedades estadounidenses sin compensación alguna. Y nunca incluyó al sector privado. La Ley Helms-Burton no impide que se le envíe recursos a los cuentapropistas.

Además, el “bloqueo” consiste en no compras de EE.UU. a Cuba, a la que le exporta. EE.UU. es hoy uno de los principales proveedores de Cuba de alimentos, medicinas y equipos médicos. Desde 2002 la isla ha importado alimentos de EE.UU. por 4,689 millones de dólares.

En 2014 desde Estados Unidos fluyeron hacia Cuba más de 5,000 millones de dólares, entre remesas, paquetes y el dinero que llevan quienes viajan a la isla. Eso triplicó los ingresos netos recibidos por el turismo.

Ni con $202,000 millones

Desde que se implantó el embargo en 1962, hasta 1991 en que se desintegró la Unión Soviética, Cuba recibió de Moscú unos $115,000 millones en subsidios, sin contar los suministros gratuitos de armamentos. Luego, desde Venezuela ha recibido otros $87,000 millones, incluido el 66% del petróleo que consume el país. Con esos $202,000 millones (para una nación pequeña), los Castro en vez de desarrollar la economía empobrecieron a los cubanos hasta niveles africanos no conocidos en América Latina, salvo el caso de Haití.

¿Serían Honduras o Bolivia tan pobres hoy si hubiesen recibido gratuitamente $5,050 millones de dólares anuales durante cuatro décadas?

No es el embargo la causa del cataclismo cubano, sino el improductivo sistema político y socioeconómico diseñado por Carlos Marx, perfeccionado por Lenin, Stalin, Mao, con los aportes “latinos” posteriores de Fidel Castro y el Che Guevara, y que asfixió las fuerzas productivas y la capacidad creadora de los cubanos.

No cambios políticos

En Cuba no habrá cambios políticos, como bien aclara el dictador, porque antes deben salir de escena él y los trogloditas estalinistas del poder, y dejar paso a un nuevo liderazgo político. En todos los países excomunistas los cambios estuvieron a cargo de nuevos dirigentes.

La perestroika, que acabó con el comunismo en la Unión Soviética y echó abajo el Muro de Berlín, no la lanzó Leonid Brezhnev o Konstantin Chernenko, sino Mijail Gorbachov. Las reformas capitalistas en China comenzaron después de la muerte de Mao Tse Tung, y el doi moi (renovación), en Viet Nam, tuvo lugar luego de ser relevados los viejos camaradas del estalinista Ho Chi Mihn. En España la democratización no la comenzó Francisco Franco.

Los jamones no son gratis

Paso ahora a los objetivos económicos de EE.UU. con respecto a Cuba, y cuento una anécdota: en un entrenamiento en Cuba de las Milicias de Tropas Territoriales (MTT) al este de La Habana, en tiempos del presidente Ronald Reagan, para enfrentar una “inminente invasión yanqui”, un escritor que compartía conmigo aquella preparación para la fantasmal batalla, me dijo: “Nosotros podemos enfrentarnos bien a una invasión militar, pero no a un bombardeo de jamones y salchichas”.

Cierto. Bastaba imaginarse un combate entre invasores estadounidenses y los malnutridos milicianos (incluyendo ancianas) de las MTT, y que los aviones enemigos en vez de bombas lanzasen jamones y hot dogs en bolsas de plástico. Todas las trincheras se habrían quedado vacías.

Y digo esto porque en Cuba no van a llover jamones gratuitos del cielo, como metafóricamente se imaginan muchos que va a ocurrir con la normalización de relaciones, sino que EE.UU. pretende ¡venderlos! en la isla. ¿A quién? ¿Con qué dinero?

¿Qué ofrece Cuba a EE.UU?

La mano de obra más barata de Occidente (salarios más bajos que en Haití).

Según un estudio de la entidad global Nationmaster, en 2014 el salario nominal en Cuba fue de 25.01 dólares mensuales, el más bajo entre los 176 países analizados. Haití con $59.33 mensuales, duplicó el salario cubano. En El Salvador, nación también pobre, fue de $365.00.

