Neo Club Press Miami FL

El flautista y el escalpelo de Fernando Ortiz

El flautista y el escalpelo de Fernando Ortiz

El flautista y el escalpelo de Fernando Ortiz
octubre 28
09:33 2013

Un poco de los aspectos que Fernando Ortiz veía en los cubanos, aun cuando eran las más duras advertencias y los más ásperos criterios antropológicos y sociales, lo cito a continuación con el  propósito de estremecernos y saber un tanto cómo éramos de alguna manera antes de 1959, reconociendo que esto fue visto y pensado por él en la década del 10 del siglo pasado, pero que en los años posteriores a la década del 20 podían haberse estado transformando; quiero decir, algunos defectos debieron irse modificando para bien y otros, de hecho, aminorándose. El caso es que no está de más que acabemos de darnos cuenta de que, a pesar de que avanzábamos, resultábamos moldeables, pues a pesar de las taras y deficiencias que veníamos limando, en realidad siempre éramos susceptibles de ser mal influenciados. Y si esto sucedía en esas décadas, por tanto, ¿qué no pudo pasar a partir de 1959?

Fernando Ortiz no dejaba descansar su escalpelo: “Si en algún país la masa popular siempre se ha plasmado a voluntad de los caudillos, este país se llama Cuba” (El pueblo cubano, La Habana, Editorial Ciencias Sociales [Edición crítica por Gladys Alonso González y prólogo de Ana Cairo Ballester], Instituto Cubano del Libro, 1997). Esta es otra de las características nefastas que hemos tenido: el caudillismo (y la supuesta necesidad de sumisión a un líder); pero además, súmese la división, la intolerancia, la desfachatez y la masa, de todo lo cual ya se ha hablado mucho.

Entiendo perfectamente la tristeza de Ortiz, que podría ser la tristeza de muchos, y, entre tantos, la mía, pero asimismo quiero hacer la salvedad de que el etnólogo cubano, cuando años después llegó a su conocida teoría de la transculturación, pudo darse cuenta de que no tenía que haber tal suma de defectos como algo congénito que se hace irremediable, sino como rasgos circunstanciales que podían ser acentuados por el entorno social, por las interrelaciones del momento de época, y que la transculturación nos salvaría como lo estuvo haciendo hasta el repetido año letal de 1959, en el que se nos empezó de nuevo a estancar la mente. Lo que quiero significar es que el cubano tuvo siempre, a pesar de este desgarrador análisis bastante determinista, posibilidad de superarse, y que lo estaba haciendo en la medida en que nuevas aculturaciones y transculturaciones ocurrían, porque el cubano era y es un ser en gestación.

“El cubano era y es un ser en gestación”. Manuel Gayol Mecías

Pero esto de los defectos, naturalmente, no lo estoy descubriendo yo sino lo descubrió él, nuestro Fernando Ortiz, alguien a quien nunca acabaremos de agradecer la enorme comprensión que nos legó de nosotros mismos, al mostrarnos esos defectos, y el aporte tan extraordinario que hizo no sólo a la antropología cubana, sino mundial. Alguna vez pretendí ahondar un tanto, intuitivamente, en el valor de la transculturación y el sentido de la futuridad. En este, ahora, intento resaltar la probabilidad de que algunos aspectos señalados por Ortiz hayan incidido en el debilitamiento mental, imaginativo, del cubano cuando comenzó la era del Gran Estancamiento (1959), y cómo, en efecto, fue utilizada nuestra pereza intelectual para vendernos gato por liebre haciéndonos creer en la necesidad imperiosa, excesiva, de un patriarca, de un dictador necesario que nos lo iba a dar todo masticado, digerido, y que utópicamente nos iba a liberar de las fatigas de los explotadores procesos laborales, que nos iba a ayudar a convertir la exageración y la fantasía en una realidad de sueño, que nos iba a sacar de las trabas y el engaño de las religiones y los fetichismos, que nos iba a educar con su prensa y su palabra, que nos iba a cambiar la vanidad y la aristocracia por una importancia crucial como centro del mundo y que no nos iba a permitir el choteo y el brete, además de la vigilancia y el acoso, como un medio general, práctico y constante de relacionarnos, incluso con el mundo… ¿Y no es cierto que toda esta ingenuidad es el vacío propicio para que un espejismo lo llene?

