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El guardián en la batalla

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El guardián en la batalla

El guardián en la batalla
diciembre 09
17:31 2017

Una tarde, hace ya muchos años, estaba en casa de uno de mis hermanos y me puse a curiosear los libros que se amontonaban sobre una mesa. Uno de ellos me llamó enseguida la atención, no podría decir por qué ya que no había nada especialmente llamativo en su portada. Lo abrí al azar y comencé a leer el primer párrafo donde cayeron mis ojos. Leí el segundo y ya no pude parar. Era un cuento, fui al principio y me lo leí de un tirón. Le pregunté a mi hermano y me dijo que él no conocía al autor, que se lo habían mandado por correo y que no lo había leído aun. Se lo pedí, me lo llevé y lo devoré. El libro en cuestión era Mala jugada de Armando de Armas.

Siempre me han fascinado los retos, lo desconocido, los descubrimientos. Es muy fácil entrar a un museo donde hay una muestra de Francis Bacon o Lucian Freud y hablar sobre ella. Todos los derroteros están trazados con anterioridad. Igual ocurre en la literatura. Hablar sobre la última novela de Zoé Valdés o de una nueva reedición de los poemas de Gastón Baquero, es relativamente fácil. Hay una base, una obra previa, en la que nos podremos apoyar para adentrarnos y dar una opinión. Lo difícil es entrar en una galería donde está exponiendo un pintor por primera vez, y saber si aquello que estamos viendo va a trascender o no, si hay talento o no, si ese hombre o mujer tiene algo diferente que decir. Para eso no sirve toda la cultura que se tenga acumulada, ni los años vividos, ni la razón. Sobre todo la razón no sirve para nada en estos casos. La cosa viene de adentro, de una conexión que no podemos explicar ni precisar, pero que se establece y nos estremece. Lo mismo ocurre con un libro de un autor desconocido.

Me gusta pensar que yo tengo esa facultad para descubrir algo realmente nuevo. En la prosa de Mala jugada lo sentí, había un hombre, un escritor, narrando su forma de estar vivo. Y lo hacía con una originalidad que hasta entonces no había encontrado en los autores que llegaban de Cuba. Era audaz, desenfadado, irreverente, marginal, no le tenía miedo a las palabras ni a las situaciones. No le importaba si su prosa divertía o insultaba. Era un provocador nato y el lenguaje, la sintaxis, se retorcían a su conveniencia. Y lo que completaba el panorama me encantó más aún: era un anticastrista visceral. No podía ser de otra manera si se intentaba ser auténtico en la Isla del Diablo. O, lo que es lo mismo, del Monikongo en Jefe.

Fui a la presentación del libro y ahí conocí a su autor. Desde entonces lo sigo, leo todo lo que escribe y hasta ahora no me he sentido defraudado, sino todo lo contrario. Poco a poco fueron apareciendo sus libros, entre otros: la monumental novela La Tabla, escrita en Cuba. También Caballeros en el tiempo, los relatos de Carga de la caballería, que son de mis preferidos. Hace muy poco se publicó Escapados del paraíso y ahora acaba de ganar el Premio de Narrativa Reinaldo Arenas 2017 con El guardián en la batalla. Quiero aclarar que Armando de Armas es uno de esos raros escritores que escribe y además lee.

Presentación de la novela en el VII Festival Vista de Miami. Miami Hispanic Cultural Arts Center. 9 de diciembre de 2017.

En El guardián en la batalla el autor despliega todo su arsenal técnico para narrar las aventuras de un guardia de seguridad en el parqueo de una clínica, junto a una colina y un expressway con sus miles de carros yendo y viendo a toda hora. Decía Lydia Cabrera, con ese humor y esa ironía que la caracterizaban, que Miami era un potrero, lo único que en vez de caballos, había carros. Pensé en eso cuando me encontré que en la novela de Armando los carros se transformaban en hermosos corceles, que se movían a sus anchas por fastuosas carreteras. En el mismo lugar trabaja una bruja (tal vez una reencarnación de Urganda la Desconocida) que como es natural se desplaza en su escoba, friccionando de paso sus jugosas tajadas con la lisa madera. Por lo menos eso piensa el Guardián que le saca partido al asunto con sonoras combinaciones verbales, con divertidos juegos de palabras y elucubraciones que vuelven a las novelas de caballería, al Amadís de Gaula, tan caro al autor. Todo eso está aquí, pero también, y para mí, fue sorprendente, viniendo del que siempre he pensado que era un tipo antimusical, trozos y parodias de canciones, pueblo mío (aquí árbol mío) que estás en la colina, tendido como un viejo que se muere; palo palo palo palo bonito palo eeee, que salta para el palo mayombe y el palo monte; que se mezcla con versos, verde que te quiero verde, se hace camino al andar, los arroyos de la tierra me complacen más que el mar, tengo, vamos a ver; y juegos infantiles, qué llueva, qué llueva, La Virgen de la Cueva, Ia rana que no sana; o hasta romántico, coño, a lo Memé Solís, siento que si tú te me alejas; o títulos famosos, la región más transparente, por ejemplo. Aquí, no se asusten, hay hasta cópulas carnovegetales. También correspondencia desde y hacia el infierno y emotivas descripciones de fotografías –una de las partes más hermosas del libro–, una particular Rama Dorada y hasta dioses egipcios haciendo de las suyas. El colmo es una parodia insólita, malévola e insidiosa, de un clásico de la literatura revolucionaria de los años 60: ¡La-ca-be-za-de-Batista! ¡La-ca-be-za-de-Batista!, tema central de uno de los cuentos de Los años duros de Jesús Díaz se transforma en ¡la-ca-be-za-del-Ca-ba-llo! ¡la-ca-be-za-del-Ca-ba-llo! Batista se ha trasmutado en un Caballo. En fin, el mar. Quiero decir: otro Armando de Armas legítimo.

Pero quiero advertir a mis amables y sufridos escuchas que no deben abrigar falsas esperanzas, es decir, que no se embullen que no voy a contar el desarrollo ni el desenlace de esta novela merecidamente galardonada. Los interesados estarán obligados a comprarla, que es para lo que están hechos los libros, para comprarlos, leerlos y colocarlos en el librero. Sólo me resta felicitar a mi amigo Armando de Armas por este premio y desearle salud y futuros triunfos.

Sobre el autor

José Abreu Felippe

José Abreu Felippe

José Abreu Felippe (La Habana, 1947), poeta, narrador y dramaturgo cubano, se exilió en 1983 y reside actualmente en Miami. Ha publicado, entre otros libros, los poemarios “Orestes de noche”, “Cantos y elegías” y “El tiempo afuera” (Premio Internacional de Poesía Gastón Baquero, 2000), así como las novelas “Barrio Azul”, “Siempre la lluvia” (finalista en el concurso Letras de Oro, 1993) y “Dile adiós a la Virgen”. En 2012 recibió el Premio Baco de Teatro otorgado por TEMFest (Teatro Miami Festival).

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