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El exilio, el intercambio incultural y la derecha invisible

El exilio, el intercambio incultural y la derecha invisible

El exilio, el intercambio incultural y la derecha invisible
octubre 08
19:12 2013

Respecto al tan llevado y traído intercambio cultural entre Cuba y el exilio, que no sería otra cosa que intercambio incultural, no estaría de más echar una ojeada a lo que apunta el filósofo italiano Julius Evola: Es preciso no perder nunca de vista lo que se pretende: mientras que los otros “actúen” haciendo progresar la subversión, ¿debe permanecerse sin “reaccionar”, contentarse con mirarles diciendo incluso “está muy bien, continúen”, y tenderles la mano? Históricamente la única cosa que puede deplorarse es que le “reacción” haya sido inexistente, parcial e ineficaz, sin hombres, sin medios ni doctrinas adecuadas, mientras que el mal estaba aún en estado embrionario, es decir, siendo susceptible de ser eliminado cauterizando inmediatamente los principales focos de infección: a través de lo cual todas las naciones europeas se hubieran ahorrado calamidades sin número.

Un frente intransigente y nuevo debería pues formarse, comportando fronteras rigurosas entre el amigo y el enemigo. La partida no está aún perdida, el porvenir no pertenecerá a los que se complacen en disquisiciones híbridas y delicuescentes propias de ciertos medios que no se declaran, hablando con propiedad, de izquierda. Pertenecerá a quienes hayan tenido el valor de adoptar una actitud radical, la de les “negaciones absolutas” y las “afirmaciones soberanas”, por emplear la expresión de Donoso Cortés.

“Más allá del tema moral, lo cierto es que nunca ha habido una derecha en el exilio, y muchísimo menos una derecha que entienda que, nunca como ahora, nos encontramos inmersos en una guerra de índole cultural con raíces –viéndolo con radicalidad, como ha de ser– en el mundo de lo espiritual”. Armando de Armas

La verdad es que los escritores que estando en el exilio optan por ser publicados en la isla, no dejan de tener sus razones pues, más allá del tema moral, lo cierto es que nunca ha habido una derecha en el exilio, y muchísimo menos una derecha que entienda que, nunca como ahora, nos encontramos inmersos en una guerra de índole cultural con raíces –viéndolo con radicalidad, como ha de ser– en el mundo de lo espiritual. Y ante la degeneración del orbe moderno, donde Cuba ha estado en la avanzadilla, al punto que ni la dictadura, ni la oposición, ni el exilio escapan a esa circunstancia, un pobre escritor emigrado, acostumbrado al amamantamiento estatal, sin saber ni importarle ser libre (ya sabemos, en la medida que ellos sea posible), no tendría en absoluto ningún problema en prestarse con sus publicaciones al lavado de cara que busca el régimen de donde un día escapó, máxime cuando del lado de acá no encontraría, como debería ser, apoyo para publicar y promocionar su obra.

Ese escritor emigrado dirá, y no sin cierta lógica: si las instituciones llamadas a apostar por mi obra en serio serían todas de izquierda, socialdemócratas, puesto que no existe una derecha en el exilio, ni en el mundo, capaz de entender la guerra cultural, bueno, pues me voy a publicar a Cuba, que más menos esos sí son verdaderamente de izquierda y con ellos sabré a qué atenerme y, de paso, permanezco al resguardo del ombliguismo parroquial sin riesgos, es decir, sin ganancias pero sin pérdidas: loado en la localidad.

Pienso que esos escritores ni siquiera deberían ser condenados por su proceder. Otra cosa por supuesto es admitir que nos quieran vender que su proceder es el correcto. Es más, ¿cómo habríamos  de condenarles en un exilio donde hasta furibundos anticastristas se ofenderían, amedrentados hasta la médula, si alguien osara mencionarles como derechistas o reaccionarios? Al respecto el valiente Evola apunta que nadie duda que la palabra “reacción” comporta en sí misma cierta coloración negativa: aquel que reacciona no tiene iniciativa en la acción; se reacciona en un marco polémico o defensivo, contra algo que está ya, de hecho, afirmado. Precisemos pues que no se trata de contrarrestar las iniciativas del adversario sin disponer uno mismo de algún elemento positivo. El equívoco podría disiparse si se asociara a la fórmula de “reacción” la de “revolución conservadora”, que pone de relieve un elemento dinámico: la “revolución” no significa hundimiento violento de un orden legítimo constituido, sino más bien una acción destinada a barrer un desorden que se ha producido y a restablecer las condiciones normales.

Por otro lado, Joseph de Maistre observa que se trata no de una “contrarrevolución” en un sentido estricto y polémico, sino de una revolución. A saber, de una acción positiva que se refleja en los orígenes. Extraño destino el de la palabra “revolución”, que en su acepción etimológica latina no significaba otra cosa que su contrario del presente; derivado de revolvere, este sustantivo expresaba un movimiento que llevaba al punto de partida, al origen. Puede, pues, hablarse propiamente de los orígenes, de donde debería extraerse la fuerza “revolucionaria” y renovadora para combatir la situación presente.

Ergo, mientras los anticomunistas cubanos no nos dotemos de una fuerza “revolucionaria” y renovadora para combatir la situación reinante, no habrá solución. Por mi parte, y aunque deteste lo que hacen, no alcanzo a encontrar elementos para condenar a los escritores emigrados. Así nos va.

Sobre el autor

Armando de Armas

Armando de Armas

Armando de Armas (Santa Clara, 1958). Escritor y periodista. Ha publicado, entre otros libros, las colecciones de relatos “Mala jugada” (Miami, 1996) y “Carga de la caballería” (Miami, 2006), la novela “La Tabla” y el libro de ensayos “Mitos del antiexilio”, traducido al italiano por el sello Spirali. Su último título publicado, “Caballeros en el tiempo”, fue editado por Atmósfera Literaria en Madrid. Es vicepresidente del PEN-CLUB de Escritores Cubanos en el Exilio (Capítulo del PEN Internacional de Londres). Reside en Miami.

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