La seducción del flautista

Ahora viene a colación algo que se ha venido expresando en estos tiempos en América Latina, según encuestas, y es que buena parte de los pueblos hoy en día han declarado su preferencia por un dictador si este les garantiza trabajo, estabilidad y una vida más segura (ello tiene que ver con el sentido de víctima que hemos aparentado en Latinoamérica y, en específico, en Cuba). Como quiera que se mire, se trata de un regreso a los primeros tiempos del feudalismo, cuando el siervo de la gleba no tenía libertad y estaba obligado a entregarle su trabajo y su mayor parte de cosecha al señor feudal, pero asimismo recibía el cuidado y la seguridad de este amo, y contaba con una cuota de su mismo trabajo para subsistir. ¿Sería esta la misma mentalidad en la que cayó el cubano bajo el feudalismo patriarcal de Fidel Castro? Con la diferencia, por supuesto, de que el siervo de la gleba en la Edad Media, en su momento, decidió convertirse en burgués y dedicarse al trabajo artesanal y al comercio.

La melodía del flautista, como el de Hamelin, en nuestro caso se ha extendido en la voz de FC por más de cincuenta años, y no dudo que ya como susurro continúe un buen tiempo más. Es el sonsonete de una flauta cochambrosa que ya ha llegado (desde hace tiempo llegó) al centro de la cueva y al borde del abismo, y que con su ronronear y chirrear de enmohecidas teclas (su voz enronquecida) sigue seduciendo para que algunos, extremadamente pocos ya, ¡a Dios gracias!, se lancen al vacío (recuerden al difunto Hugo Chávez, y ahora a Nicolás Maduro, y cuál ha sido el resultado en Venezuela).

La pereza mental se reactivó para traer de nuevo la ignorancia y ayudó a fracturar la imaginación que estaba ligada a las circunstancias corpóreas del cubano. Al fragmentarse, se alteraron la recepción y comprensión de las imágenes que podían darse, y se crearon en las mentes los bastiones y atalayas de un castillo de arena.

Ese castillo de arena mental, cuando se deshacía por las olas del mar de la realidad cotidiana, iba dejando espacios vacíos y sedimentos de algas desconocidas, se empollaban sinuosidades repetidas como meandros, las mentes se llenaban de esporas, estratificaciones que lo cambiaban todo, niveles de cosas confusas que entraban en el ser del cubano como fantasmas y lo llenaban de rabia, de violencia inaudita, de consignas, de lemas, gritos y más gritos, de aplausos continuados como máquinas incansables que habían recibido el chip de la adulación, del hecho de creer “porque me lo dijeron”, y “la Revolución y el Comandante lo piden”, lo exigen, “nos convencen de que hay que seguir hacia adelante”… La ceguera de seguir a un “líder” inflamado de egolatría… Este es el síndrome del flautista de Hamelin (la relación idolátrica que ha existido entre él y las masas cubanas)… Y somos uno y el Uno somos todos. Y la mente se hacía Uno, con el brazo levantado y el puño cerrado se desgañitaba (se desgañitan algunos todavía); y la mente se llenaba (se llenan algunas todavía) con los residuos del mar para transformarse en masa compacta, calcárea, entumecida por la ira que les venía de la Voz, de esas palabras que ya eran melodía embaucadora y que estremecían los glúteos y castraban el miembro viril en el éxtasis de un coito político de muchedumbre enardecida.

Este tipo de cubano mutaba en un ser de ventosidades luciferinas para seguir enronqueciéndose en la Plaza, en las marchas, en los mítines de repudio, en la prensa, en la radio y la televisión, en las mesas redondas. Así las cosas, el Sempiterno F (también “f” de flautista) tenía que estar en todos los lugares de la Isla, en las casas, en las oficinas, en cualquier lugar de trabajo. El culto era la “verdad”. Aunque en las noches, con la cabeza bajo la raída almohada te defecaras en el culto y en la verdad siempre entrecomillada. Ah, pero entonces te podías justificar a ti mismo, y decirte a ti mismo que la culpa no es del Big Brother (BB), no, la culpa es del Imperio, de los que no les quieren ayudar, los que día a día le traicionan; hacen las cosas al revés; él es el líder; el ejemplo, y tú tienes que apoyarlo, darle un espacio en tu mente, y así hasta las calendas griegas, para que tu mente y tu yeyuno, tu ilion se hagan más estratificados, más esporas y dieran paso así al “hombre nuevo”, que aún late en algunos de la Isla y del extranjero.

