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El hígado de Alfredo Triff

El hígado de Alfredo Triff

El hígado de Alfredo Triff
febrero 18
06:35 2011

Entre las cosas que ha cambiado Internet está la forma de presentar libros y autores. Ya no tiene demasiado sentido dar cierta información que aparece, mucho más completa y variada, gracias al ojo mágico e instantáneo de Google.

Si uno guglea el nombre Alfredo Triff aparecerán 192,000 entradas. Muchas referencias, es cierto, pero estamos ante un creador que es violinista, compositor, escritor, crítico, pensador original, artista plástico, profesor universitario y creo que hasta matemático. Un tipo, sin duda, medio genio.

Nota del editor: Palabras del autor durante la presentación de Hígado al ensayo, de Alfredo Triff, en la librería Books & Books de Coral Gables (17 de febrero de 2011).

Llegó al exilio en 1980, durante el éxodo de Mariel, como tantos buenos intelectuales jóvenes de la época, ya con una brillante formación académica y artística, que ha incrementado muy notablemente en Estados Unidos.

Si alguien en el público se siente molesto por el uso del verbo guglear le advierto que ya circula otro aún más menos elegante: wuebear. “Voy a webearle ese texto, Montaner”, me dijo  un amigo que se proponía, tal vez para desdicha de los lectores, reproducir algo en Internet que yo había garabateado en otra parte.

EHgado_al_ensayo_Webn todo caso, mi función esta noche es hablarles brevemente de Hígado al ensayo. Algo que me complace mucho porque desde que leí Pulpa, hace ya unos cuantos años, quedé convencido de que Alfredo es uno de los escritores más originales e interesantes de la literatura cubana contemporánea.

Nada puedo decir de su talento como compositor o de su calidad como violinista, dado que la naturaleza o alguna cruel malformación genética me han impedido disfrutar intensamente de la música, y mucho menos evaluarla, pero, a cambio, gozo de cierta innata, o tal vez cultivada, habilidad para disfrutar de la prosa inteligente.

La de Alfredo Triff es eso: prosa inteligente. A veces la utiliza para visitar temas poco frecuentados. A veces se aproxima a asuntos manidos, pero siempre lo hace desde una perspectiva nueva y eso es lo importante.

Eso fue lo que me deslumbró de Pulpa, y es lo que ahora me ha vuelto a ocurrir tras la lectura de Hígado al ensayo, experiencia muy grata que –según he leído—comparto con otros buenos y admirados escritores que ya se han ocupado del tema: Andrés Reynaldo, Enrico del Risco e Iván de la Nuez.

¿Cuál es el origen de este libro? Originalmente, son notas más bien breves escritas en un blog. Eso comienza por definir el estilo. Hace varias décadas, como todos, leí aquel seductor galimatías de Marshall McLuhan por el que aseguraba que “el medio es el mensaje,” y aunque no quedé muy convencido, acepté, sin dudarlo, que el medio condiciona el mensaje.

¿De qué trata la obra? En realidad, trata de Alfredo Triff. Son visiones de Cuba, de su paisaje y de su paisanaje, vistas a través del hígado de Alfredo Triff, lo que no quiere decir que son textos malhumorados, sino todo lo contrario: el tono general del libro es el humor. No la comicidad, pero sí el humor inteligente. El hígado de Alfredo funciona bien.

El blog es una mezcla entre el diario íntimo y la pancarta que se exhibe en la plaza. Los que escriben blogs saben que es un género refractario al mamotreto. El lector, ante la menor amenaza, puede escapar del trance con un ligero y desdeñoso clic del dedo meñique.

Si hay una circunstancia en la que el tamaño importa, es ésta. Al contrario de lo que parece suceder en otros ámbitos, mientras mayor es el texto insertado en el blog, más insatisfacción experimenta el que lo recibe.

Por eso las notas de los blogs suelen ser espontáneas, cortas y sinceras, aunque ligeramente agresivas: tienen algo de gallos de pelea concebidos para ponerlos a reñir de inmediato.

¿De qué trata la obra? En realidad, trata de Alfredo Triff. Son visiones de Cuba, de su paisaje y de su paisanaje, vistas a través del hígado de Alfredo Triff, lo que no quiere decir que son textos malhumorados, sino todo lo contrario: el tono general del libro es el humor. No la comicidad, pero sí el humor inteligente. El hígado de Alfredo funciona bien.

Para Hipócrates y Galeno, y todavía para nosotros, los humores del hígado determinaban el carácter de las personas. Los atrabiliarios eran aquellos en los que predominaba la bilis negra y colérica.

