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El enemigo invisible

El enemigo invisible

El enemigo invisible
junio 15
23:39 2014

Definitivamente, la sociedad cubana está en guerra. Cada paso que damos para sobrevivir económicamente pone a prueba nuestra voluntad ética y moral. Nuestra capacidad de vencer y sobrevivir a las tentaciones de la doble moral. El balcón de mi casa es “mi monte de los olivos”. Apoyado en el muro del balcón tengo una inmensa pasarela de alegrías, triunfos, derrotas y claudicaciones. Muchas veces me sorprendo deseando las buenas venturas a muchos de mis vecinos y conocidos del barrio al ir y volver de sus trabajos o empresas. Muchas veces me sorprendo preocupado por los viejitos del barrio que van camino al mercado. Muchas veces el dolor me alcanza y mi corazón se conmueve al ver el estado en el cual están los seres que conforman la sociedad cubana. No encuentro paz en mi corazón. No encuentro paz y medito.

Si no tienes paz, estás en guerra. No existe un estado intermedio. La doble moral es un manto que como el gas mostaza cubre cada recodo de la sociedad cubana actual. Mantener a tus hijos bien alimentados, y mantenerte tú, tiene desde hace unos años un costo moral que ha roto el vínculo natural de la confianza en el otro como ciudadano de un mismo espacio vital. Cuando debes comprar aceite de contrabando para alimentar a tus hijos en la misma bodega en la cual otros también lo compran, se establece un vínculo secreto y malsano. Una complicidad culpable. Un arte de la doble moral que culmina en las falsas mesas de votaciones, en las cuales todos practican la “estética del disimulo” como herramienta básica de comunicación social.

Cuando compro aceite en el mercado negro, miro al vendedor. Miro a los otros que compran. Entre todos nos miramos. Cómplices y enemigos, como en un campo de batalla.

Quienes tienen el poder en Cuba y fuera de Cuba, saben que deben mantener las cosas como están porque una parte importante de los seres que forman nuestra sociedad van a continuar dentro del círculo vicioso que impone la esperanza como motor innato de la naturaleza humana. La vida como hecho natural tiene una marcada tendencia a la autorrealización, la salud mental y la belleza. Miles de cubanos, quizás millones, tienen aún la esperanza de que la economía cubana va a mejorar algún día. Muchos cubanos de buen corazón mantienen viva esa esperanza, aunque eso no ocurra en el tiempo humano de sus vidas. Sus cerebros, al estar sometidos a la lógica de Maquiavelo “divide y reinarás, divide y vencerás”, son presa del adoctrinamiento y la desinformación constante de los medios de información masiva en poder de una minoría, que en el caso particular de Cuba es también una elite blanca y eurocentrista. Blanca y racista. Blanca y burguesa.

Cuando la mente de mis vecinos se fragmenta en miles de titulares inconexos entre sí, sin una base real y no encuentra un patrón lógico, deja de analizar y de cuestionar las múltiples realidades ante sus ojos. Muchos de mis vecinos, por muy buenas personas que sean, ya están habituados a las consignas, los slogans, los mensajes políticos, y los siguen al pie de la letra. Muchos de mis vecinos, por mucha vergüenza que les dé, tienen que comprar productos alimenticios en el abundante y siempre bien abastecido mercado negro del barrio. Muchos de mis vecinos han visto fracturada su honradez y esa fractura es un enemigo agazapado en las entrañas de una sociedad inmersa en un profundo camino de cambios morales, éticos, sociales y económicos. Cambios que deberían significar una esperanza y no un peligro para el futuro de la sociedad cubana, de la nación toda.

De un modo u otro todos, incluyéndome, han aprendido a negociar con nuestra ética o con una parte de la misma. Sostener sano nuestro cuerpo como espacio vital es imprescindible. Comprar algunos productos alimenticios en el mercado negro es la única solución a una crisis creada por las intencionadas malas políticas económicas que durante los últimos 30 años la elite del poder en Cuba ha trazado para su beneficio personal, y como modo de establecer un control desde los principios básicos de la existencia humana.

Cuando compro aceite en el mercado negro, miro al vendedor. Miro a los otros que compran. Entre todos nos miramos. Cómplices y enemigos, como en un campo de batalla. Esa sombra, ese enemigo invisible se está ocultando en cada rincón de las relaciones de nuestra sociedad y un día tendremos que lidiar con él. Mañana esa desconfianza no nos dejara mirar, “ver” a ese otro con el cual debemos construir la Cuba del futuro.

Sobre el autor

Nilo Julián González

Nilo Julián González

Nilo Julián González nació en 1967 en La Habana. Escritor, dibujante, pintor, curador, grafitero, performer, trabaja la fotografía y es realizador audiovisual. De formación autodidacta, es uno de los fundadores del proyecto Omni Zona Franca, con origen en la zona periférica de Alamar, al este de la capital cubana. Integrante fundador de ACETATO Producciones, reside en la Isla. Su poemario “Toca al corazón que late” fue publicado por Neo Club Ediciones en 2014.

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2 comentarios

  1. alina de omni ACETATO producciones
    alina de omni ACETATO producciones junio 16, 02:15

    me encanta como escribe nilo julian su manera de ver las cosas de la realidad y convertirlas en cronicas poesia articulos cuentos historias leyendas me encanta su manera de ver las cosas y su mirada poetica luzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz para ti nilo y sigue escribiendo asi luzzzzzzzzzzzzzzzzz

  2. Armando Añel
    Armando Añel junio 16, 15:31

    Un aspecto muchas veces subestimado el que toca Nilo, el papel del mercado (clandestino) en el desarrollo de una cultura del enmascaramiento. Magistral.

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