De modo que tu mente daba paso al sospechoso patriarca, a un dictador supuesto de que fuera buena gente, el que velaba por ti hasta en el sueño; el que hacía (y hace) que todos los días del mundo tú, donde quiera que estuvieras (o estés), no pudieras (puedas) deshacerte de él, porque te hacía falta para hablar con los tuyos en la casa, puesto que las cosas dependían de él (¿o dependerán ahora de R?), o con tus amigos en el barrio, o con tus colegas de trabajo, para hablar en la escuela, en el cine, en el estadio; tu fiel Dictador, a quien matabas y matas cada día del mundo y siempre resucita, porque está metido dentro de tu cocorioco, de tu cabezota, porque ya no sabes cómo te lo vas a quitar de arriba, cómo nos lo vamos a sacar de las pesadillas, y que no importa que muera de verdad, porque eso será mentira, vivirá en las mentes (¡y hasta en las claras y preclaras!), vivirá en las pesadillas, en las monstruosidades que han existido dentro y afuera, Él, que vive (y vivirá) y te persigue (y perseguirá) en los rincones del planeta, hasta que vengan nuevas generaciones que desglosen mejor este 25 % (6), o el 30 %, o el por ciento que tú le quieras dar de culpa que tenemos, deshagan y fulminen de una vez y para siempre el espejismo inoculado de ese Dictador Invisible que tiene todo ser desprovisto de amparo, ¿sabes?, oíste bien, ese Dictador Invisible que te (nos) cosquillea bien adentro y que si no te haces fuerte (me he dicho siempre a mí mismo)  y te aclaras las entendederas, podrá surgir siempre y te acosará siempre y te hará bailar al son de su flauta. Pero si despiertas… entonces… si despiertas… (si despertamos, como creo que desperté)… sólo entonces, nuestra estirpe, del por ciento que sea, descansará en paz.

Quizás para poder configurar la espiral, volver al verdadero presente de la futuridad y hacer así la Isla más humana, la que con honestidad hemos imaginado.

Etiquetas
Compartir

Sobre el autor

Manuel Gayol Mecías

Manuel Gayol Mecías

Manuel Gayol Mecías, escritor, investigador literario y periodista cubano, ganó el Premio Nacional de Cuento del Concurso Luis Felipe Rodríguez de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en 1992, y en el año 2004 el Premio Internacional de Cuento Enrique Labrador Ruiz del Círculo de Cultura Panamericano de Nueva York. Ha publicado, entre otros libros, “Retablo de la fábula” (poesía), “Valoración múltiple sobre Andrés Bello” (investigación), “El jaguar es un sueño de ámbar” (cuentos), “Marja y el ojo del Hacedor” (novela) y “La noche del Gran Godo” (cuentos). Reside en California.

Artículos relacionados

1 comentario

  1. Enrique Collazo
    Enrique Collazo octubre 28, 13:14

    Sin duda alguna, el castrismo, despues de mas de 54 años de permanencia totalitaria, ha agudizado los rasgos mas negativos del cubano, como los que anticipadamente señalaba Ortiz y Mañach tambien, entre otros, pero esa llamada “cubanidad negativa” no fue engendrada por el proceso robo-lucionario en modo alguno, sobre todo el ansia de encontrar un Mesias redentor para que redimiese al pueblo cubano de tanta corrupcion y clientelismo; no! Esas “mataduras” son consustanciales al ser cubano y no solo cubano, sino por extension, al ser latinoamericano en su gran mayoria. Esta nefasta tendencia hunde sus raíces en España, por ser un pais con preminencia de un regimen feudalizante donde no triunfaron las doctrinas del liberalismo en su sentido mas general, o sea, la total ausencia de libertades individuales, propias de regimenes de servidumbre, como el feudal que apunta el autor. Ahi reside la genesis de tan funesto y pertinaz pensamiento el cual se funde casi siempre con una feroz intolerancia y un afan por hacer desaparecer al adversario politico, en vez de respetar y defender la pluralidad ideologica y pactar o hallar un entendimiento que propenda a la convivencia pacifica. Aun en el exilio esta peligrosa tara supervive en la mentalidad de muchos y muchos cubanos… “LA INTOLERANCIA: eso hemos heredado de los españoles. aspereza, rudeza contra los que no piensan como nosotros”. Jose Martí Cuadernos de Apuntes t.21

Escriba un comentario

Video destacado:

Letras Online

LA REVISTA INTERACTIVA DE NEO CLUB PRESS
  Kiko Arocha

Las deudas

Kiko Arocha

  Miró a su hermano menor con penetración, como miran los felinos, para decirle: —Te veo nervioso, suelta la botella que no va a pasar na. —Mira mi hermano, estoy

0 comentario Leer más
  Manuel Gayol Mecías

Fidel ha muerto

Manuel Gayol Mecías

  Las palabras y los muertos (Premio Internacional Mario Vargas Llosa, Universidad de Murcia, España, Seix Barral, 2007), del escritor cubano Amir Valle, trata sobre la muerte de Fidel Castro y los

0 comentario Leer más
  Jorge Olivera Castillo

Pan (de yeso) y circo

Jorge Olivera Castillo

                El circo no es el pasatiempo donde lavamos las llagas del hambre con sonrisas espontáneas y puras. Tampoco es el lugar para

0 comentario Leer más

Festival Vista Miami