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El héroe se despide

El héroe se despide

El héroe se despide
marzo 11
06:30 2015

Resulta increíble el nivel de sudoración que provoca una acción audaz, casi suicida, en medio de una implacable persecución. El temblor de canillas, la flojera en los huesos (del coxis al occipital), nos convierte en rehenes del miedo, mientras ellos desafían la muerte como quien toma un refresco TanRico, o se para en la calle Neptuno debajo de un balcón.

El grupo de opositores al gobierno cubano que osó hacer filas este martes para ser acogidos en el Programa de Refugiados de los Estados Unidos en La Habana, me puso a temblar de admiración y pavor. Nunca estuve tan cerca de un patatús. Jamás pensé ver a estos héroes de carne y hueso frente a mí, y mucho menos observar cómo desafiaban la represión.

Bajo los rayos directos de un inclemente sol; rodeados por un furioso enjambre de mosquitos apostados en un bache de aguas albañales; a punto de caer heridos por las balas de una ametralladora de juguete empuñada por un niño agresivo, con una asfixiante falta de aire ocasionada por una moto Suzuki detenida en la esquina, los héroes esperaban entrar.

¡Cuánto valor! ¡Qué intrepidez al desafiar a tantos enemigos sin siquiera camuflar la cadena de oro que los delataba, las hebillas de los cinturones, ni los aretes, pulsos y otras gangarrias subversivas imposibles de ocultar a la luz del día o de la noche, usadas por estos aguerridos  patriotas para confundir al enemigo que los vigilaba desde una bicicleta.

¡Qué Ciro ni Astajerjes ante tanto valor! Sus hazañas frente a las perpetradas por estos patriotas para ganarse el viaje hasta el frente de combate (La Florida) son una cirigalla. Ni siquiera Mambrú tuvo tanta disposición de ir a la guerra como estos guerrilleros que piensan seguir la lucha desde los supermercados de Miami, atrincherados tras una colcha de trapear en Kansas, o bañando güevitos de abuelitos en un Borning Home en New Jersey.

0_cuba-cubanosEl sacrificio de firmar y firmar cuanto papel les pongan por delante hasta que les sale callos; la paciencia, sumisión, gastos en frituras de a peso y refresco a granel que hay que mostrar para tirarse una foto con un líder de la oposición, así como la entrega de una hoja de vida con más persecuciones y heridas que Mazzantini El Torero, son suficiente aval.

No importa que no conozcan al líder que vive al lado de su casa, ni que piensen que Los 75 son una compañía de ballet, los blogueros una microbrigada de la construcción en Alamar o Plaza, ni los derechos humanos un equipo de peloteros donde no militan zurdos. La cuestión es que han estado ahí, detrás de las ventanas de sus casas, orando por la libertad.

Y cuidado con acusarlos de meter líneas o descarados  que juegan con las cadenas de la libertad y no con el mono que las atrabanca, y sin recibir un gollejo tirado por un chino se van. Porque aunque la mayoría sólo han visto un calabozo en películas, y recibido golpes del hombre o la mujer en casa, muchos hicieron inimaginables sacrificios por salir del país.

Sobran historias de valor en Cuba para llenar los anales de algunos héroes de la oposición. Se forman mares de adrenalina, lagos de sudor, ríos de tinta para describir tantas hazañas dignas de un Cid Campeador o una Juana de Arcos en chancleta y con rulos frente al opresor. Nunca el valor mostró tantas agallas que dejarían enanos a una cherna y un tiburón

Como botón de muestra de tanta entrega a la causa de la libertad (no importa que sea personal), uno de los aún desconocidos héroes de la cola me hizo el honor de contar algunos de los actos suicidas que han puesto a temblar al régimen. Con la humildad que lo caracteriza y el temperamento de un lechón ocultos tras un kiosco, decidió hablar:

Según contó Manuel Sánchez Mosquera, “alias Cornelio Mente Fu”, él se sumó a la lucha anticastrista por la pérdida de un Pim Pam Pum. Harto de solicitar uno nuevo en el comité, ahíto de indignación por la rotura del tanque del inodoro y la mala calidad del ajo y el pan, decidió en el 2013 sumarse a la oposición. ¡Y de qué forma frontal, de altura, se inició!

Enterado de que un neo-líder como él fue víctima de un pisotón en un agro mercado, decidió realizar un ayuno en busca de un desagravio y por la libertad de algunos verdaderos opositores en prisión de los que, aunque no los conoce, supo en la cola del arroz.

Acompañado por tres colegas infestados de obesidad por la revolución, decidió luchar.

Con sólo treinta y seis tamales, doce flautas de pan, un calderito de chicharrones de puerco,  cuatro litros de refresco Tukola y una botella de ron, auténticamente cubana como el Añejo 3 años Habana Club, subió a la barbacoa de su casa dispuesto a morir de inanición si no le ponían una curita en el callo a su colega, y dejaban, sin condiciones, a los presos en libertad.

Tamales bajo silla de tijera, chicharrones sobre un colchón, refrescos en una batea, ron visible ante una posible fuga o traición, y Biblia en mano, comenzaron a orar por el desagravio al pisotón y la libertad de los hermanos  de causa en el país y en el Cono Sur.

¡Cuánta entrega! ¡Qué valor al gritarse uno a otro al oído abajo Raúl y viva la libertad!

Y todo eso, sin que hubiera que lamentar (en una hora y cuarenta minutos de incruento ayuno), la pérdida de un tamal, la fuga de un chicharrón, el desparrame gaseoso de un refresco o la ingestión de un buche de ron. “Primero la patria y el deber”, se animaban unos a otros con la mirada y los pies. “Primero muertos que desprestigiados”, y que siga el vals.

Aquella entereza me conmovió. Hizo que viera a otros colegas de la prensa y la oposición, que sólo llevamos de quince a veinte años denunciando lo que sucede en Cuba, como simples guiñapos de papel. ¡Qué desilusión sentí! Además, sin siquiera tener el valor para abandonar el país. Nunca pensé que un ayuno, una foto y una firma tuvieran tanta dignidad.

¡Qué papelón! Sintiéndome un Meñique ante estos gulliveres de la oposición, decidí alejarme de los héroes a punto de convertirse en refugiados por razones políticas. A mi lado, el Capitán Garfio, Peter Pan y Wendy se limpiaban los mocos sacados por el llanto en la capa de Tarzán. El espíritu del ratoncito Miguel los acompañó en la cola hasta el final.

Eso se los aseguro yo, Nefasto “El soñador”.

vicmadomingues55@gmail,com

Sobre el autor

Víctor Manuel Domínguez

Víctor Manuel Domínguez

Víctor Manuel Domínguez (Bayamo, 1957), escritor, guionista y crítico literario, es vicepresidente del Club de Escritores de Cuba, director de la revista Puente de Letras y uno de los periodistas independientes cubanos de más largo recorrido. En Cuba su poemario “Puntos de vista” alcanzó el Primer Premio en el concurso Mangle, con derecho a publicación, pero por razones ideológicas no fue publicado. Por igual causa su novela “Operación Caldosa” y los libros de relatos “Canción de los olvidados” y “Pasaporte para las estrellas” fueron retirados de la editorial Letras Cubanas. Ha publicado "Café sin Heydi frente al mar" (poesía) y "Revolución a la carta" (crónicas), ambos con Neo Club Ediciones (vicmadomingues55@gmail.com).

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