La propia Oficina Nacional de Estadísticas del régimen informó que el salario nominal en Cuba en 2014 fue de 584 pesos (24.33 dólares), y que considerando el índice de alza de los precios al consumidor el salario real fue de 467 pesos; o sea, unos 20 dólares mensuales.

Involución económica

El Producto Interno Bruto (PIB) de Cuba, que en 1958 era siete veces superior al de República Dominicana, hoy es inferior al de su vecina caribeña. Incluso hoy Cuba importa vegetales y frutas frescas desde allí porque la agricultura isleña no logra abastecer los hoteles y restaurantes del sector turístico.

En 1958, Cuba importaba el 29 % de los alimentos que consumía, ahora importa el 80 %. La isla fue la azucarera mundial durante 180 años y hoy produce la cuarta parte del azúcar que producía en 1925, y hasta ha importado azúcar para cumplir compromisos de exportación. De 6.5 millones de cabezas de ganado vacuno en 1958, hoy tiene 3.7 millones. De café produjo 60 mil toneladas en 1958, y en 2014 la cifra fue de 6,105 toneladas. Y la conexión a Internet es la más baja de Occidente.

Dos monedas, un gran obstáculo

Para colmo hay dos monedas. El peso “malo” (CUP), con el que se pagan los salarios y equivale a 4.2 centavos de dólar, sirve solo para comprar unos pocos alimentos subsidiados y algunos servicios como la electricidad y el agua. Y la masa monetaria en pesos “buenos” llamados CUC, al cambio de 24 CUP por 1 CUC y con una paridad ficticia con el dólar, es insuficiente para constituirse en demanda efectiva de mercado alguno.

¿Cuántas hamburguesas con Coca Cola podría vender una McDonald’s en Santa Clara o en Ciego de Ávila a un precio de tres CUC, si ello representa el 12.5 % del salario mensual?

La doble moneda impide calcular los costos de producción. Nadie en Cuba sabe a ciencia cierta cuánto cuesta producir un saco de papas y llevarlo al mercado.

En Cuba no podrá haber un mercado nacional si no se unifican las dos monedas y si los salarios no se cuadruplican al menos. Pero para ello hay que aumentar dramáticamente la tasa de productividad, y la producción de bienes y servicios no gratuitos. Eso solo se puede lograr si se liberan las fuerzas productivas, cosa a la que se niega la dictadura.

¿Nuevas maquiladoras?

O sea, un cese del embargo estadounidense podría convertir a Cuba en una gran maquiladora exportadora de productos a bajos precios, pero maquiladoras de nuevo tipo; o sea, de compañías extranjeras asociadas al Estado cubano, que explotaría conjuntamente con el capital extranjero el bajísimo costo de la mano de obra cubana.

El jueves pasado leí que la compañía Cleber, de Alabama, ya fue autorizada por el régimen castrista para instalarse en la zona franca del Mariel y fabricar tractores.

Trabajo esclavo para el Estado

En Cuba está prohibido que las empresas extranjeras contraten a sus empleados. Tienen que pedirlos al Gobierno, que los provee ya filtrados por la Seguridad del Estado. Y lo hace por dos motivos:

• Para que los trabajadores contratados sean militantes del Partido Comunista, o “revolucionarios”, que serán espías del régimen en la empresa.

• Para quedarse con la mayor parte del salario de cada trabajador, como hace actualmente. Crease, o no, en Cuba cada empleado de una empresa extranjera, o mixta, recibe una pequeña parte en pesos (CUP) inservibles, y el Gobierno se queda con la mayor parte, y en dólares.

En síntesis, Cuba lo que ofrece a EE.UU. es la miseria en que ha sumido a la “clase obrera” en nombre de la cual gobierna el Partido Comunista.

¿Empoderar a quién?

El principal argumento de la Administración Obama es que con la normalización de relaciones se podrá “empoderar” a los trabajadores por cuenta propia cubanos para que conformen un pujante sector privado.

Eso no será posible, si no se cambian las leyes. En Cuba el Estado tiene el monopolio absoluto de la actividad industrial, comercial, bancaria y hasta la agrícola, pues los campesinos están obligados a vender al Estado casi todo lo que producen.

