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El dilema chino

El dilema chino

enero 25
03:35 2011

China tiene una de las economías más dinámicas y de más rápido crecimiento en el mundo. Es un caso digno de estudio porque, a pesar de mantener un sistema de gobierno socialista, cuenta con grandes empresas privadas así como con elites adineradas. Esto último refleja que en el país la riqueza se halla polarizada, pues, a pesar de implementar un estado de bienestar, China no ha logrado nivelar sus estándares sociales de manera eficiente, lo cual contradice el “espíritu social” que dice defender el Partido Comunista.

En el otro extremo está la sistemática violación de la libertad de expresión, la libertad de culto y la libertad política. En China, como régimen socio-económico dual donde los derechos económicos no se complementan con los derechos civiles y políticos, se reproducen como plagas sociales el comercio de influencias, las malversaciones, la participación en redes de tráfico, el nepotismo, la evasión de impuestos, las construcciones ilegales, la desviación de fondos del presupuesto, el establecimiento de negocios ilícitos. Asimismo, ocurren otras formas de delitos y violaciones legales como la elaboración, distribución y venta de drogas junto a la prostitución, el juego y las actividades criminales. A este azote se une la tortura, el trabajo infantil, el creciente secuestro y comercio de mujeres y niños y el contrabando interno e internacional de personas dentro de una larga lista de violaciones de los derechos humanos.

9788467028836Intentando explicar esta dicotomía, en China y sus libertades. Un dilema para el siglo XXI (Editorial Espasa Calpe. Madrid, 2008), Javier Cremades señala que es necesario asumir que se trata de un país que marcha a la misma velocidad de Occidente en algunos aspectos, aunque no proviene del mismo punto de partida ni necesariamente se encamina al mismo destino. Con respecto a esta ambigüedad el autor señala que el propio ejemplo chino desmiente el tópico de que la apertura y el fomento del mercado suponen la antesala hacia un sistema de libertades. Según él, “en China no hay una fuerte demanda popular por grandes libertades. El chino ha crecido en un concepto de lo colectivo, en el que la libertad individual no es el centro de la vida”.

Cremades atribuye esta inhibición congénita del pueblo chino a factores asociados al predominio del culto de religiones ancestrales como el budismo y el confusionismo, entre otras, la cuales, según él, ponen el acento en el colectivo social y no en el individuo. En Occidente aceptamos como una verdad universal que la libertad es el bien más preciado que tiene el hombre, sin importar el medio donde desenvuelva su actividad vital. Empero, lo que nos plantea Cremades es que esto resulta discutible, ya que es una construcción filosófica occidental, no compartida en este caso por China, donde no existe una tradición democrática y la percepción de los derechos es más colectivista, contraponiéndose así al enfoque occidental de libertades individuales.

A pesar de todo, cabría preguntarse dos cosas: ¿cómo entonces los chinos que emigran a las sociedades de Occidente logran hacer uso del sistema de libertades –no sólo económicas, sino también civiles (basta entrar en un cibercafé en la calle de Leganitos, en Madrid, para ver a jóvenes chinos conectados a Google, a YouTube, a MySpace, etcétera, atiborrándose de toda la información disponible en la Red)– predominante en nuestros países? Y, ¿cómo los chinos de Hong Kong y los de Taiwán, así como los coreanos del sur y los japoneses, entre otros pueblos del extremo oriente que comparten un patrimonio cultural y religioso muy similar, y que viven en democracia, son felices ejerciendo a plenitud sus derechos civiles y políticos, logrando así una combinación armónica entre realización colectiva e individual?

Asimismo, China cuenta con un amplio mosaico opositor, aunque clandestino, el cual es espiado y perseguido sistemáticamente por el gobierno. Existe una elite intelectual de artistas y académicos que trabaja en inmensos centros de investigación, sobre todo de ciencias sociales, en las universidades chinas. Sin embargo, algunos expertos en el tema sostienen que últimamente un segmento de esta elite intelectual, así como algunos personajes de los medios de comunicación y la comunidad artística, han cambiado su tradicional postura a favor de la democratización del gobierno hacia una más moderada que alude a China como un ejemplo de crecimiento económico apoyado por un Estado centralista social, que ha logrado tener un éxito excepcional en la expansión industrial y busca mejorar la equidad en las familias chinas por medio del pleno empleo y del desarrollo regional.

Según estos expertos, existen grupos opositores que consideran que China en este momento no debe iniciar un proceso de democratización que podría poner en peligro el fuerte crecimiento industrial y comercial, donde además, se vería perjudicada la población. De acuerdo con estos analistas, para los chinos la experiencia de la Perestroika y la Glasnost en la otrora URSS resulta aleccionadora, debido a la profunda crisis político-social que se desencadenó posteriormente en Rusia, tras la caída del comunismo tradicional.

Este enfoque, que sería compartido por diversos grupos opositores, empalma con la posición del gobierno chino, el cual, atendiendo a la diversidad étnica, la vastedad territorial y sobre todo a la preservación del liderazgo político incontestable del Partido Comunista, considera que resulta indispensable un régimen centralista que conserve intacto su poder sobre el enorme conjunto de la población, a la cual pretende mantener ignorante de sus derechos, factor que, por otra parte, facilita la cohesión territorial.

En resumen, el libro de Cremades resulta un útil instrumento de divulgación a la hora de aproximarnos a la realidad china contemporánea, sobre todo para los legos en la materia. Pero a pesar de las peculiaridades de su ancestral cultura, del basamento filosófico de sus religiones y de su enorme peso poblacional, económico y geopolítico, mantenemos el criterio de que teniendo en cuenta otras sociedades democráticas del extremo oriente, incluso territorios que pertenecen a la propia China, tales especificidades no resultan suficientes para explicar y admitir de buen grado a un régimen autoritario que permite y auspicia violaciones de los derechos humanos amparándose en sus éxitos capitalistas. No se puede mejorar la calidad de vida de un pueblo privándolo de sus derechos civiles, incluido el derecho de asociación que le permitiría escoger entre diversas opciones políticas.

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Sobre el autor

Enrique Collazo

Enrique Collazo

Enrique Collazo es Licenciado en Historia por la Universidad de La Habana. Realizó estudios de Doctorado en la Universidad de Educación a Distancia de Madrid. Ha publicado libros sobre las cuestiones de la banca y el crédito en Cuba, tanto en la Isla como en España, y colaborado asiduamente en publicaciones como la revista Encuentro de la Cultura Cubana y su página web Encuentro en la Red, la Revista Hispano-Cubana, Cuadernos de Pensamiento Político e Islas, entre otras. Actualmente reside en Madrid.

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