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El hacedor, el espíritu y el verbo

El hacedor, el espíritu y el verbo

junio 06
01:35 2012

1-0_acto_poeticoEl libro del poeta en actos (Neo Club Ediciones, Miami 2012), de Ángel Velázquez Callejas, es la reflexión del autor sobre el acto de escribir poesía, su compromiso con la verdad y la trascendencia de la experiencia estética que va más allá de las palabras y la forma para situarse en el umbral del sentido humano mismo en el goce espiritual, confirmación de una comunión entre el poeta como hacedor, la poesía como medio de expresión del espíritu y el lector. 

 

Para Velázquez Callejas es esencial la desmitificación del concepto de belleza de la búsqueda constante de la forma poética preestablecida.

Que no es sino una conceptualización más de un mundo prefabricado y sin asidero con la verdadera poesía, aquella que nace de la acción misma del ser original y que está presente en cada momento para ser captada y enfocada a través de la creación, que no es la expresión del ego, sino una revelación de un todo, coherente más con el estar (un aquí) que con el ser (el ahora), que tiene que ver más con la ubicación que con el tiempo.

La palabra poema viene del griego poíema, que significaba obra, manufactura, creación del espíritu, poesía, acción. La poiesis (del griego poíesis) es la acción misma, la composición, y el poeta (del griego poietés) es, por definición, el creador, autor, fabricante, artesano, el hacedor. De hecho, si nos remitimos a la acepción original, básicamente todo poeta es un artesano de ideas, fabricante de una obra; en su condición de hacedor es el creador de un cosmos con reglas y condiciones propias, gracias al cual trasciende como un dios frente a su creación producto de las condiciones y características de su espíritu. Visto de esta manera, la expresión del ego es inevitable, es la acción del yo con identidad propia. Y aun cuando el ser y el estar (geografía e historia) son el contexto que ubica y da sentido tanto al significante como al significado, la poesía se percibe y se entiende desde las coordenadas no sólo del autor, sino del lector. Si no hay este salto semántico al mundo real del receptor, la sola forma queda reducida a sí misma.  

La obra de Velázquez Callejas, sin embargo, ahonda sobre el sentido que tiene asumir la libertad como poeta para poder acceder al acto de expresar el espíritu en un poema que debe ser validado por la verdad y no por una condición artificiosa de veracidad, o de moda a seguir, o de tendencia política, ideológica o estética. Es el reencuentro del yo pero no la afirmación de éste en contraposición con el colectivo, porque es en este último donde tiene sentido su valor espiritual. El poema es el autor y el autor es un actor en un espacio determinado por encima del tiempo, de allí su condición de trascendencia, la poesía del poeta en actos es siempre actual y factual.

“La poesía nos revela dos etapas, una primera en que sus advertencias son de índole racional y aristotélica; y una segunda en la que nos incita a dar un salto hacia lo irracional. La primera por medio del intelecto y la segunda por la acción”. (p.15)

Para Velázquez Callejas sólo se expresa el espíritu si hay una “reconstrucción de la imagen” (p.17) que deje atrás el ego como expresión y voluntad de poder y el sentido de autovaloración y megalomanía, para poner al descubierto al verdadero creador en la inocencia de su creación: donde radica la novedad y trascendencia del sentido de la poesía. De hecho, en el mundo planteado en El libro del poeta en actos no hay genios, hay hombres de acción que se exponen desde sus actos al mundo, un contexto en constante reconstrucción de los valores cotidianos y, por ello, esencialmente caracterizado por su inocencia.  

Vista desde esta perspectiva, la poesía es una propuesta ética más que estética; es no sólo una liberación de las coordenadas filosóficas y políticas, de los mitos culturales y sociales que afectan al creador y a su obra, sino una acción comprometida a transmitir esa esencia que no se queda en las palabras, sino que nos pone en el umbral del hecho mismo de ser humanos y entendernos como tal, conmovidos a ser y a existir en el darnos cuenta al vernos reflejados, al vernos trascender.  

“Solo cuando el ego consigue estar ausente, el hombre se convierte en un medio natural, en una flauta para transmitir la música de la vida. Y esta transmisión de la vida es lo que hace del hombre un poeta, un cantor, un bailarín, un pintor…”. (p.39)

En el mundo planteado por Velázquez Callejas el hacedor tiene en sus manos hacer posible la felicidad desde su creación, ese sentido lúdico que libera la obra de restricciones y condiciones culturales para generar, más que la reflexión del ser sobre sí mismo, la proyección de su capacidad de sentir, de conmoverse y de sumarse a la acción de la representación de su esencia. Si la palabra no trasciende a la comunión espiritual entre poeta y espectador, no hay hacedor porque no hay creación. Así de simple.

Cada capítulo del libro deconstruye los mitos intelectuales que afectan no sólo al creador, sino a su medio de expresión. La sencillez de la vida cotidiana es un punto de partida para que el hombre se asuma en su verdadera condición creadora, desnuda del enciclopedismo inútil, y  es a la  vez la base para alcanzar la claridad en la acción creadora que posibilite la verdadera poesía; esta última es una necesidad universal no sólo de quien la ejecuta, sino de quien la percibe. Queda así en claro el planteamiento de un comienzo nuevo, amplio, abierto, democrático, basado en la capacidad que todos tenemos de comprender la dimensión de nuestra condición humana y su trascendencia espiritual.

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