No independencia económica

Y es que el castrismo necesita que la gente dependa del régimen para todo. Si los cuentapropistas se enriquecen, obtendrían poder económico, y eso no encaja en el modelo de capitalismo de Estado que ya diseña la cúpula dictatorial.

Con hambre y necesidades de todo tipo, la prioridad de la gente es buscar la comida y “resolver’’ sus problemas y no la de pensar en cambiar el Gobierno, cosa que además lleva a la cárcel.

La pobreza y dependencia del Estado es la mejor aliada estratégica de la Junta Militar para mantenerse en el poder.

Por eso la Ley de Inversión Extranjera impide que los cubanos residentes en la isla puedan invertir. Si un cuentapropista recibiese financiamiento privado no lo puede invertir, además, porque lo prohíbe el Partido Comunista (PCC) que con fuerza de ley establece en sus Lineamientos : “No se permitirá la concentración de la propiedad en personas jurídicas (negocios privados) o naturales (individuos)”.

En Cuba no se puede crear capital privado. Solo es permitido tener los mismos “timbiriches” de precarios servicios que pululaban antes de que Da Vinci pintara la Mona Lisa.

No se puede prosperar

El dueño de una paladar (pequeño restaurante familiar) no puede crecer porque sólo le permiten tener 50 sillas como máximo. Y encima lo asfixian con impuestos que succionan la mayor parte de sus ganancias.

No producción privada de bienes, ni servicios profesionales

Por ley está prohibida la producción industrial privada, por pequeña que sea. Para colmo, se prohíbe que los graduados universitarios presten servicios profesionales en forma privada.

Además, los cuentapropistas no pueden exportar o importar nada, ni negociar directamente con nadie. Sólo pueden relacionarse con las empresas del Estado y nunca con una empresa privada o mixta, y menos con extranjeros.

Lo que Obama debió exigir a Raúl Castro

Lo menos que debió pedirle Obama a Raúl Castro antes de hacer tantas concesiones sin recibir nada a cambio, fue exigirle que para levantar el embargo, el Gobierno cubano debe eliminar precisamente todas esas regulaciones comunistas que impiden a los cuentapropistas tratar con inversionistas y comerciantes extranjeros, y permitirles crear capital para crecer.

Junta Militar omnipotente, Fidel nunca aceptó…

Con tales controles dictatoriales, la que se va a empoderar será la élite militar castrista, que será la única que se relacionará con los hombres de negocios de EE.UU.

Recordemos que Fidel Castro nunca aceptó —como en la URSS y otros países “hermanos”— que el Partido estuviera por encima de las Fuerzas Armadas. Su megalomanía se lo impidió y convirtió su cargo militar de Comandante en Jefe, en una versión antillana de monarca absoluto.

En Cuba hoy manda un reducido grupo de 6 generales en activo (cinco de ellos históricos de la Sierra Maestra), tres comandantes históricos y dos coroneles (Alejandro Castro Espín, hijo del dictador, y Marino Murillo, encargado de la “actualización” del modelo económico-socialista. Ellos conforman una Junta Militar (JM) invisible porque operan tras bambalinas.

O sea, la JM no existe formalmente, pero sus 11 integrantes se consultan unos a otros y son los que toman las decisiones importantes, por encima del Gobierno, el Consejo de Estado y del propio Buró Político del Partido Comunista, que según la Constitución, es la máxima instancia de poder en el país.

Además, por si acaso, nueve de los 14 miembros del Buró Político son militares, y de los siete vicepresidentes del Consejo de Ministros, cinco son generales de dos y tres estrellas.

Esa JM la encabezan los dos Castro y los comandantes José R. Machado Ventura y Ramiro Valdés, con una edad promedio de 85 años, que constituye la cúpula de poder político más anciana de toda la historia humana. Eso conspira contra la vitalidad necesaria para emprender cambios profundos.

Toda la JM de 11 miembros tiene una edad promedio de 74 años, muy superior a la cúpula actual de China, de 65.4 años, y la de Vietnam, con 64.8 años.

