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El desplazamiento como primera respuesta a un ataque corporal

El desplazamiento como primera respuesta a un ataque corporal

Diciembre 06
05:00 2012

0 EXPERTO¿Por qué quedarse en  la posición que eligió el agresor para atacarlo? ¿Por qué ir al sitio donde lo empuja su atacante? Puede haber planeado el ataque o lanzarse a una agresión sin pensarlo mucho, guiado por la ira, el miedo o el interés por reducirlo rápidamente. En la mayoría de los casos, utiliza a plenitud la ventaja de ser el iniciador del conflicto. Quiere hacer el mayor daño posible o lograr exitosamente el cometido de dominarle físicamente.

Improvisada o concebida, la agresión que elige es la que optó por considerar que va a darle inmediata  superioridad  en la lid. Y ante algo así, de primeras usted se siente inerme. ¿Quién, si no es un artista marcial muy entrenado, podría enfrentar con alguna posibilidad de éxito un brutal y decidido  ataque inesperado?

Sin embargo, esa realidad es engañosa. Pese a que usted no goce de la ventaja de estar entrenado técnicamente, puede hacer mucho para defenderse. Simplemente no se quede donde está.

El ataque

Un ataque lleva determinada fuerza y objetivo. Para ello el individuo que lo protagoniza  asume una posición base, es decir se posesiona en el suelo de la manera más óptima y determinada que concibe para inminentemente lanzarse sobre usted con cierta configuración corporal.

Mas detengamos ahí la imagen.

Analicemos esto: no se asume la misma postura-base cuando se intenta pegar un silletazo que cuando se busca el cuello de un oponente para sofocarlo.  De la misma manera que usted no levanta algo pesado del suelo colocando sus pies de manera incómoda o poco óptima para darle una base de sustentación viable y con el menor esfuerzo al alzamiento, tampoco en la mayoría de los casos se arremete desde un posicionamiento instintivo que no facilite lo óptimo en el ataque.

Por tanto, el agresor planea terminar su ataque sobre usted posicionado en el suelo de una manera firme y dominante. Para hacerlo, necesariamente debe acercarse a usted en algún determinado rango de aproximación, teniendo en cuenta que no proyecta igual el físico un individuo que pretende golpear la cabeza con un objeto contundente o cortante, que otro intentando pegar en el rostro con sus puños, codos o pies. Todos tienen cierta diferencia en ese cometido y esa es precisamente la ventaja del agredido.

La oculta ventaja en el desplazamiento involuntario

Más que ponernos a pensar en técnicas marciales como respuesta inmediata, lo que conlleva un largo aprendizaje y entrenamiento, concibamos como ejemplo ilustrativo  de nuestra oculta ventaja frente a una simple agresión: un empujón frontal. Y como respuesta, algo igual de simple: ceder ante el mismo.

¿Qué marcaría la diferencia? Que retrocederíamos ante el sorpresivo ataque… ¡pero no en la dirección hacia el que estaba dirigido el sorpresivo empellón! Recordemos que la fuerza del ataque del adversario, además de agredirnos, busca quedar finalmente posesionado de manera firme y dominante. Con nuestro retroceso en el sentido provocado, mas no en la dirección que desea el adversario, se tendrá como resultado dos cosas: primero, y lo más importante, anular buena parte de la fuerza aplicada contra nosotros en el envite, y por tanto el daño que se intentaba lograr; y segundo, presenciar el inesperado desequilibrio del agresor en el sentido hacia el que aplicó su brutal ataque, que  de primeras lo desconcierta y saca de la segura posición firme y dominante que pretendía lograr al final del ataque. Si trae buen impulso, esta inesperada dirección que ha logrado con su brutal empujón quizá hasta lo precipite al suelo.

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