Neo Club Press Miami FL

El grito de los niños

 Lo último

El grito de los niños

Disidentes rinden homenaje en La Habana a víctimas del remolcador 13 de Marzo

El grito de los niños
julio 13
07:33 2011

 

Los hechos pueden ser resumidos de manera sucinta: el 13 de julio de 1994 –se cumplen hoy 17 años–, en horas de la madrugada, 72 personas intentaron escapar de la Isla a bordo de un remolcador. Hallándose a unos doce kilómetros de la costa habanera, otros tres remolcadores embistieron la embarcación, lanzando agua a presión sobre sus ocupantes. El 13 de Marzo fue sucesivamente golpeado –ya anegado– hasta que cedió, se quebró y hundió, con un saldo de 41 víctimas mortales, 23 de ellas menores de edad, incluyendo una bebé de seis meses.

Hasta ahora, el castrismo no ha mostrado la menor voluntad de esclarecer lo que desde el principio calificó de “accidente”. En el diario Granma, diez días después del hundimiento, apareció un artículo –firmado por Guillermo Cabrera Alvarez– donde se afirmaba, entre otras cosas, que “un grupo de trabajadores de la Empresa actuaron directamente defendiendo sus intereses. Comunicaron a Guardafronteras el hecho delictivo y asumieron ellos mismos la acción de detenerlos”. Con anterioridad, el mismo periódico había argumentado que “para tratar de obstaculizar la acción del robo (se refiere a la sustracción del 13 de Marzo), tres embarcaciones del MITRANS intentaron interceptarlo, y en las maniobras que ejecutaron para cumplir ese objetivo se produjo el lamentable accidente que hizo naufragar el barco”.

Desde entonces, la tónica de las esporádicas explicaciones gubernamentales se ha mantenido inalterable: se trató de un irresponsable acto de piratería promovido por la “contrarrevolución”, ante el que el pueblo se tomó la justicia por su mano. Claro que lo de que “el pueblo” se tome la justicia por su mano no implica, para el discurso oficialista, algo punible. Mientras juegue a su favor, todo crimen es justificable.

Claro que la versión oficialista da pie a numerosas interrogantes. Si se trató de una acción espontánea, no coordinada, ¿por qué al 13 de Marzo, en plena madrugada, lo esperaban varios remolcadores a la entrada de la bahía? ¿Y por qué precisamente remolcadores, un tipo de embarcación que por sus características era la ideal para interceptar a los prófugos? ¿Por qué estos “centinelas” dejaron que el barco continuara su huida? ¿Por qué la intercepción se produjo a unas siete millas de la costa, exactamente donde no podía ser avistada desde tierra por testigos indeseables, pero aún en aguas jurisdiccionales cubanas? ¿Y cómo es posible que habiendo sido informadas de la fuga desde un principio, las lanchas rápidas de guardafronteras hayan demorado una hora y veinte minutos en arribar al lugar de los hechos, ya cuando la masacre se había consumado?

Pero todas estas preguntas pierden relevancia cuando se formula la interrogante fundamental: ¿Por qué no se celebra el proceso que esclarecerá de una vez y por todas si lo ocurrido fue un accidente o un crimen? Porque si fue lo primero, lo urgente, lo lógico, lo establecido es poner a los implicados ante un juez, un abogado defensor y un fiscal, para que se imparta justicia. Así sucede cuando se produce cualquier accidente de tráfico, sobre todo si hay víctimas mortales: no se da por establecida la inocencia del conductor en cuestión, antes se investiga. Y en Cuba, desde 1959, los acusados están en la obligación de probar su inocencia.

Entretanto, la masacre del remolcador 13 de Marzo –más que las de Canimar, Cojimar, la base de Guantánamo, etcétera– ha pasado a ser patrimonio de la memoria colectiva del exilio, y aun de buena parte del insilio. La imagen es pavorosa: una muchacha protege a su bebé de los chorros de agua a presión castristas mientras grita, casi murmura, “nos van a matar a los niños… nos van a matar a los niños…”. Ella se rendía, pero inútilmente. Ella se rendía, y sus verdugos se burlaban. Ella se rendía, pero en la memoria de una Isla que ya es éxodo y reminiscencia, fuga y perenne retorno, el Remolcador no se rinde.

El grito de los niños no cesa de estremecer nuestros oídos.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

Artículos relacionados

4 comentarios

  1. Armando Añel
    Armando Añel junio 25, 18:01

    Gracias amigo!

  2. sufro
    sufro junio 30, 02:31

    Gracias a todos por denunciar con las voces y gritos de los asesinados y de aquellos que no pueden las barbaridades de un régimen que juro ser de todos y para el bien de todos….éstos crímenes y los asesinatos de los Castro solo se dimensionan en la traición a los nobles objetivos de la que fue en su día nuestra Revolucion

Escriba un comentario

Radio Viva 24

Trasladar la embajada americana a Jerusalén contribuye a la paz – por Carlos A. Montaner

Letras Online

LA REVISTA INTERACTIVA DE NEO CLUB PRESS
  Juan Carlos Recio

Sonámbulo

Juan Carlos Recio

                  Si fuera el enemigo al que le quebré su corazón cuando lo resucitaba de su propia violencia. Si pudiera mirar en

Leer más
  Manuel Vázquez Portal

Celda número cero (XIX)

Manuel Vázquez Portal

                  Yo asesiné en París a una muchacha, le recité a Verlaine, la llevé a Montparnase, ella creyó que estaba ingrávida en

Leer más
  Armando Añel

El poeta está de guardia

Armando Añel

La irreverencia de la perspectiva y el lenguaje, narrativa lúdica donde la forma cabalga el contenido y ambos desembocan vertiginosamente en la anécdota, caracteriza a El guardián en la batalla,

Leer más

Capitolio de La Habana – Daphne Rosas (2011)

Festival Vista Miami