Neo Club Press Miami FL

El extraño silencio de Roxana

 Lo último
  • El monumento ¡Qué íbamos a imaginarnos que él andaba por estos rumbos! Eso fue por allá por 1968 o 1969, y aquí estábamos consagrados de a lleno en lo de los diez...
  • Cháchara de muertos Es sábado en la noche. Mi esposa me ha arrastrado aquí, de visita a casa de una amiga suya. Ellas dos, que ya se acercan o han llegado a los...
  • La mancha en el expediente Dicen que cuando sueñas vívidamente con tu infancia es porque se acerca la hora de morir. Más allá de cualquier interpretación sabionda o aventurada al respecto, sea relacionada con la...
  • Tubular Bells Se sentaban sobre una semiderruida cerca de piedras. Abajo, a un costado, les quedaban el pueblo y sus luces; arriba, el cielo repleto de estrellas. -¿… y muy lejos?- preguntó...
  • La sagrada rama dorada No importa que afuera el mundo sea un infierno y acechen feroces los mamertos. Es posible obviar el detalle y procurar ser feliz, al menos efímeramente feliz, si uno tiene...

El extraño silencio de Roxana

La Habana (foto de Tony Cuartas)

El extraño silencio de Roxana
octubre 21
16:31 2016

 

Querida Roxana:

Olvídate por un rato de si a José Antonio ha vuelto a darle por empinar el codo y ocúpate de lo que todavía tiene remedio. Ni te has hecho los exámenes de sangre oculta, ni tampoco me acabas de definir la forma actual de tu caca. “Eso puede ser muchas cosas —me dices en tu email del sábado último—, y no ser lo que tal vez te venga preocupando”. Coincidimos en ambas apreciaciones, Roxana, pero empiezas a confundirme, te pierdes en detalles acerca de la textura de lo que te pregunto, de su color, e irregularidad en tus ciclos habituales de deposición, y te callas lo esencial. ¿Es acintada en la forma o no lo es?, vuelvo a preguntarte; pues eso fue lo primero que me preguntó el rectólogo que desde noviembre vive aquí al lado de casa. Es la quinta vez que te lo pregunto. Por amor de Dios, hermanita, libérame de esa nueva preocupación, que bastante tengo ya con lo del divorcio que se me viene encima y con lo que papá me contó el 16 de agosto del 2002 cuando fuimos a ponerle flores a mamá, que en paz descanse.

Del divorcio me propuse no hablarte mientras estuviera sin fallar lo del Mercedes. En cuanto a lo de papá, si después de tantos años guardándomelo, ahora me animo a contártelo es para irte preparando, y para que lo consultes con el psiquiatra que atendió a José Antonio, pero sin mencionar el santo, ya que el brazo de esta gente de acá, y esto quién mejor que tú para saberlo, a dónde no hallarlo metido. Le dices, no que como profesional te dé un pronóstico, que te diga qué hacer de momento, cómo ayudarlo, y así ni corro el riesgo de comprometer a papá ni nadie por acá podrá decir después que no lo ayudé porque no quise, teniendo tan buenos amigos como tengo en ese sector de la medicina.

Papá todas las mañanas al mirarse en el espejo del lavabo teme ver la cara de Fidel Castro en lugar de su cara de toda la vida. Imagínatelo, llega al espejo temiendo descubrir allí que cuanto había creído en su vida fue un sueño de Fidel Castro, y en el espejo, por consiguiente, le esté aguardando Fidel Castro mirándole con la naturalidad de quien se disponía a cepillarse los dientes.

Es un miedo que lo viene matando desde años antes de la muerte de Mamá (a la que por no preocuparla nunca se lo dijo). Recordar que al día siguiente volverá a pasar por igual miedo lo lleva a menudo a pasarse la noche en vela. Por lo que me decía junto a la tumba de mamá en el 2002, es un miedo, un horror, un pánico que consta de tres estadios a cuál peor. Vencido el de abrir al fin los ojos y comprobar que ha amanecido en su habitación de toda la vida, en la cama de Orbay y Cerrato que su padre y su madre le cedieran cuando se casó con mamá, viene el de pasarse la mano por la cara en busca de la supuesta barba del caso. Sabe que no la hallará, sabe que se la ha venido rasurando con minuciosidad escrupulosa desde antes de la caída del Muro de Berlín cuando una mañana, ¿te acuerdas?, sorprendiéndonos a todos en la casa, se presentó en la cocina a tomar el café hasta sin el bigote, hasta sin el bigote por el cual mamá se había enamorado de él. Todo esto papá lo sabe, pero no lo alivia puesto que quién quita que en el tercero y último de esos estadios del miedo no ocurra que dichas dos comprobaciones, la de la cara rasurada y la de saberse acostado en su cuarto de siempre, hayan sido parte del sueño de Fidel Castro y sea Fidel Castro quien lo vea en el espejo cuando él llegue al espejo a mirarse.