Ése, afortunadamente, no es el hígado de Alfredo Triff. El hígado de Alfredo no es atrabiliario sino travieso, juguetón y disfruta epatando al lector.

El libro comienza por una frase que sacude al lector y puso en guardia a Andrés Reynaldo. Dice Triff: “La crítica tiene serios problemas con el culo”.

Es posible. El culo puede dar origen a muy graves disquisiciones sobre el sentido último de la vida.

Les cuento una anécdota.

Recuerdo, hace ya medio siglo, una conversación tremendamente trascendente sobre el culo. La escuché en una embajada, donde estaba asilado. Cuatro personas jugaban dominó. Yo miraba el partido. Era tan malo para el dominó como para la música.

Uno de los jugadores era un estudiante de medicina pedante y parlanchín. Otro era un campesino cazurro e irónico. A los otros no los recuerdo muy bien.

El estudiante, mientras jugaba, daba una charla sobre la secreta anatomía del culo y el papel placentero que jugaba el nervio pudendo, tanto en la excreta del bolo fecal como en la recepción de cualquier otro cuerpo que penetrara en ese recinto estrecho y sinuoso.

El estudiante se sabía muy bien las funciones del dichoso nervio pudendo. Entonces dijo, muy convencido, con perdón: “el mayor placer de la vida es defecar”.

El campesino detuvo el juego, muy preocupado, lo observó fijamente, y preguntó: “¿qué es defecar?”.

El estudiante le explicó el verbo con palabras más comprensibles.

El campesino lo miró incrédulo y de inmediato le planteó el dilema que lo corroía:

“Aquí pasa algo –le dijo–. O usted no ha templado nunca o a mí no me enseñaron a defecar correctamente”.

El culo se había convertido en el centro de una cuestión vital: ¿cuál es el mayor placer de la vida?

En ese punto la discusión tomó un cariz inesperado y escandaloso. Varios asilados intervinieron a gritos. ¿Era eso cheísmo?

No. Eran vulgaridades. El cheísmo es una de las preocupaciones de Alfredo Triff. Lo cheo, que es un fenómeno estético cubano, tiene menos entidad que lo cursi, pero más que lo kitsch, mientras se distancia de lo picúo porque es deliberadamente vulgar, mientras que el picúo le teme a la vulgaridad como el diablo a la cruz o Carlos Álvarez al referendo.

Otra de las virtudes de Triff y de su libro es la irreverencia. Para Alfredo Triff casi nada es sagrado. Se atreve a cuestionar la historia oficial de los cubanos, la mitología, los héroes del Olimpo, la versión oficial sobre la variedad étnica de la Isla y el rol, generalmente malinterpretado, de los negros.

Jugando a la historia y con la historia, Alfredo Triff propone que Martí no murió y lo deja vivir un destino menos glorioso durante el primer tercio del siglo XX.

Esa pregunta nos la hemos hecho todos: ¿qué hubiera pasado si Martí no muere en 1895 y conoce la intervención norteamericana y el establecimiento de la República?

La respuesta es libre. Tal vez hubiera sido el primer presidente y, desde el inicio, habría enderezado al país contagiándole su fuerte carga ética.

Pero tal vez aquellos mismos recios mambises que gobernaron con notable torpeza entre 1902 y 1933 hubiesen llevado a la Isla en la dirección que todos conocemos hasta naufragar, como ocurrió, cuando Gerardo Machado tuvo que huir precipitadamente.

Todo el libro es eso: una partida de ajedrez con final abierto en el que puede pasar cualquier cosa porque ése es uno de los propósitos de Triff: decir lo que piensa y estimular el debate. Si hay algo a lo que no le teme es al disenso. Le gusta provocarlo, como les suele suceder a los buenos artistas.

Dejemos ahora que sea el propio Triff quien nos hable de su libro. Dejemos que sea él quien nos provoque y ensaye y ponga a prueba nuestro hígado.

Recibámoslo con el aplauso que merece.

Sobre el autor

Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner ( La Habana, 1943). Escritor y periodista. Ha publicado alrededor de treinta libros, varios traducidos al inglés, el portugués, el ruso y el italiano, entre ellos las novelas "La mujer del coronel", "Otra vez adiós" y "Tiempo de canallas". La revista Poder lo ha calificado como uno de los columnistas más importantes en lengua española, y en 2012 Foreign Policy lo eligió como uno de los 50 intelectuales más influyentes de Iberoamérica. Reside entre Madrid y Miami.

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