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El error de mirar al rostro del adversario

El error de mirar al rostro del adversario

enero 08
14:15 2013

0 EXPERTOEn cualquier situación de posible agresión frontal de un adversario, instintivamente no dejamos de mirar su rostro. Nuestros ojos no se apartan de una faz en la que, cada vez más alarmados, intentamos aquilatar cuáles son sus  intenciones. ¿Hasta dónde pretende llevar a hechos sus amenazas? ¿Cuál es el nivel de real agresividad que las sustenta? ¿Va a atacarnos o es sólo un alarde?

Fascinados por la inquietud y temor que nos provoca en nuestra seguridad física,  pretendemos descubrir en sus rasgos, en su mirada, lo que de verdad puede emprender. Es un acto instintivo de supervivencia, una reacción ante la posibilidad de sufrir dolor, ser lastimados, malheridos o hasta muertos.  No se piensa, sólo el instinto nos hace estar completamente alertas ante lo que parece inminente.

Como nos sentimos intimidados ante una agresión, la pelea y las malas consecuencias y daños que nos puede provocar, tratamos de evitar el conflicto. Buscamos desesperadamente una ayuda, alguien que intervenga e  impida lo que es cada vez más probable que esté a punto de  ocurrir. Entretanto, el rostro contorsionado de ira, de malas intenciones o de fría decisión de nuestro oponente… nos fascina. No podemos quitar nuestros ojos de él.

Pero eso es un error.

¿Leyenda marcial o entrenamiento real?

Muchos seguidores de las películas de artes marciales han incorporado como un hecho incontrovertible que, en una pelea inminente, observando atentamente  los ojos de nuestro adversario podemos anteceder sus intenciones. Por ejemplo, podemos  conocer in instante antes hacia qué parte de nuestro cuerpo dirigirá el ataque o el justo momento en que ese ataque se va a iniciar en contra nuestra.

De hecho, es muy probable que este método funcione. En las artes marciales, la observación siempre es el procedimiento más indicado para aprender, y por consiguiente, para entrenarse en respuestas  efectivas.

Sin embargo, para que todo lo anterior sea efectivo, se necesita tiempo, años de entrenamiento. Y no sólo en la capacidad para anteceder las intenciones de nuestro oponente, sino para estar preparados instintivamente para una respuesta técnica que neutralice su ataque, o al adversario mismo, está el secreto de la supervivencia.

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