Temiéndolo, a menudo ha permanecido horas sentado en la cama sin atreverse a ir al espejo. ¿Deshacerse del espejo? No, porque entonces ni a salir de su cuarto se atrevería por más que en la pieza siga viendo el retrato de mamá, el baúl de los recuerdos y los muebles de siempre en lugar de ver armas, botas, gorras, uniformes verde olivo, fotos con presidentes: “Todo lo contrario. Dios lo bendiga –seguía diciéndome papá del espejo como si se tratara de un ser muy querido—. Primero me mata de miedo, es verdad, pero, vencido el miedo de enfrentarlo, me devuelve la felicidad por un rato“.

Al principio, entre el despertar y llegar al espejo se echaba cinco minutos. Hoy nunca menos de una hora. Es una lucha tenaz que suele empezar sobre las cinco de la mañana cuando el gallo de la azotea de enfrente vuelve a cantar. Fuera de esa hora de escalofríos, humedades y taquicardias, sigue siendo el mismo. Su apetito es perfecto. La mitad o más de la remesa que vienes enviándonos se la come en yogur del bueno, del de verdad, carne de cerdo, pollo, queso amarillo, carne de res para hacer las ropas viejas que él mismo prepara los domingos, y así, pues para comer no se cuida.

Y en cuanto a lucidez mental, ya lo viste cuando lo del Mercedes. Aunque allá las leyes no son como las de aquí, enseguida se dio cuenta de que perdido el abogadito de ustedes en mirar la pluma, no acababa de ver el gallo. Me acuerdo de cuando ese día, desayunando con Pilar y conmigo, luego de que los muchachos se fueran para la escuela, comentó, evaluando al abogadito, que la demanda no estaba mal fundamentada en lo que a la destrucción del Mercedes y la discapacidad permanente causada a José Antonio se refería, pero que pasaba por alto, cosa increíble en un profesional que cobraba ciento sesenta pesos la hora, la oportunidad de atribuirle a Chuco cuanto traumatismo psicológico exista, aprovechando que Chuco, de cachorrito, y como consecuencias de cuando aquí en Cuba estuvo dos días encerrado en un refrigerador descompuesto sin que nadie se diera cuenta, había quedado medio tonto, ciego y sordo. Eran lesiones, decía (mira tú si estuvo claro), cuya antigüedad real, por discutible, y dado el modo de ser de los norteamericanos en ese aspecto, en ninguna corte convencerían las previsibles refutaciones del Seguro por más enjundiosos especialistas que las sustentaran. Haciendo al juez por último tirarlas al cesto de la retórica pelada, la suerte, misteriosa como de costumbre, había querido que Chuco desde su llegada a USA no se enfermara, con lo cual había dejado a los abogados de la parte contraria sin la posibilidad de rastrearlo en las clínicas caninas del condado. Todavía me parece estarlo oyendo decir triunfal, cual si acabara de dejar al Seguro con los bolsillos vacíos ante un tribunal: “De modo que a reformular ese par de pendejos la demanda del abogadito antes de elevarla. Aprovechar la lamparita de Aladino que en forma de perro Dios les ha puesto en las manos”.

Y si de su vida social o de la laboral habláramos, es el mejor en su especialidad en el bufete colectivo, o al menos el más experimentado. Y en sus informes de la vigilancia al tipo del MININT que atiende nuestro CDR, si escritos, como recordarás, ni Tomas Mann para exhaustivo y elegante, y si orales, el orador convincente y recto que ya sabes. Por cierto, todavía antier, el tipo (no el de tus tiempos en esa sección, pero que te recuerda, uno bajito, medio achaplinado), bien por comprobar si papá por dárselas de bien informado o de ganar puntos es de los que suelen confirmar hechos que no le constan o porque en efecto diera por cierta una información que anularía la aprobación para el puesto que “aplicaba” en una firma comercial extranjera el propietario del gallo de enfrente (antiguo teniente coronel que tampoco es de tus tiempos y que papá detesta por su persona misma y por el gallo), se encontró de pronto con un tan sonoro como rotundo “Eso es una calumnia, compañero”, pues el Chaplincito no cedía. Y en todo lo demás, igual, igual: el mismo papá que hemos conocido desde que tenemos uso de razón. Metódico como siempre, y cumplidor de todas y cada una de sus tareas en el Partido, sigue sin faltar a una marcha combatiente, sin faltar a una reunión del sindicato del bufete (sindicato del cual sigue siendo el organizador), y por supuesto, sin dejar de hacer su guardia en el CDR por mucho que pueda estar lloviendo. Ahora mismo está metido hasta el pecho hace dos meses en lo de los festejos por el 90 cumpleaños de Fidel. Y, de repente, ya ves.