Burlas a los “vejestorios”

Lo irónico es que personalmente fui testigo de cómo Fidel hacía chistes en privado sobre el “asilo de ancianos” soviético y el chino. El caudillo decía que era increíble cómo la dirigencia política de Moscú era un coto cerrado al que no tenían acceso “cuadros más jóvenes”.

Control económico de los militares

Lo peor es que los militares controlan ya de manera directa el 70% de la economía nacional. Generales, coroneles y sus familiares se entrenan como gerentes de las industrias y actividades que son rentables, o podrían serlo, para convertirse luego en sus propietarios definitivos.

Cambio de mentalidad

Lo interesante es que paralelamente también se sienten como futuros propietarios los administradores en la base de la pirámide económica de la isla.

Resulta que la transformación más importante que ha habido en la isla desde que Raúl es el dictador viene a ser el cambio de mentalidad entre los administradores y gerentes de las empresas, fábricas, tiendas, talleres; y también en la población. Los cubanos en general perciben que el regreso al capitalismo ya no lo para nadie, pero no saben cómo será ese regreso.

Están convencidos de que “el socialismo es un largo y tortuoso camino que va del capitalismo al… capitalismo”, como decían los polacos en los años 80.

Actúan ya como capitalistas

Amigos que viven en la isla y han venido de visita a EE.UU. me cuentan que los administradores de las entidades estatales, medianas y pequeñas, tienen ahora más autonomía por dos razones: el descontrol y la corrupción galopante en la llamada “cadena puerto-transporte-economía interna”. Ellos ya se ven a sí mismos como futuros propietarios de esas instalaciones que administran, como sucedió en Rusia y en China.

Muchos ya operan así. Comercian o producen, le entregan al Estado ingresos basados en una contabilidad manipulada, y luego venden por su cuenta y obtienen utilidades con “su” parte del negocio. Claro, los funcionarios de más arriba cobran lo suyo por hacer la vista gorda. Todos ganan y a la vez hacen posible el mercado negro, el único que realmente funciona en la isla.

El generalato que controla la economía teme que ese cambio de mentalidad erosione el control que pretende tener más allá de la desaparición física de los Castro.

Pero aunque en la crème de la crème de la dictadura algunos se niegan a dar más autonomía a las empresas estatales, otros piensan que ese es un adelanto para la “construcción” de un capitalismo de Estado bien controlado, en el que el Gobierno no se ocupará ya de las pequeñas unidades de producción y servicios, sino que se servirá de ellas y esquilmarán con impuestos.

Y ciertamente, si no hay descentralización y autonomía para las empresas colapsará lo que queda en pie de la economía cubana.

Modelo chino-raulista con rasgos fascistas y postsoviéticos

A mi modo de ver el castrismo se enrumba hacia un tipo de modelo chino-raulista; es decir, militarizado y más controlado: un sistema de capitalismo de Estado con mezcla de rasgos fascistas y postsoviéticos.

Se mantendrá la represión política igual o peor que en China, pero no se permitirá que surja un millonario sector privado como el que ya genera el 70 % del PIB de China. Con los Castro en el poder es impensable la consigna de “enriquecerse es glorioso”, con la que Deng Xiaoping inició las reformas capitalistas, luego de la muerte de Mao. Los cubanos recibirán los mismos palos, pero menos zanahorias que lo chinos.

El modelo autoritario raulista será fascitoide por el protagonismo de los militares en la economía, quienes además perfeccionarán la maquinaria de represión política. Como decía Mussolini (frase luego copiada por Fidel Castro) “Todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado”.

Y postsoviético porque la nomenklatura militar y civil conformará un entramado comercial y financiero de corte mafioso, con el cual habrá que negociarlo todo, tanto los estadounidenses, como los cuentapropistas, agricultores, cooperativistas, etc.
Burguesía cívico-militar

El fin del embargo y las nuevas relaciones con EE.UU. consolidará esa casta burguesa cívico-militar y acelerará el diseño del neocastrismo, que ya será presentado y aprobado en forma de “Lineamientos” en el Congreso del Partido Comunista programado para abril próximo, dentro de 10 meses.

