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El desprestigio de las instituciones y la autopublicación

El desprestigio de las instituciones y la autopublicación

El desprestigio de las instituciones y la autopublicación
enero 21
23:02 2014

Recientemente, un colega me hizo llegar, vía email, el flyer de la presentación de un libro acompañado del ruego de que le hiciese publicidad. El libro en cuestión era ya el tercero publicado de su cliente, una persona que nunca imaginé pudiera rebasar el bochorno de su primera presentación como autor, ocurrida entre las burlas de sus “colegas” de oficio, los escritores de Miami, allá por el lejano 2011. Pero me equivoqué. El personaje no solo había rebasado aquel primer infortunio sino que, además, en el transcurso, se había autopublicado otros dos libros, al punto de ser aceptado como escritor en la Feria del Libro de Miami y el Centro Cultural Español, instituciones todas ellas dependientes del erario público.

A estas alturas del partido, el personaje en cuestión se ha beneficiado de reseñas elogiosas, o al menos permisivas, firmadas, si la memoria no me falla, por tres escritores de Miami, además de aparecer entrevistado en un diario financiado con dinero del contribuyente y que, para colmo, blasona de su rigor editorial. Esto no es lo asombroso, ya se sabe que el amiguismo y la cultura de la piñita son consustanciales al ser cubano e hispano en general, y en este ámbito, inevitablemente, se borran las fronteras de lo racional.  Lo grave es que el personaje haya pasado el filtro de instituciones culturales que, por su carácter público, deberían proteger su reputación, como las arriba mencionadas. Porque cualquiera puede pagarse un libro y presentarlo en un parque, incluso en un teatro de variedades, o conseguir la reseña elogiosa de un amante o un necesitado, pero instituciones como estas, cuya naturaleza eminentemente cultural, letrada, se supone que está fuera de toda duda, serían en última instancia las encargadas de ejercer de filtros entre la iniciativa privada y el reconocimiento formal, institucional.

Si las instituciones públicas legitiman alegremente, con su apoyo, la farsa del primer improvisado que se le ocurre “escribir” un libro y publicarlo, ¿de qué estamos hablando aquí? ¿Con qué vergüenza criticar la autopublicación si las instituciones establecidas son las primeras que se saltan los límites y le hacen coro no ya a la mediocridad, sino incluso a la ignorancia y la demencia?

Aplaudo la autopublicación. Como escribí una vez, es notorio que a mayor calidad de un libro, a mayor originalidad o profundidad o complejidad, mayor probabilidad de que aparezca autopublicado (dado que a mayor calidad literaria, o complejidad estructural, menor probabilidad de que se convierta en un éxito de ventas, con lo cual las casas editoras tradicionales se lo piensan dos veces antes de invertir en un producto que puede causarles pérdidas económicas). Pero también puede ocurrir exactamente lo contrario, y de hecho, como en este caso, sucede con frecuencia: es tan elementalmente malo un libro que a ninguna editorial tradicional se le ocurre publicarlo, y el aspirante a escritor debe hacerse cargo él mismo. Ante esta segunda variable, en un mundo que funcionara normalmente, se alzarían las instituciones públicas –especializadas, se entiende– a manera de filtro. Se alzarían, digo, pero no se alzan.

¿Qué hacer? El desprestigio de las instituciones culturales oficiales es un hecho, y tampoco puede confiarse en la crítica supuestamente profesional, a menudo vendida a los intereses de los clanes y los amoríos. Por lo que a mí respecta, en el caso que nos ocupa, no he contestado aún el email de mi colega. La indecisión me invade como el agua al vaso vacío, el sentido común me empuja a callar, y a callar, y a callar.  A no mencionar el nombre del embustero. Yo también conformo el desprestigio.

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Artículo relacionado: http://neoclubpress.com/el-desprestigio-de-las-instituciones-y-la-cultura-de-la-pinita-012528492.html

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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