Pero ahora imagíname a mí vigilándolo, temiendo que se me ahorque o que una mañana me lo vaya a encontrar tieso en su cama porque no pudo al cabo su corazón seguir temiendo. Acabando conmigo, ayer le encontré en el bolsillo lateral de un pantalón un pequeño espejo, uno de esos que ustedes las mujeres usan para sacarse las cejas. ¿Te lo imaginas? Hasta en la calle necesita ya, el pobrecito, de un espejo.

Y encima de todo esto que de un mes para otro me puso blanco en canas, y de lo de mi divorcio en camino, con el drama de los niños (que aunque ya mayorcitos siguen sin entender), encima de todo esto, tú, Roxana, callándote lo de la caca. Es decir, callándote lo que sí tiene remedio, si atendido a tiempo. Porque lo de José Antonio, el pobre, no es por desanimarte, pero si antes de lo del Mercedes no soltaba la botella como no fuera cuando estaba de servicio en la unidad, qué esperar de él ahora que podría comprarse un Masseratti.

Por supuesto, de lo del divorcio no te diré ni media palabra hasta el email del sábado que viene, esto si en el correo de entonces hallara la definición precisa que te he estado pidiendo —sobre la forma, no sobre la textura, sobre la forma de lo que sabes. O telefonéame el dato a la noche, tomando las debidas precauciones al referirte a lo del miedo de papá. Ahora voy a cocinarle a él y a los muchachos, pues Pilar, con lo del divorcio, ya ni a dormir viene a veces. Por fortuna, de lo de papá nunca le hablé, eso Pilar ni se lo imagina. Tampoco deberías tú hablarlo con José Antonio, pues el alcohol y la lengua suelta son amigos inseparables. No dejes de la mano lo del psiquiatra. Cualquier duda, como esta noche estoy de guardia en el CDR puedes telefonearme entre las diez y la una pero midiendo tus palabras que estas gentes no son bobos.

Un besote que rebote cinco veces en la casa besando en cada oportunidad a cada uno de mis sobrinitos, y después a ti y a Chuco y hasta José Antonio que no se lo merece por preocuparte. Y que Dios nos acompañe, Roxana, que Dios nos acompañe en esta hora tan negra.

http://en.calameo.com/read/00462964550455a8a865f

Sobre el autor

Rafael Alcides

Rafael Alcides

Rafael Alcides (Bayamo, 1933). Poeta, narrador y periodista. Premio Nacional de Literatura Independiente 'Gastón Baquero' en 2015. Ha publicado, entre otros libros, los poemarios 'Y se mueren, y vuelven, y se mueren', 'La pata de palo' y 'Agradecido como un perro', y la novela 'El anillo de Ciro Capote'. En 1993 se apartó de toda colaboración editorial y pública en Cuba, y posteriormente renunció a la UNEAC en carta abierta. Sus novelas han sido censuradas en la Isla. En el año 2011 obtuvo el Premio Café Bretón & Bodegas Olarra de Prosa Española. Actualmente pertenece al Consejo Editorial de la revista Puente de Letras, del Club de Escritores Independientes de Cuba. Reside en La Habana.

Artículos relacionados

Radio Viva 24

Letras Online

LA REVISTA INTERACTIVA DE NEO CLUB PRESS
  José Hugo Fernández

Cuánto valor cuesta no tener valor (fragmento)

José Hugo Fernández

Para Imre Kertész, el célebre escritor húngaro, Premio Nobel de Literatura en 2002, “el destino del varón en esta tierra no es otro que destruir lo tierno y lo bello,

Leer más
  Luis de la Paz

En los tiempos difíciles de Heberto Padilla

Luis de la Paz

    En una remotísima tarde de verano, sería el año 71, o tal vez el 72, el escritor José Abreu Felippe, a quien tanto le debo, me mostró un

Leer más
  Alcides Herrera

No me hables más

Alcides Herrera

                  El futuro soy yo y en él me siento. Es su bar. Me rodea Copenhague y una brisa futura me acaricia

Leer más

Capitolio de La Habana – Daphne Rosas (2011)

Festival Vista Miami