No se vislumbran fracturas

Y algo muy importante, a diferencia de Fidel, su hermano Raúl sí consulta con sus allegados y todo lo que decide va avalado por el apoyo de la claque militar que lo sostiene. Con Fidel, un disparate suyo a estas alturas habría encontrado ya resistencia, incluso en la propia cúpula, cansada de las idioteces del “Jefe”, y eso habría podido crear fracturas en la cúspide del poder. Con Raúl esa fractura lamentablemente parece más difícil.

¿Peligros para el régimen?

¡Sí, los hay! Al desaparecer el “enemigo”, espina dorsal de su cincuentenario discurso político, quedará al desnudo que la desgracia cubana no es la contradicción con EE.UU., sino la de la dictadura con el pueblo.

Ello puede generar una nueva dinámica popular. Los cubanos podrían sentirse más “sueltos” para pedir mejoras colaterales más allá de los límites trazados para la instalación del relevo neocastrista de capitalismo de Estado.

También el deshielo podría estimular a la corriente más pragmática dentro del castrismo a alentar la “modernización” del régimen para hacerla más flexible y menos fascista, y realizar reformas más serias.

Control orweliano, 1984

Lo que pasa es que la forma en que se controla la vida de cada ciudadano no se la imaginó siquiera George Orwell, al escribir su antológica obra 1984. Y no se vislumbra que eso se vaya a modificar, haya o no relaciones con EE.UU.

Por el contrario, lo que ya está ocurriendo es que la dictadura sabedora de que es la vedette política del momento y que nadie quiere censurarla para no hacer ruido en las negociaciones, se siente más impune cada vez y ha arreciado la represión política.

¿Quiénes se benefician más con el deshielo?

• Los hombres de negocios estadounidenses.

• El presidente Obama que pasará a la historia como el presidente que puso fin al conflicto EE.UU.-Cuba.

• Los ciudadanos de EE.UU. que ahora podrán broncearse en las bellas playas cubanas, a 40 minutos en avión.

• La Junta Militar y el generalato cubano, que se enriquecerán y podrán instalar más cómodamente el modelo neocastrista de capitalismo de Estado.

¿Y la gente de a pie?

Sí, habrá beneficios, pero no tantos como muchos esperan. Los cubanos podrán comer y vestirse un poco mejor, mejorará el transporte y en general tendrán un alivio en su nivel de vida, pero todo bajo el estricto control de la cúspide militar y del Partido Comunista.

No tendrán ya que participar en marchas forzadas contra el “imperio”. Las Milicias de Tropas Territoriales no tendrán razón de existir y la gente cuestionará como nunca las guardias en los CDR. Las relaciones entre familiares de dentro y fuera de la isla serán más fluidas que nunca.

Conclusión

• Al gobierno de Cuba no le interesa tener relaciones amistosas con EE.UU., sino que levanten el embargo, recibir inversiones, créditos y turistas estadounidenses.

• El levantamiento del embargo no hará surgir un fuerte sector privado y quien se va a empoderar y enriquecer será la casta militar que controla la economía nacional.

• Con más dinero, el Gobierno subsidiará el increíblemente improductivo sector estatal y estará más tentado a centralizar nuevamente la economía que a su flexibilización.

• Los cubanos seguirán sin las libertades y derechos individuales, económicos, civiles y políticos, que le corresponden a una sociedad moderna, en una nación en la que no hay elecciones democráticas desde 1948.

(¡Quiero estar totalmente equivocado y que todo sea bien distinto. Es mi más grande anhelo como cubano!).

Sobre el autor

Roberto Álvarez Quiñones

Roberto Álvarez Quiñones

Roberto Álvarez Quiñones es periodista, economista e historiador cubano. Autor de siete libros de temas históricos, económicos y sociales. Trabajó como editor y columnista del diario La Opinión de Los Ángeles de 1996 a 2008. Ex profesor universitario. Ex analista económico de la TV hispana en Estados Unidos. Ha impartido cursos de postgrado y conferencias en países de Europa y Latinoamérica. Ha recibido 11 premios de periodismo. Reside en el sur de California.

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